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Vivir serenos, hablar despacio, cuidar los sueños, bañarse en bolas de fuego, exhalar las energías sobrantes, alimentar el espíritu. Alcanzar la ensoñación para descubrir las fuerzas del universo, la poética del yo. Aproximarse a un mundo inédito evitando caer en las trampas del ego, la vanidad, los entretenimientos sociales, las apariencias.

Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.

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