Escuchando nota
Pablo Emilio Obando A.
(Aby y Alice: cuando dos pequeñas huellas dejan un inmenso vacío)
Sin duda que hay ausencias que el tiempo no logra explicar. Hay silencios que llenan una casa de tristeza. Y hay pequeños seres que, con apenas cuatro patas y un corazón inmenso, llegan a convertirse en el centro de un hogar.
Hoy queremos invitar a toda la comunidad nariñense a abrir no solo los ojos, sino también el corazón.
Aby y Alice no son simplemente dos perritas extraviadas en el sector Dos Puentes de la ciudad de Pasto. Son compañeras de vida. Son las guardianas de incontables recuerdos, las confidentes silenciosas de las alegrías y las tristezas de su familia. Son ese amor que nunca pregunta, que jamás reclama y que siempre espera con la misma felicidad detrás de una puerta.
Su compañera humana ha confesado que desde su desaparición ha perdido el sueño, el apetito y la tranquilidad. Ha llorado cada día. La ansiedad la consume y el vacío parece no tener fin. Para algunos podrá parecer una exageración; para quienes alguna vez han amado profundamente a un animal, saben que no lo es. Cuando un ser amado desaparece, el alma también se extravía.
Por eso esta no es únicamente una campaña para encontrar dos perritas. Es un llamado a la conciencia colectiva.
Si alguien sabe dónde están Aby y Alice, si las ha visto o, quizá sin mala intención, las tiene consigo creyendo que estaban abandonadas, este es el momento de devolver la esperanza a un hogar que hoy permanece incompleto. No se trata solamente de una recompensa económica. Se trata de la inmensa recompensa moral que significa devolver la alegría a una familia y permitir que dos seres inocentes regresen al lugar donde son profundamente amados.
Nuestra sociedad necesita comprender que los animales dejaron hace mucho de ser simples mascotas. Hoy son miembros de nuestras familias, compañeros de vida, apoyo emocional, refugio en los días difíciles y ejemplo permanente de lealtad, ternura y amor incondicional. Ellos no conocen el odio, la traición ni el interés; únicamente saben amar.
También es momento de levantar la voz contra el abandono, el maltrato y la indiferencia. Colombia ha avanzado en el reconocimiento de los animales como seres sintientes, pero aún queda un largo camino para fortalecer las políticas públicas de protección, promover la tenencia responsable y construir una cultura donde ninguna vida sea considerada desechable.
Que la historia de Aby y Alice nos conmueva. Que despierte solidaridad. Que nos haga comprender que detrás de cada aviso de un animal perdido existe una persona que llora, una familia que espera y dos pequeños corazones que seguramente también anhelan volver a casa.
Si usted tiene cualquier información, por pequeña que parezca, comuníquese con los números de contacto del afiche y ayude a que este abrazo pendiente pueda hacerse realidad.
Porque el amor no entiende de especies, de razas ni de palabras. El amor simplemente reconoce a quien hace parte de nuestra vida.
Que Aby y Alice regresen a casa. Que la solidaridad sea el camino. Que la compasión sea nuestra mejor respuesta.




