¿Jesús existió?

Juan Arias, escritor, periodista, teólogo, filosofo, psicólogo y corresponsal de varios periódicos en el mundo entero, autor, entre otros, del libro “Jesús, ese gran desconocido”, plantea la posibilidad de la inexistencia del profeta hebreo: “¿Existió Cristo como personaje histórico o su figura constituye nada más que un amasijo de antiguos mitos provenientes de Oriente Próximo y Egipto?.” Según las investigaciones de Arias las primeras dudas sobre la existencia de Jesús se abrieron cuando el historiador francés Constantin Voney, en el siglo XVI, empezó a exteriorizar serias dudas sobre la realidad histórica del profeta de Galilea. En el mismo siglo el historiador Charles Francois Dupuis también puso en tela de juicio la existencia de Jesús.

A raíz de la nueva ola de la Ilustración, en el siglo XVII, se inicia una crítica histórica sobre este personaje que fundamenta la existencia de varias iglesias y se constituye en el símbolo de la fe religiosa de numerosos núcleos humanos. Ante esta acometida, según Arias, se presenta una seria preocupación por parte de la Iglesia Católica -“que funda su fe precisamente en la persona real, de carne y hueso, de Jesús de Nazareth y no en un mito o en un superhombre o en una idea abstracta”-, por cuanto no existen documentos de los tiempos de Jesús que atestiguasen, ni por parte judía ni por parte romana, la existencia del personaje.

Arias es aun más explicito cuando afirma categóricamente, basado en sus estudios, que actores cristianos tan importantes como Pablo de Tarso, son un simple mito, una creación colectiva y desesperada de un grupo de hombres que se negaban a abandonar su fe: “los seguidores del mito alegan que no solo Jesús, sino también Pablo de Tarso –que, según algunos, sería el verdadero fundador de la Iglesia Católica- fue fruto de una creación literaria de unos grupos que hicieron un cóctel de otros mitos religiosos, desde el judaico a los griegos y egipcios”.

Las diferentes pesquisas sobre la real existencia de Jesús han sido frustrantes por cuanto es muy poco, o casi nada, lo encontrado. El filosofo Filón de Alejandría, no menciona en ninguno de sus cincuenta escritos el nombre de Jesús, a pesar de que se interesa por la gran actividad de sectas y movimientos dentro del judaísmo de aquel tiempo “y Filón conocía muy bien, por ejemplo, a Pilato, de quien habla en sus obras…”. Preocupante para los seguidores de Jesús que el historiador Justo de Tiberiades”, contemporáneo del considerado Mesías, “tampoco lo cita a pesar de haber escrito la historia de Palestina desde Moisés hasta setenta años después del supuesto nacimiento del profeta”. El único historiador que cita a Jesús es Flavio Josefo (se comprobó que fue una falsedad literaria, un agregado posterior), pero únicamente en dos pasajes y en una forma indirecta al relatar el martirio de Esteban. La explicación, para algunos historiadores, puede darse en el hecho de que Jesús, si existió, “pudo haber tenido muy poco influjo en la sociedad de aquel tiempo, no mereciendo, por tanto, el honor de la crónica”.

Los únicos documentos con los cuales cuenta el investigador serio son los evangelios, escritos entre sesenta y cien años después de la supuesta muerte y resurrección del profeta de Galilea y escritos por personajes que nunca conocieron directamente a Jesús. Pero estos documentos no son históricos y únicamente responden a la fe de un grupo de creyentes. Los cuatro evangelios conocidos fueron seleccionados de un grupo mayor, los cuales posteriormente fueron declarados apócrifos. La decisión de seleccionar algunos escritos evangélicos fue tomada en el Concilio de Nicea del año 325 gracias a un milagro, tal como se cuenta en la obra titulada Libelus Syndicus: “El milagro consistió en que, de todos los evangelios que existían, los cuatro que hoy conocemos como inspirados se colocaron solitos sobre el altar, tras haber ido volando hasta allí”.

Cabe preguntarse con Paulo de Coelho “Si Jesús no hubiese existido, ¿cómo sería hoy nuestro mundo? ¿Cómo hubiese sido el arte, la música, todo nuestro sistema de pensamiento? Pero cuando mencionamos el nombre de Jesús, ¿de qué Jesús estamos hablando…?”. Seguramente la respuesta a estos interrogantes están dados en una verdad que unos se niegan a revelar y otros a aceptar.

Comentarios

Comentarios