Fast & furious

¿Está cambiando el ciclismo?, ¿porqué un chico tan joven es capaz de doblegar con facilidad a tantos corredores experimentados?, ¿ha variado la edad de esplendor de un ciclista profesional?

Ante todo hay que aclarar dos cosas: por un lado, los cambios generaciones son ley de vida y hacen parte del ecosistema del deporte, de cualquier deporte. Salvo casos excepcionales siempre hay un período de transición que es bienvenido para la evolución de cualquier disciplina. Por otro lado, de cuando en cuando aparecen fenómenos deportivos que se imponen porque su biótopo y su destreza permiten que sea más fácil entrenarlos y triunfen con holgura.

Hasta hoy la edad para que un ciclista profesional alcance su pico máximo de rendimiento está entre los 25 y los 35 años. De hecho, la Unión Ciclística Internacional, UCI, determina que un ciclista es de élite cuando tiene más de 23 años. Hasta entonces es un Sub 23, o sea, un deportista no profesional. Y aunque esto también tiene que ver con aspectos legales, es fruto de estudios sobre los límites que puede alcanzar el cuerpo humano.

Pero esos Sub 23, hoy en día, cuando son detectados por los cazatalentos en cualquier parte del mundo, y firman con un equipo UCI World Team, tienen la oportunidad de desarrollarse más rápido por los sistemas de entrenamiento y la tecnología a su servicio.

Para nadie es un secreto que existen multitud de apps que miden tu esfuerzo y ese límite que eres capaz de alcanzar. Hasta hace algunos años eso no existía y todo dependía de cronómetro y pulsaciones. Y esas apps son el punto de partida de un laboratorio tecnológico. Un equipo de ciclismo como Bahrain Victorious, por ejemplo, tiene un convenio con un equipo de Fórmula 1 como McLaren; y el Ineos Grenadiers firmó hace dos años un convenio con Mercedes-Benz F1.

Así las cosas, conseguir que un ciclista alcance una potencia media de 375 a 420 vatios por hora es coser y cantar. Y como este es un deporte de resistencia, todo lo demás también se controla al milímetro: oxigenación, ácido láctico y sobre todo morfología para poder construir una bicicleta a tu medida según las características antropométricas de cada corredor. Unas bicicletas que tienen más piñones que las de antes, con lo cual se puede mover un mayor desarrollo en la montaña sin tanto esfuerzo. “Ya me habría gustado a mí escalar con tantos piñones”, decía hace poco Miguel Induraín, ganador de cinco Tour de Francia.

Si a todo esto le sumas downforce o carga aerodinámica para que circules mejor a través de un aparato llamado Túnel del Viento, tienes un auténtico Hombre Biónico, como el de la serie de televisión. Y como en la serie, aquí hay una gran inversión económica, multimillonaria, donde lo mínimo que pretende una empresa patrocinadora es que los triunfos en carrera duren mucho tiempo. Y ahí entra el factor edad.

Un ciclista Sub 23 asegura una escala de triunfos durante más años que un ciclista de élite. Adaptarlo a esta tecnología, encima, es más sencillo porque ha crecido en un mundo donde todo es digital y donde la transformación tecnológica va muy rápido. Son chicos que se sienten capaces de conseguirlo todo mucho antes de cumplir los 25 años. Y lo pueden conseguir, claro. Para la muestra Egan Bernal y Tadej Pogacar.

Hay un hecho singular sobre este último. Joxean Fernández “Matxin”, Sport Mánager del UAE Team Emirates, confesaba hace poco a Diario del Triatlón que el ciclista esloveno es tan joven que ni siquiera ha desarrollado completamente su musculatura y que apenas se le están notando las venas.

Quiere decir esto que el pico de rendimiento de este ciclista ya está aquí y que no sabemos que pasará cuando termine de formarse. Pero, ¿se ha forzado la evolución natural? Difícil saberlo todavía, aunque hay una premisa que suele ser invariable: si se madura pronto, se marchita pronto.

En Colombia se piensa que Nairo Quintana ya está para jubilarse. Pero tiene 31 años, cuatro menos de la supuesta edad de máximo rendimiento. En teoría debería dar mucho más, y sin embargo en el Tour le ha pasado lo mismo que al “caza-etapas” belga Thomas De Gendt quien aseguró: “Normalmente suelo hacer pedazos la carrera con mis valores en vatios y en esta ocasión estaba cien metros por detrás de un grupo de 70 corredores”.

Si eso es así, ¿qué pasa con la generación de Nairo; la de Supermán López, Esteban Cháves y Darwin Atapuma? Y dicho esto, ¿qué pasa con las nuevas estrellas colombianas?

Somos un semillero de ciclistas y los ojos del mundo están puestos en nuestras tierras (léase los equipos UCI World Team y UCI Pro Teams). Brandon Rivera, Brandon Rojas, Camilo Ardila, Einer Rubio, Harold Tejada, Jesús David Peña, Juan Diego Alba, Santiago Buitrago… La lista es larga y algunos ya han fichado por los grandes equipos europeos y árabes. Y a ellos habría que sumar a Diego Andrés Benavides, de Sibundoy, Putumayo, y a los nariñenses Arbey Cárdenas, Cristian Pastás, Jonathan López, Jorge Hernández, José Manuel Paz o Marlon Castro.

Posiblemente su salto a esta nueva era tecnológica que trabaja con Sub 23 sea cuestión de días. Falta ver si va en su beneficio o no.

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