La avenida

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

A propósito de las manifestaciones y protestas que han inundado nuestras calles pastusas en estos días, y de los rastros que esto deja a su paso, déjenme contarles una historia.

En 1956 se construyó el Barrio Palermo, una obra liderada por el Instituto de Crédito Territorial en terrenos adquiridos a la familia Zarama. Al principio fueron cuatro teóricas manzanas únicamente, pero la enorme acogida y la necesidad de vivienda en la ciudad hizo que la construcción del barrio se fuera extendiendo carrera a carrera hacia el centro. Eso si, estaba delimitado por dos calles: la 18 y la 20.

Sobre esta última se comenzó a construir igualmente una avenida, que sirviera de entrada elegante a Pasto, si se llegaba desde el flamante aeropuerto Cano junto a Chachaguí. La avenida iba camino de convertirse en el orgullo de la ciudad con sus vías en doble sentido y su separador arborizado. Es decir, con un concepto de boulevard.

Aquella revitalización de la ciudad fue todo un acontecimiento y la nueva vía, a la que se le dio el nombre de Avenida Rojas Pinilla, tendría como colofón un obelisco diseñado y construido por el prestigioso arquitecto pastuso Alberto Moncayo Navarrete, con estudios estructurales del ingeniero Hugo Romero. El diseño de Moncayo era una letra griega Omega en relieve. Si Alfa era la entrada a Pasto, Omega era el final de la majestuosa avenida.

Era el tiempo del Gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo empeño en las obras públicas como factor de desarrollo, determinó buena parte de la transformación urbana de Pasto, incluyendo coliseo, aeropuerto y los barrios Obrero y Palermo, amén de otras construcciones. Sin embargo, a finales de aquel año, el desencuentro de su Gobierno con la población fue dando paso a un rechazo social que, como el barrio, fue extendiéndose sin parar.

Así las cosas, una serie de acontecimientos políticos de diferentes tipos derivaron en sucesivas manifestaciones estudiantiles y un paro generalizado de la industria en todo el país. Hubo caos, hubo exceso de fuerza, hubo desmanes, hubo todo eso y más. En pocos días Colombia iba camino del desastre económico y en plena escasez alimentaria, todas las obras públicas en marcha se vieron afectadas.

El momento álgido se dio a comienzos de mayo de 1957. Los diarios dejaron de circular, los bancos cerraron y los estudiantes universitarios pastusos se concentraron en la nueva avenida para la marcha multitudinaria definitiva. Las llamadas Jornadas de Mayo desembocaron en la llegada al poder de una Junta Militar, entre cuyos integrantes estaba el general Edgar Piedrahita, Ministro de Obras Públicas y encargado de las transformaciones urbanas en Pasto.

Por aquella razón la calle 20 dejó de llamarse Avenida Rojas Pinilla y se conoció desde entonces como Avenida de los Estudiantes.

La avenida, en efecto, cambió la cara de la ciudad. Durante años estuvo rodeada de casas elegantes que alternaron con emisoras de radio y con Cedenar. Luego se construirían el Hotel Morasurco y el Hospital Infantil en su Alfa y en su Omega respectivamente. Y el obelisco pasaría a ser símbolo de Pasto.

Sin embargo, su significado se perdió con el paso del tiempo y las nuevas generaciones nunca supieron de que se trataba. Algunos decían que visto desde el aire simulaba las letras L y G. En fin. Suele suceder con las obras de arte conceptual, nos impactan y nos gustan aunque no las entendamos.

Tampoco las administraciones locales lo entendieron y es una pena porque su forma pudo haberse convertido en la marca de Pasto, así como los pétalos de flor para Medellín, la A con Monserrate para Bogotá, la cruz y la corona para Buga o el electrocardiograma para Cali. Las marcas-ciudad sirven como identificación, pero también para estimular el turismo y fortalecer una reputación ciudadana.

Hoy las manifestaciones lo llenan de pinturas y sprays. Ojalá mañana la conformación de brigadas sea para dejar nuestros monumentos arquitectónicos limpios, que pasen de ser víctimas a elementos triunfadores y de mostrar. Todas estas construcciones simbolizan las luchas y los esfuerzos de una población a través de su historia, y sob obras de arte, y el arte es mejor admirarlo.

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