Hijos e hijas de la rebeldía: Nariño Sin Glifosato

Hace ya más de 200 años, un hecho político determinó en gran medida como nos vería el resto de Colombia. La oposición a los vientos de “cambio” que acompañaban al ejército republicano de Simón Bolívar por parte del militar realista Agustín Agualongo, seria narrada por los vencedores como el mayor gesto de sumisión y en el sentido común de toda la nación pasaríamos a ser los “otros”… los tontos.

Sin entrar a analizar en detalle las razones por las cuales Agualongo se opuso a la empresa republicana, he querido traer a colación este acontecimiento histórico para recordar otro hecho político que quizás pueda marcar nuestro presente: la oposición del exgobernador de Nariño, Camilo Romero, al retorno de la aspersión aérea con glifosato a cultivos declarados de uso ilícito en audiencia pública ante la Corte Constitucional el pasado 7 de marzo de 2019, siendo para entonces, Nariño el departamento con más cultivos de hoja de coca en Colombia.

En esta audiencia, palabras más palabras menos, el exgobernador Romero buscó algo clave en política: superar las diadas que se anulan y elevar la discusión hacia una tercera opción. ¿Cómo? Primero, advirtió desde la apertura de su intervención que representaba la voz de las regiones, aquellas otrora negadas por la corona española, pero también, en el marco de la república, por los que sucedieron a Bolívar en el poder; segundo, desinstaló el falso dilema según el cual quienes nos oponemos a la aspersión con glifosato vamos en contravía de la lucha contra el narcotráfico, mostrando que todos le apuntamos a este fin; tercero, evidenció que quienes apelan al desconocimiento de consideraciones ambientales para el uso del glifosato aduciendo que el daño ambiental ya está causado por la existencia misma del cultivo, equiparan la acción del Estado a la de empresas criminales; cuarto, se pregunta por qué si hubo un reconocimiento del Estado colombiano de las afectaciones a la salud por efecto del glifosato fumigado en la frontera con el vecino país del Ecuador, la posición cambia cuando se trata de nuestro propio territorio y nuestros conciudadanos; y quinto, señaló la ambigüedad frente a la sustitución concertada de cultivos declarados de uso ilícito consignada en el propio Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022, para terminar priorizando la aspersión aérea con glifosato y la erradicación forzada por encima del desarrollo alternativo, poniendo en riesgo el ambiente y las vidas humanas.

Desafortunadamente, hoy sabemos bien que para el Gobierno Nacional estos argumentos no fueron suficientes, y que ante todo, al igual que hace más de 200 años, la voz de las regiones ha vuelto a ser desconocida. Para Nariño, esta realidad puede acarrear la profundización de la crisis humanitaria que ya se experimenta en el territorio, al tiempo que un gravísimo atentado a la biodiversidad, sobre todo, en la región del pacifico nariñense, que paradójicamente, fue presentada a mediados de 2020 como la primera “Zona Futuro”, piloto de la implementación de una estrategia que reproduce el tratamiento militar de las problemáticas sociales ya mandado a recoger.

Bajo este escenario, propongo dos caminos no excluyentes: primero, que los políticos que representan en el Congreso de la República al departamento de Nariño hagan respetar nuestro territorio y a los y las ciudadanas que los habitan (¿será mucho pedir?); y segundo, que la ciudadanía se manifieste en contra de un flagelo ya experimentado, pues hace no muchos años vimos las montañas y ríos nariñenses bañados en glifosato, de lo que no quedo más que desplazamiento forzado, la dispersión de los cultivos a parques y reservas naturales y la vulneración de los derechos a la salud de miles de ciudadanos.

Finalmente, el hecho político que rememoro, por más diferencias que puedan haber con el exgobernador, fue una clara manifestación de dignidad y respeto, que hoy, en tiempos de crisis climática y recrudecimiento de la violencia, le hablan a todo el país sobre la posibilidad de resolver nuestros conflictos sin apelar al veneno, en sentido literal y figurado. ¿Quiénes serán los tontos ahora que nos debatimos entre darle vida a la vida o darle futuro a la muerte?

Coda: De acuerdo a los datos de Naciones Unidas, donde opera la erradicación forzada o la aspersión aérea con glifosato, el porcentaje de resiembra es mayor al 30%, mientras que con sustitución de cultivos, inferior al 1%.

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