Como decíamos ayer… Nos duele Colombia

A mi estimado amigo Gustavo Páez Escobar, consagrado escritor y veterano colaborador de El Espectador.

 Don Alfonso Cano Isaza ha tenido a bien divulgar en su columna de Un espectador, un documento que constituye el más hondo clamor por la suerte de nuestro país y por la supervivencia y bienandanza del pueblo colombiano.
Ningún clamor más ajustado a nuestra adversa realidad ni más ceñida a nuestra sensibilidad: ¡Nos duele Colombia!

Una y mil veces si, nos duele profundamente Colombia. Nos duelen ciertamente las muertes de “los policías vilmente asesinados”. Como nos duelen las muertes de los soldados, de los guerrilleros y de los anónimos campesinos diezmados en sus campos de trabajo. Y aunque de reprochable y reprobable conducta ¿Por qué no va a dolernos también la muerte de los sicarios, movidos y manipulados por fuerzas siniestras totalmente repudiables que tanto mal le causan a Colombia? Son actuaciones que pugnan y repugnan nuestra sensibilidad y nuestras convicciones.

Al fin y al cabo, los gamines, los mendigos, los malhadados sicarios, los miserables – ¡Ah! Los miserables – y los desheredados de la fortuna – en su más amplio sentido – son nuestros hermanos por los que hay que volver tarde o temprano, mucho más temprano que tarde, por su reivindicación. Es preciso tornar a cada paso por la recuperación de la justicia social, tan anhelada y tan deteriorada, y por la restauración total de los valores – tan socavados, sin distinción alguna – del pueblo colombiano.

La “Declaración de los mayores”, también me cuento entre ellos y así no lo fuera, más que una manifestación de desesperanza entraña un grito desgarrado de esperanza al cual es un imperativo adherir con prontitud, con decisión y, sobre todo, dados los medios personales a nuestro alcance, con la más irrevocable muestra de solidaridad.

Vicente Pérez Silva

El Espectador, Bogotá, jueves 14 de junio de 1990.

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Tal como lo escribimos ayer, hoy también podemos repetirlo, una y mil veces más: Nos duele Colombia.

Sí, nos duele profundamente Colombia.

Nos duelen profundamente los espectros de la violencia, del vandalismo y del terrorismo que se han desatado desenfrenados.

Nos duelen profundamente los considerables perjuicios materiales, morales y económicos ocasionados por un Paro Nacional, que alcanza los ámbitos de la barbarie y la criminalidad.

Nos duele profundamente que un Paro Nacional de manifiestos móviles políticos, con sus marchas de protesta, interfiera la movilidad y el normal desarrollo de la actividad laboral.

Nos duele profundamente que, por causa de los bloqueos de las vías públicas, promovidos por la avilantez de grupos adiestrados, impidan el derecho de locomoción; a tanto, que es denigrante suplicar se concedan unos “corredores humanitarios”.

Nos duele profundamente que el pueblo colombiano esté sometido y envilecido de manera irresponsable por ciertos preponderantes exponentes de un sindicalismo politizado.

Nos duele profundamente que pasmados e impotentes asistamos a la quiebra general de todos los valores y derechos que rigen la conducta humana.

Nos duele profundamente que el comportamiento propio de humanos, como nunca lo hemos visto y padecido, se haya tornado en un comportamiento ostensiblemente inhumano, destructor y violento, terrorífico y criminal, con presagios funestos.

Nos duelen profundamente las actitudes arbitrarias e inhumanas de unos, contra los elementales y fundamentales derechos de todos.

Nos duele profundamente que los espíritus estén alimentados por el odio “al que piensa distinto” y por la intolerancia, “fuente de todos los problemas”.

Y nos duele profundamente que, por causa de las violentas arremetidas de enceguecidos manifestantes, sin discriminación alguna, ocasionen la irreparable y lamentable pérdida de vidas humanas.

Por todo esto y mucho más, nos duele profundamente Colombia.

Vicente Pérez Silva

Angasnoy, (Refugio del cóndor), 14 de junio de 2021.

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