Escuchando nota
Pablo Emilio Obando A.
Atacar a Evolti es atentar contra la empresa, la innovación y la transición energética de nuestro departamento
El desarrollo de una región también se mide por su capacidad de proteger a quienes creen en ella, invierten sus recursos y trabajan por transformar sus potencialidades en oportunidades. Por eso, lo ocurrido con la empresa Evolti, cuya granja solar fue atacada con explosivos el pasado 29 de octubre en El Remolino, municipio de Taminango, merece mucho más que una condena circunstancial. Estamos frente a una agresión que trasciende los daños materiales: se ha golpeado una iniciativa de innovación, una apuesta por las energías limpias y una posibilidad concreta de desarrollo para Nariño.
No hay justificación alguna para semejante barbarie. Quienes recurren a los explosivos, al miedo y a la intimidación para destruir el trabajo de los demás no construyen país, no defienden comunidades y mucho menos representan una causa que merezca reconocimiento. La violencia termina convirtiéndose en enemiga de la vida, del progreso y de las oportunidades que tanto necesitan nuestros territorios.
Pero este episodio obliga a formular una pregunta que va mucho más allá de la condena: ¿qué estamos haciendo para proteger a las empresas que se atreven a invertir, innovar y generar desarrollo en Nariño?
Durante la última década, nuestro departamento ha enfrentado enormes dificultades para consolidar un tejido empresarial sólido, diversificado y competitivo. Tenemos emprendedores, comerciantes, productores agropecuarios, pequeñas industrias, empresas familiares y organizaciones que, a pesar de las limitaciones de infraestructura, financiación, conectividad y seguridad, mantienen viva la actividad económica regional. Sin embargo, necesitamos dar un salto cualitativo.
Nariño no puede continuar dependiendo exclusivamente de la comercialización de materias primas, de economías tradicionales o de actividades que generan poco valor agregado. Necesitamos empresas renovadoras, capaces de transformar nuestros productos, incorporar tecnología, desarrollar conocimiento, aprovechar responsablemente nuestras riquezas naturales y abrir mercados nacionales e internacionales.
Necesitamos empresas que entiendan que la rentabilidad no tiene por qué estar enfrentada con la responsabilidad ambiental; que producir también significa proteger la vida; que innovar supone generar oportunidades para las nuevas generaciones y que el desarrollo empresarial debe caminar de la mano con el bienestar colectivo.
En ese horizonte aparece Evolti, una empresa nacida en Pasto en 2020, que ha orientado su actividad hacia la generación de energía solar y las soluciones de energía renovable. Su reporte de sostenibilidad de 2024 registra la creación de 70 nuevos puestos de trabajo durante ese año y la puesta en funcionamiento de NAOS I, presentada como la primera minigranja solar de Nariño, localizada en Puerto Remolino, Taminango, con capacidad de inyectar un megavatio de energía a la red pública.
Son hechos que merecen atención. Allí hay inversión, conocimiento, trabajo, tecnología y una manera distinta de comprender el desarrollo regional. No se trata simplemente de instalar paneles solares: se trata de aprovechar uno de los recursos más generosos de la naturaleza para producir energía, disminuir impactos ambientales y abrir nuevas posibilidades económicas para las comunidades.
La energía solar dejó de ser una promesa lejana. Es una de las grandes alternativas energéticas del presente y del futuro. Colombia tiene un potencial extraordinario para avanzar en esta dirección. Según la Unidad de Planeación Minero Energética, en julio de 2026 el país había alcanzado más de 4.654 megavatios de capacidad instalada en proyectos solares y eólicos. La transición energética ya no es una conversación exclusiva de especialistas: es una transformación económica, tecnológica y ambiental que compromete a gobiernos, empresas y ciudadanos.
¿Y qué lugar quiere ocupar Nariño en esa transformación?
Tenemos condiciones para promover proyectos solares, aprovechar nuestros recursos, fortalecer la investigación universitaria, formar talento humano y vincular a nuestros productores rurales a nuevas cadenas de valor. Podemos convertir la innovación energética en una oportunidad de empleo, emprendimiento y desarrollo territorial.
Por eso resulta todavía más preocupante lo ocurrido con Evolti. La detonación de un artefacto explosivo ocasionó graves daños materiales en su infraestructura. Aunque no se reportaron personas heridas, las consecuencias económicas y operativas son considerables y ponen en incertidumbre la continuidad de una iniciativa empresarial que representa una oportunidad para el departamento.
El terrorismo no atacó solamente una granja solar: atacó una visión de futuro. Atacó la posibilidad de que Nariño participe activamente en una transformación energética que ya está ocurriendo en Colombia y en el mundo.
Y aquí es donde debemos pasar de la indignación a la solidaridad efectiva. No basta con publicar mensajes de rechazo, expresar pesar o lamentar los daños. Se necesita una respuesta institucional inmediata. El Gobierno departamental, las alcaldías, los gremios económicos, las cámaras de comercio, las universidades, los organismos de seguridad y las entidades nacionales deben articular esfuerzos para acompañar a Evolti, contribuir a su recuperación y establecer garantías que permitan proteger la inversión y el trabajo.
También necesitamos un pronunciamiento colectivo de los empresarios de Nariño. Una manifestación pública, pacífica y simbólica que diga que no estamos dispuestos a aceptar que la violencia determine el destino económico de nuestro territorio. Que cada empresa, cada institución y cada ciudadano pueda expresar su solidaridad con quienes producen, invierten y generan oportunidades.
Porque si permitimos que una empresa que apuesta por la energía limpia termine abandonando nuestro departamento por falta de garantías, el mensaje para los futuros inversionistas será devastador. Y Nariño no puede darse ese lujo.
Necesitamos más Evolti, no menos. Más empresas que transformen nuestros productos, que generen valor agregado, que protejan las fuentes de agua, que aprovechen el sol, que investiguen, que innoven y que conviertan nuestras potencialidades en oportunidades reales. Necesitamos un empresariado comprometido con la vida y unas instituciones capaces de protegerlo.
La defensa de una empresa no significa desconocer las responsabilidades que corresponden a las autoridades ni confundir los intereses particulares con el bienestar general. Significa comprender que sin actividad productiva, sin inversión, sin empleo y sin confianza resulta mucho más difícil superar la pobreza y construir desarrollo.
Hoy nuestra voz debe ser clara: solidaridad con Evolti, rechazo absoluto a la violencia y exigencia de resultados a las autoridades. Que se investigue, que se identifique a los responsables y que se adopten medidas eficaces para impedir que hechos semejantes vuelvan a ocurrir.
Nariño necesita empresarios que crean en su tierra, instituciones que acompañen sus iniciativas y ciudadanos que defiendan el derecho a trabajar y construir en paz.
No podemos permitir que quienes destruyen tengan más capacidad de decisión sobre nuestro futuro que quienes trabajan para construirlo.
El sol seguirá saliendo sobre las montañas de Nariño. Que la violencia no consiga apagar la voluntad de convertir su energía en progreso, bienestar y esperanza



