Holman Cabrera, artesano del carnaval, “En el taller sólo con mirar se aprende”.

El artesano llora desconsolado

Porque no puede pintar su sombra

Mario Rodríguez Saavedra

Por: Carlos Valencia*

“Me falta el primer lugar”, dice Holman Cabrera, con parsimonia, refiriéndose al desfile del 6 de enero del Carnaval de Negros y Blancos, en la modalidad carroza motorizada y afirma: “Tenemos muchas ganas de volver a participar en Pasto, pero eso es un proceso y hay que hablarlo con la familia”. Entre sus logros el maestro ha ocupado el primer lugar tres veces consecutivas en el Carnaval Multicolor de la Frontera de Ipiales; segundo, tercer, cuarto, quinto lugar en el Carnaval de Pasto.

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Holman se baja de un chevrolet sprint color azul turquesa, está parqueado al frente de una tienda en la calle principal de Carlosama, pueblo en el que nació, estudió el bachillerato y el lugar donde aprendió, desde niño, a construir carrozas para el Carnaval. Detrás de unos lentes, un jean azul y una chaqueta gris, para tolerar los 11 grados que hacen al atardecer, se esconde la estampa y el talento de un artesano.  Me acerco a él, lo abordo: “Maestro Holman, buen día”, le digo. Él vuelve su mirada hacía mí. “¿Sí, en qué le puedo ayudar?”, dice. “Me gustaría conversar sobre su arte, hacerle unas preguntas sobre el carnaval para escribir una nota”. Mientras busca una tarjeta de presentación en su billetera, comenta: “Es bueno que se escriba, escribir es bueno y más aún sobre los artesanos, eso nos visibiliza”. La tarjeta que me ofrece, anuncia: <<Holman Cabrera, Licenciado en Artes Visuales. Artista del Carnaval de Negros y Blancos. Escultura decorativa. Escultura Monumental. Escenografías. Aerografía. Capacitaciones>>. Quedamos a encontrarnos el día de mañana a las 8 de la noche en su casa. “Me llama antes, para confirmar”, dice Holman.

Carlosama hace parte de la frontera efímera de los límites de Colombia con el Ecuador, posee una población aproximada de nueve mil habitantes. En el centro del parque municipal, frente a la alcaldía, se erige una estatua de cuerpo completo del General Tomás Cipriano de Mosquera, en su base hay una escultura a modo de bastidor que retrata la batalla de Cuaspud de 1863 entre los ejércitos de Colombia y Ecuador. La escultura se divide en dos escenas: del lado de los vencedores, se observa a una mujer empuñando un fusil, un caballo erguido en sus dos patas, altivo, señala la victoria; por el lado de los vencidos, varios cuerpos yacen muertos besando la tierra; la escultura la firma el maestro Holman en el mes de diciembre del año 2013, retrata una escena de la historia totalmente opuesta a la labor que el maestro Holman a dedicado casi toda su vida… el carnaval.

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La niebla cubre la luz de las lámparas del alumbrado público de las calles de Carlosama. Llamo a la puerta dos veces, por el balcón del segundo piso se asoma la señora Aidé Paspur, madre del artesano, le digo que estoy buscando al Maestro, ella me responde que lo espere un momento, que no demora “Se fue a guardar el carro”. Pasados 10 minutos Holman, llega a su casa. Abre la puerta, caminamos por un zaguán color amarillo luminoso, en la sala hay un escritorio encima un computador, un vhs que se ha estancado en el tiempo, un equipo de sonido. En la pared cuelga una pintura, la hizo Holman cuando era estudiante de la Universidad de Nariño, me explica que su profesor tomó el estudio de la Habitación de Van Gogh y les hizo pintar algo similar. “El del cuadro soy yo, ahí todavía estoy flaco”, expresa, sonriente. Van Gogh pintó la habitación de la casa amarilla en Arlés, soñando con un lugar habitado por artistas, convivió una temporada con Paul Gauguin, ese sueño de un lugar propicio para la creatividad en Nariño lo es el taller en el Carnaval como morada y encuentro con el otro.

Holman de niño asistía a los talleres donde se construían las carrozas para el Carnaval de su pueblo, su Tío Raúl Paspur era integrante del Club América, su otro Tío Oscar Paspur, era el líder del Atlético Carlosama y como tradición del pueblo, cada grupo o club social, elaboraba una carroza para el año nuevo, así comenzó Holman a humedecer su alma con el carnaval, con sus manos untadas de engrudo y su corazón latiendo de colores. “A mí me gustaban los olores, mirar el papel encolado, mirar como pegaban, me unte tratando de ayudar a pegar; el olor del engrudo, el olor del pegamento que se utiliza, todo eso se va quedando en uno”, expresa el Maestro.

Cursó el bachillerato en el colegio Camilo Torres de Carlosama, era un estudiante destacado en las artes, recuerda con aprecio a su profesora de Educación Artística Narcisa Velasco. En el grado noveno el Maestro y sus compañeros de colegio construyeron la réplica de una retro excavadora, simulando los movimientos hidráulicos de la máquina, fue cuando se dio cuenta que era un líder, él fue quien tomó las riendas para hacer andar ese primer proyecto. “De hecho si nos vamos un poquito como a la historia de Carlosama, las carrozas de aquí, me cuentan, eran famosas por los movimientos que utilizaban, a pesar de que esos monigotes no eran muy bien elaborados, vestidos con ropa precisamente para que permitan un buen movimiento; entonces desde ahí empieza a existir como una raíz, por eso nos gustan los movimientos en las carrozas”, expresa.

En grado decimo, con su grupo de amigos fundan el club social los Golden Boys, organizaban fiestas, asados, paseos y en fin de año construían carrozas; competían directamente con otros grupos de la misma generación como los Wilches, Danger, Challenger, Frigüis. “Eramos como los más chiquitos, hacíamos fiestas de aniversario cada año, y en esas cosas los clubes empezaban a hacer sus carrozas, sus comparsas, entonces notábamos que los Friguis hacían su carroza, los Challenger hacían su carroza, Wilches hacían su carroza, entonces nosotros teníamos que hacer nuestra carroza”, cuenta el Maestro. Durante cinco años el grupo estuvo vigente.

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“Así como bien perdido me fui a estudiar medicina, no había una orientación vocacional”, expresa Holman. Estuvo en Quito durante un semestre estudiando medicina, luego volvió a Colombia y se trasladó a Cali a la Universidad del Valle a estudiar Ingeniería Eléctrica y terminó dos semestres. Asegura el maestro que, durante ese tiempo de búsqueda personal y profesional, siempre volvía al pueblo a construir sus carrozas, a vivir el carnaval haciéndolo. En la Universidad del Valle se relaciona con las artes y la arquitectura, entonces ve la necesidad de un soporte técnico y teórico para su pasión: las carrozas, es así como llega a la Facultad de Artes de la Universidad de Nariño, con la convicción de aprender y el talento en las manos.

“Pero la verdad no se aprende en la universidad, uno va con la expectativa de que el carnaval lo va aprender en la universidad, pero son otras cosas, en la universidad son más conceptos, más técnicas, el carnaval en sí cuando yo entro, venía a hacer algo muy popular, no era académico, mirado bajo el hombro, algo más artesanal y no artístico. Uno adquiere conceptos de estética, conceptos de composición. En los talleres solo con mirar se aprende”, expresa el Maestro.

Para ese preciso momento empezó la talla en icopor, era el boom, lo nuevo que se podía hacer, anteriormente era la técnica tradicional de modelado en barro y el papel encolado. El maestro Roberto Otero investigó y trajo esa técnica de las fiestas de las Fallas de Valencia, innovo el carnaval y todos los artesanos comenzaron a utilizarla, es una técnica muy versátil, muy liviana y rápida, permite hacer las carrozas más grandes, de más volumen. Para el año 2006 el tío de Holman que participaba y ganaba en Carlosama con sus carrozas, es invitado a participar en el Carnaval Multicolor de la Frontera en Ipiales, “vengo en temporada de vacaciones y le ayudo, fue cuando termino desplazándolo, siendo el líder, vamos con la carroza y ganamos en Ipiales, eso era un triunfo pues Carlosama ganar en Ipiales, viene el siguiente año y hacemos la misma hazaña, viene el siguiente año y ganamos nuevamente. Decidimos no participar más y es cuando empiezo a buscar por nombre propio la participación en el Carnaval de Pasto”. Para el año 2010 Holman ocupa el segundo lugar en el Carnaval de Negros y Blancos en la modalidad de carroza no motorizada lo que le procuraba un cupo directo para su participación el año siguiente en la categoría de carroza motorizada. Así se pintan las historias detrás de los aplausos del 6 de enero en la senda del Carnaval.

* CARLOS VALENCIA. (Carlosama, 1994). Ha publicado poesía en la revista: Letralia de Venezuela; Versos Compartidos de Uruguay, Letras como Espada de España y en ITA Editorial “Habitar las cenizas”.  Invitado a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO 2018), Fundación Plenilunio.

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