El Miranchurito

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

El Miranchurito ha reemplazado a La Guaneña como símbolo musical de Nariño. Suele suceder con las canciones simbólicas. Durante años, por ejemplo, Colombia Tierra Querida (“Cantando, cantando yo viviré”, 1970), de Lucho Bermúdez, fue el himno natural de Colombia, hasta que apareció Francisco Zumaqué con su Colombia Caribe (“Si, si, Colombia; si, si Caribe”, 1985).

Aunque Zumaqué la compuso para el Festival de Música del Caribe de Cartagena, a su popularidad ayudó el gran impacto social que produjo la Selección Colombia de Francisco Maturana. Siempre hay un hecho que mueve la gente hacia la identificación con una canción, y ese hecho puede ser una nueva versión en tiempos de movilización ciudadana.

El Miranchurito es un sonsureño de autor anónimo, de allí que con el paso del tiempo haya sido fruto de especulaciones, entre ellas que El Chato Guerrero haya sido su autor. No hay nada concreto. El Miranchurito es un sonsureño de autor anónimo, de allí que con el paso del tiempo haya sido fruto de especulaciones, entre ellas que El Chato Guerrero haya sido su autor. No hay nada concreto. Lo más creíble parece ser que fuese una adaptación pastusa de un verso del poeta quiteño Leonardo Páez, que decía: “Que lindo es mi Quito con su cielito lleno de estrellas”. Y que este, a su vez, provenga de un albazo de la poetisa cuencana Mary Coryle. Quien sabe.

Lo cierto es que alude al famoso pajarito de alas negras que revolotea en círculos (“churos”) las plantaciones de maíz cuando este se encuentra listo para la cosecha, y chillan cuando se posan en los eucaliptos (“ocalitos”).

El comienzo de su fama se le debe a la agrupación referente de la música tradicional nariñense, La Ronda Lírica, que lo grabó en 1967 en el álbum Mi Nariño, prensado por Sonolux y por Discos Chaves. Allí aparecía como un bambuco y de autor no identificado (con las siglas DRA, Derechos Reservados de Autor).

Luego se incluyó como parte de un llamado Mosaico Nariñense que fue interpretado por varias orquestas tropicales y catalogado oficialmente como cumbia. Así se conoció en versiones de Fabio Paramo y Los Sureños de Horacio López, y de Tomás Burbano y su Orquesta Nubes Verdes en los años 70, entre otros.

Pero el que lo “exportó” fue el grupo folclórico Chimizapagua de Bogotá en 1982, en el tiempo en que pastusos como Benjamin Yepez o Javier Apraez tocaban música andina en la capital. Chimizapagua lo incluyó en el álbum Subiendo la Montaña, del sello Philips. Y su fama fue inmediata.

El sonsureño y en especial este, es muy alegre. Por eso no tardó en bailarse en los Carnavales, donde lo llevó el grupo Trigo Negro, de Chucho Vallejo, Javier Martínez y compañía, y lo hizo pieza bailable en los años 90, un tiempo en que La Guaneña y La Culebra eran las que se usaban más para animar las fiestas.

De manera que se originaron dos tendencias. Siguiendo la línea de La Ronda Lírica, están las versiones de Inkamérica, Proyecto N, Illary, Opus II Trío Andino, Alma Caucana, Omar Florez de Armas, Los Incateños, Wayra Perú, Grupo Sumai o Hatogrande.

Así hasta que en 2017 el cantautor Lucio Feuillet hizo una magnífica versión para su álbum Provinciano. Feuillet también desde Bogotá ha hecho una música que es una vuelta a casa, un retorno a los orígenes de nuestro ser pastuso. Ese sonsureño él lo ha reconstruido cogiendo trozos de soul, beats de jazz, acordes de latin alternative y muestras de canción. Era la nueva forma global de ver la música.

A partir de allí lo han grabado con nuevos formatos instrumentales el grupo Pueblos Andinos, Diserpier (en inglés), Morada Sur Trío, el ensamble folk Sincopando Trío, y en especial el conjunto de jazz Fatua Trío. Excepcional este último por su tratamiento estético y por la cantidad de posibilidades armónicas que le abrió a una canción en apariencia tan simple.

Luego llegó un montón de versiones en vídeo-múltiple, propio de estos tiempos de confinamiento. Y también las varias versiones y el vídeo lleno de ilustraciones del cantante Diego D’Alba (muy al estilo de Damaquiel de Héctor Buitrago aka Conector, por cierto).

No quiere decir todo esto que La Guaneña haya perdido su valor. Sigue siendo una referencia, pero vivimos tiempos de una manera distinta de ver las cosas, de influencias musicales llegadas desde diferentes ámbitos, y esta canción cumple con todas las condiciones para adaptarse a cualquier ritmo, estilo y formato. Una pequeña maravilla de nuestro folclor.

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