Docente, Aura Inés Belalcázar Carvajal, es El Personaje 10.

Por: Nina Portacio
En una época en que las mujeres trabajadoras eran una minoría, Aura Inés entró a formar parte del Sistema de Educación Nacional. Se Inició en la docencia cuando los avances audiovisuales educativos se limitaban al tablero, el borrador y una tiza, y la cartulina era un útil casi sofisticado. Fué en el año 1968 y desde entonces, trabajó como docente del Ministerio de Educación Nacional, por 45 años consecutivos. Así que ella vivió toda la evolución tecnológica que sirve como soporte al sistema educativo: Desde la tiza al lasser y el video beam.
Se licenció en Educación Básica Primaria en la Universidad San Buenaventura de Cali en convenio con la Universidad Mariana de Pasto. Con una especialización en Orientación Educativa y Desarrollo Humano de la Universidad Mariana. Al igual que otros docentes cumplió con todos los cursos, capacitaciones, programas, microcentros, guías y lineamientos y requisitos técnicos establecidos para el Magisterio, en el escalafón del Ministerio de Educación Nacional (MEN), para ascender desde la categoría uno hasta la catorce. Y con su desempeño llegó a la 14; la máxima categoría que existe para un docente en el Sistema de Educación de Colombia.
Durante su oficio en la educación infantil; enseñó entre otras -con la paciencia del Santo Job- a leer y a escribir a 45 generaciones de niñas y niños Pupialeños, y a todos los vió crecer, jugar, aprender, avanzar y volar para cumplir sus sueños. Por eso, ella suele comentar mientras sonríe: “Tengo muchos niños y niñas que son abogados, odontólogos, médicos, enfermeras, ingenieros en varias áreas; ingenieros forestales, agrónomos, de sistemas y de petróleos. Administradores de empresas, periodistas, economistas, veterinarios, agricultores, sacerdotes,  cantantes, transportadores, expertos en seguridad, tecnólogos, también tengo docentes, alcaldes y concejales, a los que formé en primero, segundo y tercero de primaria”. Y por esta misma razón, no es extraño que en cualquier lugar o ciudad de Colombia, se acerque algún adulto a veces conocido otras irreconocible a saludarla: ¡Profesora Aurita que gusto verla! Suele decir con emoción, quien fuera su alumno o alumna en la Escuela Urbana Niño Jesús de Praga de Pupiales actual Institución Educativa de Comercio. Y acto seguido, recibe un abrazo o termina invitada a un café, un yogurth o alguna cortesía mientras su exalumno(a) le cuenta de sus nuevas aventuras. Sus hijos hemos presenciado, encuentros casuales entre profesora y alumno(a), o entre profesora y padres de familia, que trasmiten mucho cariño, admiración y respeto. Son escenas de un valor emocional que sorprenden en positivo por los recuerdos que implican.
En su ejercicio profesional fué una docente muy sensible a las inequidades sociales. Ese fué el motivo que la condujo a liderar acciones con el único recurso disponible para gestionar: Su corazón sin límites. Se preocupó por la educación de los niños más vulnerables. Promovió la financiación del restaurante, para los niños cuyos padres no tenían el presupuesto, para pagar la mensualidad durante el año escolar. Esta obra se convirtió en una tarea titánica para ella y su presupuesto; porque cada año entraban nuevos niños de la zona, que no tenían la posibilidad de pagar este servicio escolar y, al mismo tiempo, no podía abandonar a los niños que ya eran sus beneficiados. Por esto, Aura Inés recurrió a sus hermanos, a sus familiares y amigos cercanos, para que le ayudaran con esta misión creciente, que cada año le preocupaba aún más. Así lo hicieron, durante todo el tiempo escolar hasta el día en que ella se pensionó. Pero esa no fué su única acción, también estuvo pendiente de esas “adopciones infantiles” en diversos aspectos; de sus zapatos, de sus uniformes o uniformes deportivos, de sus útiles escolares o de cualquier elemento que pudieran necesitar para su desarrollo e integración escolar. Por estos hechos, en la biblioteca de su casa se encuentran varias tarjetas con notas muy cálidas para ella y para la familia, por parte de algún padre o madre de estos niños y otras de quién fuera el Rector del Colegio, en aquella época. Al preguntarle, sobre el orígen de esas palabras sentidas de gratitud que reposaban en esas tarjetas, comentó: “Cómo le explicabas a un niño que se metía en la fila del restaurante, que él no podía comer, lo que otros si. Porque sus padres no podían pagar. Por eso lo hice e involucré a la familia. Con mis hermanos y amigos de entera confianza, les pagamos el restaurante escolar a bastantes niños  durante muchos años o lo que necesitaban con urgencia para las actividades escolares”.
¡Una labor loable y sin precedentes! Fué su programa tangible de equidad social, para que ningún niño o niña de la Escuela donde trabajó toda su vida se quedara sin comer durante la jornada estudiantil y, así funcionó siempre su obra, mientras estuvo como docente activa. Esa ha sido su mayor satisfacción como educadora y protectora de la infancia, en más de cuatro decadas de compromiso institucional.
En la actualidad, continúa proporcionando  útiles escolares a todo niño, niña o adolescente que se le cruza en el camino y que ella considere que necesita apoyo para alcanzar sus sueños de formación. Porque confía en la equidad como la opción para minimizar las grandes diferencias sociales que existen a nivel educativo.
Estoy segura de que Aura Inés representa y ¡con honores! a todas las docentes sensibles de nuestra región. Mujeres grandiosas y comprometidas, que han entregado su vida en pro de la educación formal de los niños, niñas y adolescentes del Departamento de Nariño y de Colombia. Mujeres que han luchado porque la educación integral y actualizada llegue hasta el último rincón de nuestro territorio; esos lugares que no aparecen en el mapa. Mujeres creativas, recursivas y líderes silenciosas que en principio no tuvieron todos los medios tecnológicos para educar y sin embargo, educaron. La excelencia cotidiana y no circunstancial. Estas profesionales del arte de enseñar, guiaron a muchas generaciones que ahora forman parte de la masa crítica o son directivos, o son las personas que luchan día a día o construyen sociedad a nivel regional, departamental y nacional, en muchos campos del desarrollo.
No puedo terminar esta columna sin expresar mi más profundo respeto a la paciencia, dedicación y experiencia de todos los docentes éticos; mujeres y hombres que han consagrado su vida, al difícil oficio de orientar y estimular, cualquier proceso de aprendizaje por simple o complejo que este sea: ¡Gracias!

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