La deforestación se duplica en Nariño

El más reciente informe del Sistema Nacional de Alertas Tempranas para la Deforestación en Colombia del IDEAM, nos indica un aumento del 8% en la deforestación nacional.   Entre 2018 y 2019 Colombia tuvo un avance en la reducción de la deforestación en un 19%, sin embargo, las cifras actuales arrojan un aumento que prende las alarmas en Colombia y deja muy mal parada la gestión contra la deforestación en Nariño, problema que debe empezar a verse como Estado y no de Gobierno en este paraíso al sur.

Km´s  de madera esperando el agua de puja en Salahonda

Colombia pasó de deforestar 158.894 ha de bosque en 2019, a deforestar 171.685 en 2020, asunto previsible a la luz de la difícil situación en la gestión de lo público que resultó tremendamente convulsionante para el Estado y muy aprovechable para quienes podían en los bosques sacar tanta madera como el tiempo permitiera.  Como se alertó en numerosas ocasiones, la Amazonía colombiana ha tenido un aumento en la deforestación en casi 11.000 ha de bosques, pasando de 98.256 ha en 2019 a 109.302 ha en 2020 y representando el 64% de toda la deforestación nacional

Los vectores de deforestación, es decir, los motivos por los que se destruye el bosque siguen siendo los mismos hace décadas, con variantes en su relativa extensión y propósito, el   acaparamiento de tierras, ganadería extensiva con malas práctica, infraestructura de transporte ilegal, cultivos de uso ilícito, tala ilegal y ampliación de la frontera agrícola son los integrantes de esta lúgubre marcha que nos cuenta los minutos.  El aumento en las zonas donde se vienen adelantando numerosos proyectos de reducción de la deforestación nos invita a preguntarnos ¿Qué es lo que no está funcionando adecuadamente?

Si revisamos el caso de nuestro departamento habremos de encontrar en Nariño un alarmante incremento en la deforestación entre 2019 y 2020, pasando de deforestar 2.333 ha al año en 2019, a deforestar 4.930 ha/año en 2020.   Si vamos hacia atrás, en 2017 se registró una deforestación de 5.048 ha, que para 2018 bajó a 2.833, y para 2.019 continuó bajando, para finalmente duplicarse en 2020.  Un análisis ligero podría señalar que la pandemia exacerbó el fenómeno, sin embargo, lo interesante del asunto es el cambio en los municipios que puntean, pasamos de tener el mayor registro de deforestación en Tumaco, para tenerlo en El Charco; adicionalmente municipios andinos empiezan a aumentar su deforestación.

En Nariño la deforestación cabalga sin tregua,  y sería miope preguntarse ¿Dónde esta CORPONARIÑO?, no por qué no quepa en su responsabilidad el preocupante salto en la deforestación, sino porque esta responsabilidad es un asunto de toda la sociedad Nariñense, todos somos responsables de comprar madera ilegal, somos responsables de comprar leche a costa de los páramos, somos responsables en el consumo de los productos que están jalonando la deforestación, tanto responsables, como posible fuente de control es la sociedad nariñense.  Consumo consciente implica saber a donde pongo el dinero de mi tiempo y trabajo, si en productos que me garantizan una producción limpia y sostenible, o por un descuento de algunas monedas hipotecar el futuro y la sostenibilidad de nuestro departamento comprando productos que se producen a costa del equilibrio ecológico de las regiones.

Escribo estas líneas a pocas horas de comenzar el segundo taller de crecimiento verde que, con el Instituto Global de Crecimiento Verde, la Alcaldía de El Charco y Raíz Fuerza Natural S.A.S adelantamos en este municipio.  Subiendo de Tumaco en el paso de Salahonda estaban encallados kilómetros de madera que esperan el agua de puja para seguir su cauce hacia el lavado de registros, si, a la vista de tod@s la madera se saca ilegalmente hacia Buenaventura para un blanqueamiento con permisos de movilización de madera comprados a funcionarios corruptos.  Tod@s lo saben, sin embargo, todo es silencio cómplice y los bosques y su biodiversidad asociada son tristemente una cifra más que se suma al reloj que cuenta los minutos para nuestra extinción, asunto que nos rehusamos a aceptar.

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