El proceso natural de envejecer

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Por: Tirso Benavides Benavides

 

Avanza la campaña presidencial en los Estados Unidos. Los gringos se alistan para decidir si el actual presidente, Joe Biden, se queda otro periodo, o si Donald Trump vuelve a la Casa Blanca.

En días recientes el debate electoral se desvió un poco de las propuestas y los temas programáticos para fijarse en asuntos más humanos, como la mala memoria del candidato demócrata que sus críticos atribuyen a su avanzada edad, 82 años. Aunque llama la atención que la mayoría de estos críticos apoyan al republicano, que por más que se tiña el pelo de rubio, ya carga con 77 años a sus espaldas y cuyo actuar estrafalario podría ser fruto de una locura senil.

¿Es la edad una inhabilidad para ejercer un cargo que conlleve altas responsabilidades?; independientemente de las edades establecidas para la jubilación, ¿Hasta cuándo somos útiles para la sociedad?

Todo es relativo, o eso pienso. Todos estamos predestinados a llegar a esta etapa otoñal de la vida, pero cada quien vive este proceso natural de envejecer a su manera.

Es innegable que el paso del tiempo hace mella en el ser humano. En lo físico es más que evidente, van disminuyendo habilidades y apareciendo ciertos males, las pastillas (con fines variopintos) siempre en la mesa de noche, el acto de agacharse se acompaña del traqueteo óseo como banda sonora.

En cuanto a lo mental, sin embargo, en muchas culturas la vejez ha sido sinónimo de sabiduría.  Y es que como es lógico, la experiencia y el conocimiento que acumula una persona es mayor entre más años viva, mucho más en aquellos que han empleado buena parte de sus días preparándose en su campo, sea este el que sea.

Sin ir más lejos, en nuestros pueblos indígenas desde tiempos ancestrales son los ancianos los que mandan. Un ejemplo viviente, a pesar de que murió hace poco, es o fue el taita Querubín Queta quien vivió más de 100 años, digno de un respeto pleno de los Cofán sin que para nada cuente su edad.

En contraste, en el mercado laboral ya eres viejo desde los 40, o incluso antes. Aunque aún no asomen las canas, aunque las arrugas sean una amenaza futura, las empresas tienen otro filtro. Entre más pasan los años las puertas de un empleo formal se cierran. Y si estás en la edad pre pensional se clausuran.

Critican al viejo Biden por su mala memoria. Pero apuesto que tiene mejor memoria que cualquiera de los jovencitos que han crecido con el celular en la mano. Antes, todos éramos capaces de recitar sin miedo al error la dirección de nuestras casas y los números de teléfono de varios de nuestros allegados. Yo aún me acuerdo de muchos de estos datos. Ahora le hemos dejado esa tarea a los aparatos. Me acuerdo el número fijo de mi casa de infancia, pero no el del apartamento en el que vivo. Así es la memoria.

Voy llegando a los 50. Convencido de que el cerebro es un órgano, que como todos los otros del cuerpo, si se ejercita continuamente se fortalece. Confieso mi temor a una enfermedad como el Alzheimer, por eso leo, por eso estudio, por eso escribo esto que escribo, tratando de luchar en contra de un proceso inevitable.

Todos, si no nos morimos antes, llegaremos a viejos.

Nota: Esta era mi columna dominical, pero apenas se publica hoy lunes. Se me olvidó enviarla. Cosas de la edad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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