La crisis del papel

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

No hay papel para libros. Me lo han dicho por activa y por pasiva los diferentes impresores con los que he hablado estos días. Hay una crisis mundial, lo que ha elevado los costes de producción hasta tal punto que el encarecimiento ya no es el principal problema. El asunto es que no hay papel.

¿Debería esto preocuparnos? Por supuesto, porque afecta la lectura en todos sus frentes, incluyendo la de los libros de texto escolar. Y además no deja de ser irónico porque estamos en la época del siglo XXI donde más se lee y más libros se compran. Es algo que nos dejó la pandemia. Por mucha lectura digital que haya, cada día hay más libros en circulación.

Para entender lo que pasa debemos pensar que el mercado del papel es globalizado y que un atasco en su origen genera un retraso en su destino. España, por ejemplo, compra pasta de papel en Finlandia y en Canadá, pero una huelga que duró casi dos meses a comienzos de este año en la empresa finlandesa UPM Kymmene, la mayor fabricante de papel gráfico del mundo, ha hecho que las imprentas españolas no puedan cumplirle a muchos de sus clientes en lo que resta del año. En total son 19 países europeos los afectados.

A esto se suma el transporte. La invasión de Rusia a Ucrania disparó los precios del combustible y el sector del transporte se declaró en huelga en marzo. De este modo, todo el sector comercial se vio afectado. Un ejemplo: la papelera más antigua de España, Papresa, fundada en 1896, paró su producción. Millones de euros sin facturar y sus empleados a la calle.

¿Cómo afecta esto a Colombia? Pues lo ejemplifico con un presupuesto que solicité a una imprenta colombiana. «Ese papel que me pides no lo tenemos», me dijeron. Y las alternativas que me dieron estaban lejos de ser similares. «Quizás para 2023 podamos satisfacer tu demanda» fue la conclusión.

Según Fenalco Antioquia esto se veía venir desde el año pasado. «Ante el incremento de la demanda en el mundo, se vienen presentando problemas logísticos para el transporte de carga marítima, con menos contenedores disponibles, fletes más costosos y retrasos en entregas», afirman. Es decir, todo lo que sea importado se encarece, pero si es la materia prima la que se encarece, entonces los precios se disparan.

Explico brevemente lo de los contenedores: las restricciones de entrada a los países por la pandemia hicieron que se retrasara la entrada de barcos a puerto durante casi todo 2020 y parte del 21, de modo que esos contenedores se quedaron en los barcos, no se vaciaron y no volvieron a origen. Era como si hubiesen desaparecido. Ahora apenas se empiezan a mover, pero el retraso ha sido de magnitud colosal. El transporte marítimo mueve más del 80% de lo que se consume en el mundo.

¿Quién tiene la culpa? «Hay que ver esto, más bien, como una tormenta perfecta», me dicen en Penguin Random House, una de las pocas multinacionales que se han ido salvando de esta crisis porque su volumen de producción la hace adquirir el papel a las propias fábricas y sin intermediarios. Pero si traslado la misma pregunta al pequeño impresor, hay un nombre que sale a relucir, no como un culpable, sino como un protagonista inesperado: Amazon.

«Durante el confinamiento se presentó un aumento en la compra de productos que iban empacados en papel o cartón, como alimentos y medicamentos, lo cual generó una mayor demanda por cajas de cartón y bolsas de papel, y todas las máquinas comenzaron a producir este tipo de material y no pudieron suplir los altos niveles de demanda», explican desde Medellín. «Al sector editorial se le ha venido encima la competencia del aumento del uso de papel para embalajes», dicen desde Helsinki.

Entonces ¿cuál es la solución? Según parece, hay diferentes soluciones aplicables a cada momento del proceso de producción. En el caso del editor es inevitable un estudio de mercado y trabajar con una preventa. Es la única manera de saber que cantidad de ejemplares puedes hacer y si a tu cliente no lo afecta usar otro tipo de papel diferente al pensado originalmente.

Por supuesto, hay editoriales de lujo que no se pueden permitir esta opción. En su caso no hay más remedio que subir el precio, y el sector editorial confía en que eso no genere a la larga un efecto dominó.

Y hay editoriales con vocación ambiental que tampoco podrán cumplir con sus deseos. El papel reciclado y el papel certificado (cuya pulpa proviene de bosques gestionados responsablemente) ya no está tan a la mano, pues sufre igualmente con el transporte y la demanda lo ha superado.

Y ahí está el quid del asunto: el equilibrio entre oferta y demanda se ha ido al garete. La oferta hoy por hoy es mínima mientras que la demanda es la más alta de la historia reciente.

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