El juicio moral de Dodo

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En un entretenido recorrido por un bosque tupido de sentidas palabras, se presenta un desfile de argumentos que plantean la necesidad de hacer de este mundo cruel un espacio de convivencia, donde todos tengamos la posibilidad de soñar. Allí está la Gran Sala.

La controversia de dodo, escrita por Pablo Emilio Obando Acosta, apela a lo más granado de la conciencia humana para tener un poco de misericordia con el trato que se les da a los animales. Es una novela de ficción con un estilo envolvente que atrapa la atención del lector, llevándolo a inmiscuirse en esta narración fabulosa, en cada voz, en cada palabra, cuando a cada especie le corresponde hacer un juicio moral de los bípedos, considerados los más inteligentes.

La discusión se centra en que si los animales tienen alma o no; si los animales se merecen correr mejor suerte de la que le hemos dado quienes nos conocemos como superiores en la escala evolutiva. De nuestra parte estamos convencidos que es la mejor alegoría que se ha hecho en materia de defensa de los animales al considerarlos como seres sintientes, dotados de un sistema nervioso central que les permite experimentar el dolor salvaje que les prodigan quienes por aprendizaje creyeron que el maltrato está normalizado, cuando no hemos aprendido que el dolor que siente el animal puede ser peor que el de los seres bípedos. Los bípedos, dotados de inteligencia, podemos mitigar el dolor mediante el llanto o los gritos, la llamada de auxilio, las ciencias médicas, pero los animales tienen que resignarse a padecer las peores circunstancias en jaulas donde ni siquiera se pueden mover.

En un vehemente llamado que hace San Francisco de Asís a la humanidad nos exhorta que el respeto no puede estar separado de las exigencias morales; asimismo, llamó a los animales como nuestros hermanos en una invitación clara para no abusar de las bondades que tiene la naturaleza, sin importar si son vegetales o animales, sin importar si son seres inanimados o sintientes. Actuar con la mayor equidad nos lleva a tener un medio ambiente sostenible, donde sea posible el mundo que soñó Francisco de Asís, al que le denominaría fraternidad entre todos los sintientes y los vegetales.

El primer valor del que debe estar dotado el ser humano, al ubicarse en la cúspide evolucionista, es el amor, y ese amor debe expresarse en no agresión, ni a sus congéneres ni a las bestias que cargan en sus lomos los alimentos que nutren esta humanidad despiadada. Pero ocurre que a los seres humanos nos da pena expresar que sentimos amor por el otro.

En la novela de Dodo, no podía faltar la crítica reflexiva en cuanto a las escrituras para situar en un mejor estatus a los animales: ¿por qué no se les tuvo mejor consideración al ser objetos de sacrificio para gratificar a Dios, como los hizo el patriarca Abraham?

Las diferentes especies de animales se hacen presentes en la Gran Sala, frente al tribunal de Dodo para protestar por el trato infligido por los humanos y la total ausencia de consideración. Cientos de miles de animales africanos que fueron cegados y envenenados en peleas en contra de su voluntad en el circo romano; en contra de su voluntad devoraron seres humanos, mientras en el ruedo la muchedumbre rabiosa sentía el éxtasis de ver sangre derramada; o los mismos seres humanos condenados a la cárcel servían de fieras cuando el espectáculo de ‘pan y circo’ parecía llegar a su final; todo para gloria de un emperador que creía que por encima de su autoridad solo estaba Dios.

Gallos en ruedos, cuyo entrenamiento estaba orientado a destruir a su oponente hasta causarle la muerte, tendrán que pasar a la historia, porque el juicio moral del Gran Dodo nos ha llevado a comprender que esto tiene que llegar a su fin. Y la vida será más armoniosa, ahora serán los bípedos los que tengan que llevar la pesada carga de su conciencia en la espalda. Los niños del futuro se horrorizarán que tuvo que actuar de juez un ser que perdió su posibilidad de volar porque el hombre cortó sus alas.

Pablo Emilio, con su novela, nos ha transportado a un mundo donde los animales hablan, se quejan de dolor, hacen reclamos fuertes a los humanos. En esta epopeya los animales tienen que salir desaforados ante la decretada ausencia del alma y asumir el papel que les ha correspondido por naturaleza- Pero a partir de hoy hay mejores seres humanos.

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