La Casa de la Cultura de Nariño recupera su nombre pero no cumple su misión

La Casa de la Cultura de Nariño, se creó como el modelo original de las Casas de la Cultura de Francia, ideada por el escritor André Malraux como ministro de cultura de Francia de 1959 a 1969, durante el gobierno de Charles de Gaulle. Lo hizo por la necesidad histórica de tener espacios para crear, promover la cultura en sus diferentes expresiones para que la vida tenga un sentido más humano y espiritual.

En el origen de la Casa de la Cultura de Nariño, tuvo que ver la Casa de la Cultura de Bogotá, fundada en la década de 1960 y la Casa de la Cultura Ecuatoriana, ideada por el escritor Benjamín Carreón, en los años 50 que tiene sucursales en las principales ciudades del país.

Cuando la Casa de la Cultura de Nariño había abierto el auditorio, la biblioteca, una sala de exposiciones y de música y se había convertido en un centro de cultura, el gobernador Arellano mediante decreto intervino en la Casa, para acabar con su autonomía, nombrar director a un diletante, y convertirla en una dependencia departamental al servicio de la burocracia, de los políticos.

Otro gobernador, cuyo nombre no vale la pena recordar pero que figura en la lista negra de los enemigos de la cultura, la suprimió en 2003 con el pretexto que daba pérdidas al departamento, como si la cultura diera utilidades y contribuyera a sostener la burocracia.

Otro, para tratar de remediar el entuerto, la convirtió en Pinacoteca, como si la cultura se redujera a las artes pictóricas, a una sala múltiple de exposiciones, con exclusión de otros campos de la cultura, situación que se conserva actualmente.

Pero no todo ha sido negativo y el gobernador de Nariño, Jhon Rojas Cabrera, le ha devuelto el nombre original con que fue fundada en 1966 por ordenanza de la Asamblea departamental, pero no ha cumplido en sentido estricto, las funciones para que fue creada.

De ahí la necesidad y urgencia de que se reabra el auditorio, la biblioteca en la sede central, pues no se concibe una Casa de la Cultura sin biblioteca, para lo que estoy dispuesto a hacer una donación de libros, como lo hizo mi padre Emilio Bastidas cuando se fundó la Casa.

Es necesario que la Casa de la Cultura recupere su autonomía administrativa y tenga presupuesto propio, que su director tenga título universitario en ciencias humanas o sociales.

Se requiere que la Casa ofrezca cursos de cultura general en literatura, pintura y música para una formación básica.

Solo así podrá cumplir un papel digno y merecer el respeto, el apoyo general y convertirse en un centro de cultura, de lectura, si formara una gran biblioteca.

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