El medioevo digital

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Vivimos en la Era digital. La llegada de internet (IoT) a nuestra vidas fue la cresta de la ola de un tsunami que arrasó todo lo que conocíamos hasta entonces. Cambió nuestra comunicación y nuestra manera de relacionarnos en sociedad, en economía, en ciencia y demás, aunque también la delincuencia y el terrorismo cambiaron. Hoy las tecnologías aplicadas (TIC) son vitales para los gobiernos, de la misma forma que el uso masivo de datos (Big Data) lo es para el sistema empresarial. Ahora vemos el alumbramiento de la Inteligencia Artificial (IA), que no es otra cosa que el intento de imitación de un comportamiento razonado. Todo eso es cierto, pero ¿en qué etapa de esa Era nos encontramos?

La investigadora económica austríaca Julia Ebner dice en su obra Going Mainstream que estamos en la Edad Media digital. Es verdad que Ebner se refiere más al avance de las ideas radicales en nuestra sociedad, pero hace una reflexión interesante: “Estamos viendo un retorno del logos al mito, que es exactamente lo opuesto a lo que revirtió la Ilustración”.

En otras palabras, hasta el Medioevo los seres humanos acudíamos a los mitos para explicar los sucesos del universo y a partir de la Ilustración comenzamos a hacer uso de la razón (logos) para dar respuesta a nuestra inquietudes trascendentales. Pero ahora parece que salimos de la lógica para entrar en la mitología y en la creencia de cosas inexistentes. El mejor ejemplo de ello son la Fake News, que ya hace tiempo dejaron de ser memes divertidas para convertirse en herramientas de conductismo. Como dice el experto informático P. Duchement, “Si Burrhus Frederic Skinner hubiera conocido las redes sociales cuando teorizaba sobre el Condicionamiento Operante a finales de los años 20, habría gritado: ¡Esta es mi mayor obra!”.

No voy a hablar sobre el tema de las Fake News, que ya he abordado en otras columnas, pero si quiero detenerme en la dependencia digital, porque las diferentes transformaciones de esta Era han llegado hoy en día a controlar nuestro entorno. Si en la Edad Media el concepto de hombre giraba en torno a lo divino, donde el hombre no era autónomo sino dependiente del Dios que lo creó, hoy tampoco hay autonomía, dependemos de todo lo digital.

El otro día se me dañó el disco duro donde tengo información muy valiosa para mí, y mientras sufría por ello, vi a un niño de 2 ó 3 años que miraba algo en un teléfono móvil. Cuando su madre se lo pidió porque entraba una llamada, el niño la comenzó a golpear muy enfadado y envuelto en una rabieta. Estoy en contra de los celulares en manos de los niños por los peligros que acarrea y porque condicionan el aprendizaje, pero a esa señora no le dije nada porque en ese momento me sentía totalmente dependiente de mi disco duro.

Como decía en una columna sobre fotografía, yo pertenezco a la cohorte demográfica conocida como Baby Boomers. Tanto mis contemporáneos como los pertenecientes a la Generación X vivimos en su momento el paso de lo analógico a lo digital con sus miles de experimentos (Betamax, MiniDisc, Cassette, en fin). Por ello somos capaces de valorar en su justa medida las ventajas y desventajas del mundo digital de hoy. Sin embargo, también hemos claudicado a una necesidad que está en todos los factores de nuestra vida. El llamado Internet de las Cosas o chips aplicados a los elementos funcionales cotidianos es el mejor ejemplo.

Y digo “hemos claudicado” porque la mayoría de padres no somos capaces de enseñarle a nuestros hijos (Millennials, Zillenials, de Generación Z o Generación Alfa), que los funcionamientos analógicos nos permitían valorar la importancia del origen y la creación, mientras que lo digital no permite ver ese factor. En nuestras manos está la importancia del pasado como fuente de aprendizaje para el futuro, o en otras palabras, la dificultad de conseguir algo.

El movimiento cultural e intelectual que nació a mediados del siglo XVIII y que se conoció como Ilustración buscaba combatir la ignorancia y la superstición en aras de un mundo mejor. Si tomamos como veraz la idea de vivir ahora mismo una Edad Media digital, buena parte de nuestra responsabilidad está en combatir Fake News, ciber-delincuencia, piratería digital, condicionamiento social o pornografía como única fuente de enseñanza sobre sexo.

En tiempo de virulencia política, las ganas que tienen algunos de hacer “morder el polvo” a sus contrincantes, hace que nos apoyemos en informaciones falsas y que las hagamos virales al compartirlas. En noviembre de 2021 se hizo una encuesta de cuantos seguidores falsos tenía cada candidato a la presidencia de Colombia y todos, absolutamente todos, tenían seguidores falsos aunque nadie lo reconocía. En suma, los políticos no ayudan en esta responsabilidad… al menos los políticos nuestros.

El Gobierno sueco ha paralizado la digitalización de las escuelas quitando las pantallas digitales y volviendo a los libros de texto. La causa fue el último informe Pirls sobre compresión lectora, donde su puntuación cayó radicalmente desde el anterior informe en 2016. Una medida radical, como radicales fueron las revueltas que dieron origen a la Ilustración. Y es que como dice la dirección del Instituto Pintor Antonio López de Tres Cantos de Madrid, “los problemas ocasionados por el formato digital han superado sus ventajas”.

Pero no se trata de hacerle la guerra a lo digital, ni mucho menos, sino de aprovechar sus innumerables ventajas anteponiéndolas a sus evidentes defectos. Lo contrario sería cometer el error del libro cuando llegó la televisión. No hay medios enemigos, sino complementarios. Cuando apareció Twitter con sus 140 caracteres se dijo que la lectura y la escritura se había acabado, y de pronto surgió WhatsApp y nos puso a escribir y leer a todos.

Yo si creo que vivimos en la Edad Media digital porque estamos llenos de dudas sobre el futuro inmediato. La llegada de la IA, por ejemplo, nos ha puesto a pensar sobre si es una amenaza para los trabajos en el futuro. Y como este, se abrirán otros frentes… hasta que entremos a la nueva Ilustración, pero como debe ser.

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