Sólo muchos años después comencé a comprender. Tendría entre diez y doce años cuando -bien entrada una tarde- mis hermanas y yo vimos llegar jubilosamente empolvado a mi padre a nuestra casa de Sandoná luego de su viaje de dos horas desde Pasto, hacia donde se había trasladado -otras dos en horas madrugadas- para asuntos del trabajo de nuestra familia. Hoy ese trayecto es de menos de una hora. En este tipo de ocasiones él era de júbilos desbordados, inentendibles para mí en ese entonces. Su alegría se debía a que por fin había logrado conseguir un libro tras del cual había andado pendiente durante esos meses o años. Él, perteneciente a una familia campesina del Partido Conservador de El Ingenio, se la había jugado por un hecho que nos lo mencionaba como La Convivencia, de cuyo fruto había comenzado a nacer una esperanza de paz, con el llamado Frente Nacional, como contra réplica a La Violencia, manipulado luego como todo, por las élites colombianas. Ninguno de nosotros entendió entonces su gozo de esa tarde. Sólo largo tiempo después lo deduje. Esa obra que alborozó a mi padre la estuve leyendo mucho, mucho más tarde, cuando yo hacía ya el quinto de bachillerato (hoy décimo grado), en el Colegio Santo Tomás, de mi pueblo, luego de mi expulsión sin expulsión de cuarto (hoy noveno) del Seminario Conciliar de Pasto. Y creo que me di a la tarea de leer La Violencia en Colombia con voracidad después de que le escuché unas palabras elogiosas sobre ella a mi amigo Lucho Gómez, en claro contraste con un profe de quinto del que mi afecto sólo conserva su apellido Moncayo, y que no era profe sino juez de mi pueblo, que casi me saca del salón, porque me atreví a mencionarla en una de sus clases de Instituciones Políticas Colombianas. Y recuerdo todo esto justamente ahora, cuando hace pocas semanas la Comisión de la Verdad, institución estatal encargada de hacer el relato académico del conflicto Estado-Farc, y dirigida por el Padre Francisco de Roux, ha presentado su Informe Final como parte de esos acuerdos. Las similitudes controversiales son muchas y, para mí, abrumadoras. Revisemos:
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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