El Abogado

El Liceo No. 36. Editorial

Por: Eduardo Enríquez Maya

Senador de la República

Tuve el honor de estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nariño; recibí lecciones de grandes maestros; después, enseñé en esa casa del saber y tras de un largo recorrido, nuevamente quiero enseñar lo poco que he aprendido. Hemingway dejó una sentencia que a su letra dice: “el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”.

Bueno, el propósito es hacer respetuosas sugerencias a colegas, para desempeñarse en esta apasionante profesión, con grandeza, decoro y pulcritud, y para esto, nada mejor que recordar dos mandamientos de Eduardo J. Couture, que dicen:

“Estudia. El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos serás cada día un poco menos abogado”.

“Piensa. El derecho se aprende estudiando pero se ejerce pensando”.

Estos paradigmas deben ser égida y luz para transitar el camino del conocimiento a sabiendas que el abogado, jamás dejará de ser estudiante, independientemente de su edad.

Ahora bien, maestros y discípulos, hagamos un alto en el camino para saber qué debe hacer un buen abogado:

1. Ser creativo; esto es, debe generar su propio trabajo. Si hay una bella tarea por cumplir, es la de ejercer la profesión de abogado.

2. Hacer uso correcto del lenguaje, el derecho es lenguaje y argumento. Jurista no es el que conoce las normas sino el que argumenta, esto es, poner en el más alto nivel del sistema enseñanza aprendizaje, el lenguaje y la razón.

3. Colaborar con la recta impartición de justicia, extirpando sin rodeos la temeridad, así se ganará la confianza y el respeto del juez.

4. Lograr que su cliente le diga la verdad, y el abogado no se debe contentar con esto, buscará más información e investigará los hechos a profundidad para encontrar el rostro de la justicia.

5. Garantizar el éxito en la defensa es un error; hay que comprometerse sí, con la rectitud en el trabajo; conocimiento y lealtad absoluta con su cliente, de principio a fin.

6. Modernizar la actividad jurídica, haciendo uso de las tecnologías. La publicidad es definitiva, siempre y cuando se ofrezca seriedad y especialidad. La improvisación, sin lugar a dudas, puede convertirse en su peor enemigo.

7. Trabajar en equipo para asumir responsabilidades por la complejidad del asunto, con profesionales de distintas disciplinas. Se ha dicho que estamos en la época de los jueces. El abogado necesita de una formación integral para aceptar la batalla de las razones en el escenario de la dialéctica.

8. Adaptarse a posiciones jurídicas y filosóficas que han recobrado palpitante actualidad; jueces y abogados que profesan la teoría positivista, o la neo constitucionalista y ahora la de convencionalidad.

9. Proporcionar con fidelidad las pruebas conducentes, para que se conviertan en fundamento esencial de la decisión, y el juez, pueda dictar sentencia, ojalá, corta, clara y convincente.

10. Recordar que no se concibe el derecho sin un ejercicio filosófico. Un ejercicio jurídico sin filosofar es lo mismo que mantener los ojos cerrados y sin tratar de abrirlos.

Recuerdo con emoción que cuando enseñaba lecciones de derecho se prolongaba mi vida, con muy buena salud y amable juventud.

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