Antonio Nariño, el Arcano de la Filantropía

El 13 de diciembre se conmemoraron los 198 años de la muerte de Antonio Nariño, allá en la taciturna Villa de Leyva, lugar escogido por él para pasar sus últimos días, buscando quizá el sosiego ante las calumnias que le llovían de parte de sus pocos detractores, queriendo así que se le quitara la credencial de Senador por considerarlo indigno. Tenía entonces 58 años de edad, de los cuales dedicó más de la mitad a la causa de la Independencia de las colonias americanas frente a la corona española.

Preso en Bogotá, Cartagena, Pasto, Cádiz, en fin, resultaría muy tormentoso sumar los días y los años que estuvo privado de la libertad. A los 16 años presenció la forma en que las autoridades en Santafé, con obispo incluido, traicionaron a los Comuneros y descuartizaron a José Antonio Galán. Fue el iniciador del periodismo político y desde su imprenta salieron no solamente la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, sino también una serie de pasquines que involucró a estudiantes del Rosario, en donde se vislumbraba ya el contenido de las tertulias que se realizaban bajo el auspicio de Nariño en la pacata Santafé.

Heredó de su abuelo a los 9 años una inmensa biblioteca, la cual se acrecienta con la que hereda de su padre a los 13 años, y la irá aumentando hasta el punto de ser considerada una de los bibliotecas más completas de todo el continente americano, casi 2 mil volúmenes, libros de todas las artes, algunos ingresaron de contrabando, otros fueron intercambiados y muchos de ellos compartidos con sus contertulios. Esta le sería decomisada, así como casi todos sus bienes materiales. Aunque sus hermanos estudiaron en el San Bartolomé, él no hizo sus estudios completos dado su estado de salud durante su niñez y juventud, sin embargo, aprendió de los libros todo, hasta el punto de que llegó a recetar como médico y a proponer una vacuna contra la viruela. Fue además comerciante y agricultor, importó la semilla del trébol para la sabana de Bogotá, llegando a prosperar de tal manera, que los campesinos la llamaron carretón.

Dicho lo anterior, es necesario volver al tan consabido tema de las acusaciones que se hicieron contra Antonio Nariño, reconociendo y dejando en claro, eso sí, que hay una fuerte carga de subjetividad frente a los hechos por los cuales es acusado, especialmente la forma en que se desacredita su nombre, buscando con ello no solamente denigrar de él mismo, sino de todo movimiento revolucionario que se alimentara en territorio hispánico, como efectivamente se logró, baste mencionar la manera como fueron juzgados y desterrados, junto con Nariño, quienes se atrevieron a pegar en las paredes santafereñas unos panfletos que buscaban ya indisponer a la sociedad con las autoridades reales.

Estos pasquines coinciden con un suceso que tiene también entre sus entrañas a estudiantes del Rosario. En el mes de julio de ese año, se abrió un concurso literario, en donde participaron 7 jóvenes, pasado un  mes y medio, por instigación de un funcionario público se riega a voz en cuello sobre la ciudad la posibilidad de una conspiración para derrocar al gobierno, ante lo cual el Virrey Ezpeleta comisiona al oidor Juan Hernández de Alba iniciar el proceso de investigación, primero se revisan los 7 escritos de los concursantes, creyendo que ahí se escondía algo, ya que estos participaban de las tertulias que organizaba don Antonio Nariño en su casa.

Desde luego que el proceso de cortar con España no nació de la noche a la mañana, ni es tampoco un proyecto establecido por unos cuantos en el marco de una reunión o de una tertulia, hoy por hoy se reconoce que en este proceso están imbricados múltiples pensamientos respecto de algo que fue creando un descontento contra los gobiernos españoles en América, así como las lecturas de la Ilustración Francesa o sobre la Independencia de las 13 Colonias, factores que de una u otra manera fueron llegando tanto a las élites criollas como al pueblo llano, tal y como puede percibirse en los documentos de la época a los cuales fácilmente se tiene acceso.

Sin embargo, cuando aparecen los dichosos pasquines en Santafé, ya Nariño había publicado, en febrero de 1894, su traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, los cuales repartió entre unos contados amigos, y solo hasta agosto de dicho año se consideraron peligrosos, sobre todo porque creían que el propietario de la Imprenta Patriótica estaba haciendo proselitismo para hacer ver la autoridad del monarca como tiránica, aunque a ninguno se le comprobó que asintiese esas máximas revolucionarias o que convenciese a otros para que las asumiera.

Hay, además, un cuestionamiento que se abre respecto al papel que jugaron realmente los intelectuales criollos en el proceso de emancipación, sobre todo porque si bien alcanzaron a construir una comunidad de ideas, ésta fue muy estrecha, de tal manera que el aislamiento, la soledad y el arcaísmo de la sociedad habitada fueron sus principales debilidades. De tal manera que aseverar que Nariño fue juzgado por traducir los Derechos del Hombre no es del todo cierto, tras de ello hay una acusación de pervertir el orden establecido, de querer sembrar las semillas de la revolución en la España colonial, de desconocer la soberanía del rey, fundando así un sentimiento que de una u otra manera iría calando en un pequeño sector de la sociedad, de criollos intelectuales, con múltiples divergencias e interpretaciones sobre este sentimiento.

Nariño fue condenado por “conspiración general contra el Gobierno, impresión y divulgación de papeles sediciosos sobre la Revolución de Francia y conspiración de pasquines” a presidio al norte del África por diez años. Habiendo huido en España, fue a Madrid a pedir por su causa, luego viajó a Paris, a Londres y luego regresó a Santafé, donde finalmente es capturado y hecho prisionero por 6 años. Quizá en su peregrinaje por Europa, así como por tierra de Comuneros, comprendió que la única forma de iniciar una revolución era contar con el pueblo llano, plan que quiso llevar a cabo en 1809, pero el cual fue descubierto y enviado preso a Cartagena, razón por la cual no aparece dentro de los acontecimientos del 20 de julio de 1810 en Santafé, pero si José María Carbonell, quien lo acompañaría luego en el golpe a Caldas, y quien excitó a las clases populares santafereñas para acompañar dicho levantamiento.

Se cae en el error de creer que el acusado confesaría toda su intensión, lo cual no es así, sin embargo, como se desprende de sus escritos políticos, en las acusaciones de las autoridades españolas, especialmente las conspiraciones que hacían en las denominadas tertulias, desde antes Nariño buscaba ya romper de tajo con la Corona española, buscando crear un gobierno que combinara las tres formas de gobierno que divisó en la propia España, Francia e Inglaterra, posición que terminaría por acarrear las enemistades con otros criollos, entre estos con Caldas, y que daría pie a la llamada Patria Boba, en donde ya claramente aboga por la democracia directa.

Se ha dicho que la independencia es un proceso que implica contradicciones dentro de su propia concepción y desarrollo, y que lejos de cualquier enfoque teleológico, lo que se va vislumbrando es un ir y volver constante, sobre todo en alusión a la dichosa jura santafereña de 1808 al Deseado Fernando VII, tal y como se hizo en muchas otras ciudades de los diferentes virreinatos, lo que pone de manifiesto precisamente las contradicciones internas que se movían, muchos cuidando sus intereses particulares, baste citar el caso de las élites pastusas que fueron realistas hasta bien avanzado el proceso de la independencia en toda América, así como buscando ir acomodándose a los nuevos preceptos que se iban dando a medida que los partidarios ganaban o perdían las contiendas en dicho proceso. De ahí que acusar a Nariño de la intención de la jura o de haber guardado silencio, implica acusar a un grueso de la población de entonces.

Terminamos con una cita del propio Nariño en su defensa ante el senado, como una remembranza de lo ido bueno y como un querer salir de este insomnio que nos producen los políticos actuales:

 “Dudar, señores, que mis sacrificios han sido por amor a la patria, es dudar del testimonio de vuestros propios ojos. ¿Hay entre las personas que hoy me escuchan, hay en esta ciudad y en toda la República, una sola que ignore los sucesos de estos 29 años? ¿Hay quien no sepa que la mayor parte de ellos los he pasado encerrado en el cuartel de caballería de esta ciudad, en el de milicias de Santa Marta, en el del Fijo de Cartagena, en las Bóvedas de Bocachica, en el Castillo del Príncipe de La Habana, en Pasto, en El Callao de Lima, y últimamente, en los calabozos de la cárcel de Cádiz? ¿Hay quien no sepa que he sido conducido dos veces en partida de registro a España, y otra hasta Cartagena? Todos lo saben; pero no saben, ni pueden saber, los sufrimientos, las hambres, las desnudeces, las miserias que he padecido en estos lugares de horror, por una larga serie de años. Que se levanten hoy del sepulcro Miranda, Montúfar, el virtuoso Ordóñez, y digan si pudieron resistir a sólo una parte de lo que yo por tantos años he sufrido; que los vivos y los muertos os digan si en toda la República hay otro que os pueda presentar una cadena de trabajos tan continuados y tan largos como los que yo he padecido por la patria, por esta patria por quien hoy mismo se me está haciendo padecer.”

  1. Mauricio Chaves-Bustos

Escritor

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