El Derecho ante la IA: “No es una amenaza, es un cambio de era

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Hernando Gutiérrez Prieto es uno de  los profesores más insignes de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana de Bogotá pero también es uno de los mayores expertos en tecnología y ciencia jurídica del país. Desde su oficina en el edificio Gabriel Giraldo de esa institución, rodeado de papeles, libros y fotos familiares, este abogado habló con Página 10 sobre el impacto y el futuro de la Inteligencia Artificial en un mundo que exige a la academia sintonizarse con tiempos donde la tecnología se integra cada vez más a la vida de la humanidad.

Por: Manolo Villota Benítez

Antes de entrar en materia, quería preguntarle por su interés en la convergencia entre tecnología y derecho. ¿Cuál fue el disparador que lo hizo interesarse por esto y por qué decidió juntarlos en lugar de seguir un camino convencional?

Mi interés nació de una coyuntura vital al terminar la carrera en 1980. Tenía dos ofertas: una para la Superintendencia Bancaria y otra de la Universidad de la Sabana para crear la Facultad de Derecho en 1981; elegí esta última y fui profesor fundador. Estando allí, como director de investigaciones, trabajé con el profesor Jaime Giraldo Ángel en la preocupación de cómo hacer bases de datos legales, ya que en ese momento no existían en el país ni teníamos internet. Nos tocaba hacer todo el etiquetado a mano, artículo por artículo. Desde entonces, me ha atravesado la pregunta de por qué el derecho parece ser tan refractario al ritmo del desarrollo tecnológico. Después de eso pasé por la biotecnología, la nanotecnología y ahora la inteligencia artificial, que, a diferencia de las anteriores, tiene un carácter disruptivo mucho más rápido.

Ahora que la IA es de acceso masivo y entró en nuestro lenguaje cotidiano, ¿usted concibe que es una herramienta que nos va a asistir o efectivamente va a cambiar la esencia del ejercicio del abogado en todas sus dimensiones?

Va a cambiar el ejercicio en todas sus dimensiones, aunque lo hará gradualmente. La ventaja de las herramientas actuales es que manejan gran volumen de información y procesamiento de texto explícito. Sin embargo, la IA todavía es muy deficiente en lo que no es expreso, es decir, en la interpretación. He pasado mis propios exámenes por la IA y no los aprueba cuando el cuestionamiento versa sobre análisis y pensamiento. Ahora bien, el gran problema es para el abogado junior; si su trabajo es solo procesar información y presentar resúmenes, no tiene competencia frente a una herramienta que cuesta una fracción de su salario y no paga seguridad social. En cambio, el derecho práctico de litigio y la participación en audiencias, donde las cosas no siempre son expresas, es un aspecto que va a subsistir.

En un país tan centralizado como Colombia, ¿cómo ve el papel de la IA en las zonas rurales? ¿Cree que permitirá agilizar procesos o democratizar la justicia?

Sí, creo que todo lo que tenga que ver con procesamiento y repetición de información se va a agilizar. El problema antes era el espacio, pero hoy estas tecnologías se pueden manejar incluso en celulares. Bogotá tiene un represamiento muy fuerte en áreas civiles y penales; entrenar una IA para organizar procesos comunes haría la toma de decisiones muy rápida. Incluso en justicia transicional, donde hay volúmenes de audio e información física inmensos, la IA podría procesar todo eso rápidamente para formar bases de datos y tener respuestas homogéneas en casos iguales.

¿Cuáles son los riesgos que se corren cuando permitimos que algoritmos tomen decisiones en temas de derechos fundamentales?

El tema fundamental es que la IA depende de la información que recibe y esa información no es ajena a los sesgos. Si los textos de entrenamiento tienen sesgos de género o raciales, la respuesta saldrá así; es algo que ya preocupa en el sistema penal de Estados Unidos con poblaciones afroamericanas o latinas. Por eso, el desarrollo de la IA debe ir acompañado de un contrapeso proporcional en control. Debemos entender que la IA no es que “alucine” como un humano, sino que responde a cómo está programada. El derecho no es solo justicia, es también equidad, y eso significa contemplar la singularidad de un caso para establecer excepciones a la regla, algo que requiere criterios muy claros que una IA debe poder manejar.

¿Qué aconsejaría a las facultades de derecho para incorporar el factor tecnológico en sus planes de estudio?

 Me preocupa mucho que en el mundo académico haya miedo por el mal uso de las herramientas. La formación universitaria hoy tiene que incluir que los estudiantes manejen bien estas herramientas; si se prohíben, nunca se adaptarán al mundo profesional real. La solución no es prohibir para evitar el fraude, sino formar en el uso recto y cambiar el objetivo de aprendizaje. Antes el abogado se sabía los códigos de memoria, ahora lo que importa es la lógica de su interpretación y aplicación. Si no replanteamos qué estamos formando, los juniors serán rápidamente sustituidos.

En un escenario de uso constante, si la IA comete un error legal que genera perjuicios, ¿quién respondería hoy por eso?

Hoy respondería la persona que usa la herramienta. Si yo uso una IA para hacer una demanda y sale con errores, no responde quien diseñó la IA, sino el abogado que confió imprudentemente en ese resultado y firmó el documento. En casos de empresas que adopten procesos masivos, como liquidaciones laborales, el responsable sería quien decidió incorporar la herramienta. Podría haber una “repetición” contra el diseñador por funcionamiento defectuoso, similar a la responsabilidad por productos, pero frente al cliente, la oficina de abogados no puede excusarse en que fue un problema de la IA.

¿Qué consejo le daría a los profesionales que todavía ven con prevención la llegada de la inteligencia artificial?

Que más que mirarla con prevención, la miren con prudencia. Estamos en las etapas de niñez de esta tecnología. Mi consejo es ver esto como olas tecnológicas en las que hay que montarse cuando están pequeñas para entender sus alcances y limitaciones. Si un abogado hace solo tareas rutinarias de registro de marcas o contratos uniformes, su actividad está en peligro porque el cliente no pagará una tarifa alta por algo que puede obtener casi gratis con IA. Tenemos que aprender a usarla para poder presentar a los clientes cuál es nuestro valor agregado. No es prudente basar la decisión en los defectos actuales de la IA, porque en dos años esto va a estar mucho más pulido.

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