Alternativas de energía

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

Europa está en crisis energética. La guerra ha puesto contra las cuerdas a un continente que dependía demasiado del gas ruso y ahora se encuentra a la deriva y con una necesidad angustiosa de alternativas. La guerra de la Rusia de Putin por el territorio ucraniano se ha convertido en una lucha por la energía. Putin ataca las centrales energéticas en Ucrania y corta el suministro de gas a Europa.

Así las cosas, hay una necesidad de trabajar rápidamente en una solución, de la misma manera en que se aceleró el proceso de búsqueda de una vacuna contra la Covid 19. Sea como sea el resultado y, sobre todo, sea cuando sea el final de esta guerra innecesaria y salvaje, la brecha entre los dos mundos se hará más grande. Rusia y sus aliados seguirán dependientes de las energías provenientes de los combustibles fósiles y los combustibles nucleares. Y el resto del mundo apostará por una combinación de todos los demás tipos de energía.

¿Cuales son esos? Si tomamos a España como ejemplo de alternativas, este país trabaja con energía solar, energía eólica, energía hidroeléctrica, energía biomasa, energía biogás, energía mareomotriz, energía marítima y energía geotérmica. Otros países trabajan en alternativas diferentes de acuerdo a su ubicación geográfica y capacidad de abastecimiento. Por ejemplo, Finlandia.

Rusia y Finlandia comparten 1.340 kilómetros de frontera. Finlandia fue parte de Rusia hasta la revolución de 1917, lo que provocó su independencia. Desde entonces los dictadores tipo Stalin o Putin han querido anexionarla. Su salvavidas es entrar a la OTAN y quedar oficialmente protegido por Occidente. Pero el problema es su escasa capacidad energética alternativa.

Su invierno es larguísimo con poco sol y hay muchas jornadas sin viento, de modo que casi no hay energía solar, ni energía eólica. De modo que allí ha surgido un proyecto llamado batería de arena, que consiste en calentar la arena durante el verano y almacenarla en contenedores para consumirla en invierno. La idea es destinar para este fin sus energías solar y eólica, y tender una red de tuberías subterráneas que permitan hacer llegar calor a todo el país.

Guardadas las proporciones, es la forma en que funciona la energía geotérmica y de la que ya hemos hablado en esta columna como potencial para el futuro de los países andinos.

La energía geotérmica es la que sale del interior de la tierra. Según la temperatura o entalpía de los materiales escavados, se puede extraer agua del subsuelo y tratarla mediante turbinas para generar electricidad, calefacción o refrigeración. Colombia tiene un potencial en Parque Nacional de los Nevados en el centro del país, o en el Nudo de los Pastos, al sur, además de otros cuerpos volcánicos en las cordilleras. A partir de sus fuentes de funcionamento se tienden las redes.

Llegados a este punto, ¿en qué afecta a Colombia toda esta guerra energética? De acuerdo con la Oficina Región Andina de la fundación Rosa Luxemburg Stiftung, América Latina se enfrenta a un escenario de nuevas alianzas energéticas.

Nosotros seguimos siendo dependientes de la energía proveniente de combustibles fósiles, aunque la política exterior de Estados Unidos favorece la búsqueda de hidrocarburos alternativos. De manera que no nos corre la misma prisa que a Finlandia, pero es imperioso trabajar desde ya en vías energéticas. ¿Cómo? Justamente siguiente su ejemplo. Es decir, destinando parte de las fuerzas existentes en investigación.

Para Colombia el petróleo, el carbón y el gas son fundamentales. Los necesitamos para nuestro funcionamiento diario, pero de la misma forma se puede aprovechar parte de sus recursos para generar fuentes de experimentación.

Ya se habla de la llamada transición verde con el uso de minerales como cobre o níquel que se encuentran en América Latina, y en esta columna hablamos del largo lobby que ya hay sobre el aprovechamiento del litio como base para baterías de teléfonos móviles y otros aparatos tecnológicos.

Pero hay que tener en cuenta dos cosas fundamentales: la primera es que no se puede dejar a un lado de golpe un sistema energético que funciona como el petróleo y apostar de lleno por lo alternativo, pues ambos pueden llegar a ser complementarios durante el proceso de desarrollo del segundo.

Y la segunda es que todo lo alternativo requiere un largo estudio de geografía, clima y carga energética regional. Luego habrá que ver el tema de los precios de instalación. ¡Menudo problema! Esa batería de arena a la que hacíamos alusión apenas acaba de nacer, como tantas otras apuestas que apenas se ponen en marcha.

Pero hay que ganarle tiempo al tiempo.

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