Las mujeres de Bolívar

El título de este artículo que corresponde al de mi libro homónimo, parece superfluo porque Bolívar ante todo es conocido como el héroe central de la Independencia americana y no como seductor  de mujeres, cuyo número sobrepasa la treintena más allá de lo habitual.

En él se hacen algunas consideraciones, sobre el amor, no solo físico, sino platónico y místico, para establecer rasgos comunes y diferencias. Se explica que el amor, es un juego de lealtades y traiciones, que son inherentes a la condición humana, como los celos de Otelo hacia Desdémona por la traición de Yago, que le cuesta la vida a la amada, o como en la trágica historia de amor de Romero y Julieta.

La lista de mujeres incluye, aquellas cuyas historias aparecen en diversas fuentes, lo que les da cierta veracidad y se acompaña de imágenes, muchas de ellas de la época de la Independencia.

Bolívar, no podía negar u ocultar su propensión hacia las mujeres, derivada de un imperativo biológico, más allá de consideraciones éticas y morales o de los escándalos sociales.

A Bolívar, algunos autores lo comparan con Casanova porque, aunque vivieron en siglos diferentes, fueron grandes amantes y seductores de mujeres, como un leitmotiv de sus vidas.

En las historias de amor de Bolívar, no solo se cuenta la forma como trascurrieron, sino que están acompañadas de referencias históricas y literarias. Son historias que fluctúan entre la guerra y el amor, en este, como una pausa necesaria, como lo hacían los dioses y los héroes homéricos.

Las mujeres amadas por Bolívar, pertenecían a diversas clases sociales, es decir, que él no discriminó y así como se casó formalmente por el rito católico con María Teresa Rodríguez, tuvo relaciones de amor libre durante su juventud y su madurez.

Tuvo éxito en casi todas sus conquistas femeninas, por lo que también se lo asocia con Don Juan y Rubirosa, el amante latino.

Se plantea la supuesta esterilidad de Bolívar y la hipótesis contraria, que tiene más credibilidad, por la confesión que le hizo a Luis Peru de la Croix en el Diario de Bucaramanga, a la que se agregan otros testimonios.

La esterilidad de Manuela, comprobada científicamente y con quien el Libertador convivió ocho años, no comprueba la de Bolívar por las razones expuestas.

A Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador se le dedica la parte más extensa del libro, basada en la biografía de Víctor W. Von Hagen, La amante inmortal, Las cuatro estaciones de Manuelita Sáenz, 1797-1856 considerada la más fiel y completa.

Bolívar amó a mujeres como la francesa Teresa Laisney de cuya unión nacería Flora Tristán, madre a su vez de Aline que tuvo a Paul Gauguin cuyas vidas trascienden lo ordinario.

Esta hipótesis la explica Germán Arciniegas, en un artículo publicado en El Tiempo, reproducido por Antonio Cacua Prada, en su libro Los hijos secretos de Bolívar. Arciniegas ve en los retratos de Flora Tristán, hija de Teresa Laisney  y del coronel Mariano Tristán, un noble peruano, un “parecido extraño con los de Bolívar”, y en un autorretrato de Gauguin, un fantasma, parecido al dibujo de Bolívar de los años 30 de José María Espinosa.

Bolívar había conocido a Teresa Laisney, familiar suya en Bilbao y la había visitado en París antes de su matrimonio con María Teresa Rodríguez. Se enamora de ella, le escribe cartas afectuosas que fueron publicadas por su hija Flora.

Bolívar tenía entonces veintidós años, Fanny treinta y su marido el doble de su edad, circunstancia que seguramente la indujo a traicionarlo con el futuro Libertador.

La relación de Simón Bolívar con Teresa Laisney, entonces no fue platónica sino carnal, porque tuvo con ella dos hijos, “un niño que falleció a los diez años, y una niña” que al crecer se convirtió en la reconocida Flora Tristán. Si esta versión se comprobara, Bolívar que gustaba de las mujeres casadas, de las solteras, sin distinción de raza, religión, condición social, habría seducido a su consejera y confidente, a quien en sus cartas le contaba sus cuitas.

En efecto, cuando el Libertador, se encontraba en París, le confiesa que había caído en un estado de consunción próximo a la muerte, a pesar de que era asistido por un médico y acompañado por su tutor, maestro y amigo, don Simón Rodríguez. Este lo anima y reanima, para que estudie las ciencias y se comprometa con la causa de la libertad de los pueblos de América.

Bolívar se muestra escéptico, le dice que esta causa requiere dinero y que como es pobre no podría emprenderla. Su maestro le revela que cuenta con cuatro millones para desmentir su pobreza, dinero que le ha legado su padre y que él administra.

En una carta a Teresa le cuenta que los placeres para él son pasajeros y superficiales y que le producen hastío, confesión que desmiente le tesis de que Bolívar era voluptuoso.

Está escrita en francés, le dice que le ha dolido mucho dejarla para reunirse en Viena con su amigo y consejero Simón Rodríguez, maestro de su infancia de quien hace grandes elogios, por su sabiduría y sus virtudes, pero le reprocha que se encuentre dedicado a las ciencias, a la física y a la química.

A Teresa le cuenta que las riquezas están lejos de proporcionar las alegrías que prometen y en esto se revela como un hombre al que no le importaban mucho los bienes de fortuna, porque hay bienes superiores de orden espiritual.

Bolívar, contra lo que se esperaba, pudo superar el conflicto existencial y encaminarse a otro destino. Debió vivir el desarraigo, que experimentan los latinoamericanos especialmente en París, cuando han dejado su tierra natal, que en muchos casos es traumático y produce neurosis.

París en la época en que vivió Bolívar, era una ciudad que había sido modificada urbanísticamente por el barón de Haussmann durante el Segundo Imperio de Napoleón III.

Flora Tristán nacida en 1803 en París, se destaca como revolucionaria, socialista, sindicalista, feminista y defensora de los pobres, sobre todo, después de su viaje al Perú, donde conoce la situación de desamparo y explotación de la mujer, de los oprimidos, y “se convence de que no hay acción política eficaz sin lucha social”.

Su libro Peregrinaciones de una paria, narra la experiencia de ese viaje: la vida de los peruanos, la dominación despiadada y de beneficio personal, que ejercían los políticos sobre la sociedad peruana.

El viaje al Perú, especialmente a Lima lo había hecho para conocer a los familiares de su presunto padre y reclamar los derechos que le correspondían por la herencia paterna, pero no los obtiene por no haber sido reconocida legalmente, quedando desamparada, sin embargo, la pensión temporal que le otorga su tío, le permite sobrevivir y regresar a Francia.

Por su posición crítica frente a los derechos de la mujer, tan vulnerados durante su vida de luchadora social, se la considera una de las pioneras del feminismo moderno y antecesora de Marx en la organización de los sindicatos obreros.

En París continúa su lucha por los derechos de los trabajadores y los de la mujer, y crea la consigna: Proletarios del mundo, uníos, adoptada luego por Marx, que reconocería en Flora su condición de “precursora de altos ideales nobles” y la importancia de sus libros, como también lo haría Engels en La sagrada familia.

Su gran sensibilidad social, emparenta a Flora con Bolívar, que propuso la abolición de la esclavitud, luchó por la libertad, por la igualdad social, los derechos de los desposeídos, la independencia de los pueblos oprimidos.

Se parece a Bolívar, por su capacidad como organizadora, por su habilidad para hablar públicamente y escribir cartas, documentos y libros.

De 17 años, Flora se casa en París con André Chazal, dueño de un taller de litografía, donde ella trabaja, con quien tiene tres hijos, uno de los cuales muere. Aline, su única hija, será la mamá de Paul Gauguin (1848-1903) el pintor posimpresionista e inspirador de los Nabis (simbolistas).

De sus viajes por el trópico embrujado, por Brasil, Polinesia, Tahití, Paul Gauguin, quedaría impregnado por la magia de los colores. En Tahití, donde vive largos años y pinta una parte importante de su obra, encuentra el paraíso terrenal que buscaba, pero también la sífilis y la lepra que lo matarían.

En Panamá trabaja como obrero en la perforación del canal y regresa a Francia enfermo a disentería y paludismo. En Panamá tuvo un cuñado colombiano casado con su hermana.

El mal tratamiento que Flora recibe de su esposo, sobre todo por los celos, la obliga a separarse de él y a iniciar una vida más independiente, que empeora su situación de pobreza.

Sus problemas se agravan porque su ex esposo, intenta asesinarla de un disparo que la deja en mal estado. Flora Tristán, la gran luchadora por la justicia social, muere como consecuencia del tifo a los 41 años, el 14 de noviembre de 1844 en Burdeos.

La genética y la historia, la cultura están en mora de probar si Bolívar fue el padre de Flora Tristán y el abuelo de Gauguin.

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