La primera cirujana de Nariño, Ligia Legarda Rincón, es El Personaje 10.

Por: Rosa Isabel Zarama Rincón

Ligia Legarda Rincón nació en Pasto en 1961. Es la sexta hija de una familia de ocho hermanos del matrimonio conformado por el abogado Artemio Legarda Díaz magistrado del Tribunal Superior de Pasto, y de la señora Ligia Rincón Orbegozo; asimismo, es nieta del destacado músico y compositor pastuso José Antonio Rincón. En este hogar se estimuló el estudio y la música, puesto que los ochos hijos cantan e interpretan la guitarra y otros instrumentos musicales. De otra parte, desde pequeña manifestó inclinación por esta profesión que sus padres incentivaron, prueba de ello, es que a los seis años recibió como regalo de Navidad un maletín de médico.

Estudió en el Liceo La Merced (1979) y se gradúo como médica cirujana en la Universidad del Cauca (1986). Adelantó el año rural en el entonces Centro Hospital San Luis de El Tambo (Nariño) en 1988. Entre 1989 y 1993 se especializó en ginecología y obstetricia en la Universidad de Valparaíso (Chile). Vale la pena aclarar que la obstetricia es la parte de la medicina que trata de la gestación, el parto y el puerperio; y la ginecología estudia el aparato reproductor femenino y sus enfermedades.

Su inclinación por estas dos ramas de la salud comenzó durante sus estudios de pregrado y se reafirmó cuando realizó el año rural, luego de comprender la necesidad de una intervención oportuna en el control del embarazo, para evitar desenlaces fatales en sitios con una escasa infraestructura hospitalaria. En su condición de médica general, le fue frustrante no poder intervenir a favor de sus pacientes embarazadas y sus bebés de una manera eficaz para evitar las complicaciones de un parto cuyo control prenatal no se había hecho o había sido inadecuado. En una ocasión llegó una adolescente con su bebé retenido, luego de haber nacido de pie, el resultado final fue triste. En esas oportunidades se preguntaba: ¿Tal vez si hubiera hecho su control, tal vez si hubiera accedido a una ecografía oportuna, qué sería de aquel niño?

Un extracto que la poeta chilena Gabriela Mistral escribió en su texto: Llamado por el niño publicado en 1948, contribuyó a que optara por esta rama de la medicina. El texto dice:

Somos culpables de muchos errores, y de muchas faltas, pero nuestro peor crimen es abandonar a los niños. Olvidando la fuente de vida. Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar. Los niños no.Justo ahora es el momento en que sus huesos se están formando. Su sangre se está elaborando. Y sus sentidos siendo desarrollados. A ellos no les podemos decir “mañana”. Su nombre es “hoy”.

En 1994, ya como especialista, se vinculó en Pasto al Hospital Departamental, donde consideró un gran honor el ser la primera mujer en liderar un equipo quirúrgico en calidad de cirujana gineco-obstetra. Al poco tiempo, llegó a Pasto la anestesióloga doctora Constanza Bastidas. Lo que refleja el interés y el compromiso de las médicas por profundizar en áreas específicas de la medicina. Meses después, la doctora Legarda se vinculó a la otrora Clínica Maridíaz del Instituto de Seguros Sociales; igualmente, se le abrieron puertas en la Fundación Hospital San Pedro, a través de su gerente, la doctora Doris Sarasty de Rosero. En esta institución laboró hasta noviembre de 2011, fecha en la que debió ser sometida a una cirugía de la columna vertebral, que derivó en una incapacidad relativa y permanente que la obligó a retirarse del área quirúrgica, dedicándose exclusivamente a la consulta.

Durante el tiempo que ejerció la cirugía disfrutaba contribuir, en la gran mayoría de las ocasiones, a nacimientos felices y a gozar de la confianza de muchas pacientes que se sentían más comprendidas por una figura femenina en calidad de su médica tratante. Sin embargo, también percibía que otras se sentían más seguras siendo tratadas por sus colegas varones, sin que esto representara ninguna dificultad; no se trataba de vanidades personales, nada más que de un trabajo en equipo, independientemente del sexo de los médicos: lo importante era asegurar los mejores resultados para las pacientes.

Durante sus años de ejercicio profesional vivió experiencias de todo tipo: en el sector rural, en ocasiones, atendió los partos con linterna; en otras, acompañó a los pacientes en ambulancias que por motivos mecánicos colapsaron en la vía, hasta trabajar en los quirófanos de nivel III, donde el personal y los equipos tecnológicos de aquel entonces fueron los más avanzados, facilitando su labor. Se siente honrada al contribuir al bienestar de las mujeres y de los recién nacidos. Afirma que en el 98% de los partos todo sale bien, pero que en todo parto hay un riesgo potencial. En esas circunstancias, la buena comunicación, el trabajo mancomunado, el profesionalismo y el compromiso del equipo quirúrgico en el que participaban hombres y mujeres, les permitieron salir airosos de muchas situaciones difíciles.

En la actualidad, la doctora Legarda vive agradecida por todas estas oportunidades de “tocar” positivamente, de alguna forma, tantas vidas. A través de la ecografía disfruta observando la progresión normal de muchos embarazos, o si hay alguna anomalía, procura resolverla con prontitud. Reconoce que los grandes logros en la mejora de los servicios de salud, son gracias a los esfuerzos de los gobiernos local, departamental y nacional, y de la OMS (Organización Mundial de la Salud); en el campo tecnológico, en el diseño de protocolos y estrategias de atención y en la formación de nuevos especialistas; lo cual ha conllevado a una mejoría sustancial en la prestación de los servicios a la paciente femenina, gestante o no, minimizando el impacto o los posibles riesgos que una evolución anormal pudieran representar si no se detectaran oportunamente.

Hoy, el ser parte de estos cambios, hace que se sienta privilegiada. Por otro lado, considera que su mayor riqueza es su fe, sabe que en su vida el Señor siempre está presente, que la acompaña y que puede orar en cualquier momento. Siente gratitud hacia Dios, quien le ha permitido esta misión de vida privilegiada.

Al ser la primera cirujana que ejerció su profesión en Nariño, en ocasiones se encontró con personas que inicialmente desconfiaron de sus capacidades profesionales debido a su condición femenina; pero, la ginecóloga Legarda gracias a su sentido humano y a su solvencia profesional hace sentir seguras a las mujeres que hemos tenido la fortuna de ser sus pacientes. Sin proponérselo, en la sociedad nariñense les abrió las puertas a las cirujanas que llegaron después e igualmente comprometidas con el bienestar de la población de nuestro departamento.

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