Geotermia nariñense

¿Puede Colombia tener un sistema energético alternativo que proporcione electricidad a las ciudades, ayude en trabajos agrícolas y sea el equivalente del gas natural? Suena idealista, ¿verdad? Pero la respuesta es si. Es posible, y no se trata de la energía solar, la eólica o la orgánica, cuyos condicionantes ya los estamos viendo. Se trata de la energía geotérmica.

La energía geotérmica es la que sale del interior de la tierra. Según la temperatura o entalpía de los materiales escavados, se puede extraer agua del subsuelo y tratarla mediante turbinas para generar electricidad, calefacción o refrigeración. En las excavaciones se pueden encontrar diferentes temperaturas para diferentes usos industriales y domésticos.

Pero, ¿está en todas partes? No, principalmente en las zonas volcánicas, que son los poros naturales de la tierra. Colombia tiene un potencial en Parque Nacional de los Nevados en el centro del país, o en el Nudo de los Pastos, al sur, además de otros cuerpos volcánicos en las cordilleras. Dicen los estudios que la energía potencial es una de las más grandes del mundo.

El análisis no es nuevo. En 1993 se aprobó la Ley 99 sobre licencias ambientales, que se reglamentó al año siguiente, dando vía libre a la construcción de centrales generadoras de energía. En 1997 se hizo la primera perforación en el Nevado del Ruiz. Al poco tiempo aparecieron las primeras empresas interesadas en el tema, y los primeros estudios liderados por Colciencias. Pero a partir de allí se entró en una sucesión de leyes y decretos para regular esa explotación y conseguir que no afecte el medio ambiente.

Hace poco el Ministerio de Minas y Energía lanzó a consulta pública los lineamientos para obtener mayor conocimiento sobre los recursos que posee debajo del suelo, y aprovechar la geotermia. Su intención es «crear una cartografía geológica a escalas adecuadas para promover el desarrollo, conocimiento y aprovechamiento de los recursos minerales y la consolidación de la cadena energética». O sea, va lento.

Normal. En Costa Rica llevan 40 años en un proceso similar, porque la mayoría del potencial geotérmico está en zonas protegidas y parques nacionales. Por eso, en Colombia apenas el año pasado empezaron los proyectos piloto en Casanare y Meta. Ya que los volcanes son zonas protegidas, los estudios se deben hacer utilizando agua caliente derivada de la perforación petrolera. De los resultados de esos proyectos piloto dependerá el futuro de la explotación volcánica. Y allí Nariño tendrá mucho que decir, porque se convertiría en fuente de energía para todo el país.

El futuro pinta bien, pero es en el presente donde está el problema. Germán Corredor, del Servicio Geológico Colombiano, decía al diario La República, que hace falta promoción por parte del sector público en este tema. De allí que haya un reducido interés por parte del sector privado, y que salvo el de la empresa Isagen en el Nevado del Ruíz, no haya una «perforación directa que permita afianzar con certeza los recursos». Además, nuestros gobernantes no suelen pensar a tan largo plazo y esto, sin duda, lleva tiempo.

Está comprobado que la energía geotérmica es ecológica, es segura, es inagotable, no depende de los precios de la energía actuales y permite un ahorro económico a largo plazo. Sin embargo, tiene algunas desventajas y el largo estudio de la geografía, clima y carga energética de los sitios donde se instale, es una de ellas. Luego habrá que ver el tema de los precios de instalación, que es el principal problema de la energía solar a día de hoy. Pero desde mi punto de vista son mayores las ventajas.

Si pisamos una mina de oro, deberíamos aprovecharla, aunque posiblemente sus beneficios no los veamos nosotros sino las generaciones que nos siguen.

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