Ahora que el país está sumido en una de las peores crisis que se recuerden; evidenciada por una JUSTA y multitudinaria protesta, que ya lleva más de 15 días, liderada por jóvenes, indígenas, campesinos, sindicatos y gente del común; que le han mostrado al mundo y a Colombia su enorme descontento. El detonante de este hecho, o mejor la gota que “rebosó la copa de la docilidad”; fue el trámite de una reforma tributaria absurda y regresiva, presentada por un presidente “inexistente” y sin “sintonía” con las angustias de un país, que reclama en las ciudades y zonas rurales, por una nación más “decente y equitativa”. Si bien la reforma fue retirada, el fragor de esta lucha continua, impulsada principalmente por nuevas generaciones, que con su ejemplo, cultura y valentía; le han hecho entender a “muchos despistados”, que Colombia necesita emprender cambios estructurales profundos; para intentar revertir los indicadores negativos de pobreza, inequidad, brechas sociales, desempleo y acabar con otras lacras más complejas como es la “corrupción”.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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