Atónito y con algo de hilaridad hace no más de tres semanas observaba una breve entrevista al expresidente Andrés Pastrana, quien sin pruebas pero sin dudas, afirmaba que el ciclo de protestas en Colombia respondía a una estrategia internacional que buscaba desestabilizar a la democracia más vieja del continente. Con no menos gracia, pero sí con mayor preocupación, leí el fin de semana pasado múltiples columnas y editoriales en los principales periódicos del país donde se cuestionaba el proceder de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y por consiguiente se desestimaba el informe y las recomendaciones emitidas por este órgano de la Organización de Estados Americanos (OEA), creado para la observancia y defensa de los derechos humanos en el hemisferio.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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