Paz, Pacto, Petro

Hace ya más de cuatro años, en un lluvioso 2 de octubre de 2016, los ciudadanos nariñenses le dijimos si a poner fin a una guerra de más de 50 años. El 64% de los votantes en todo el departamento manifestó su voluntad de construir paz en y desde los territorios. Como era de esperarse, los municipios más afectados por el conflicto armado, la presencia de cultivos declarados de uso ilícito y la debilidad institucional apoyaron con mayor contundencia lo pactado en el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. En municipios como Barbacoas, El Charco, La Tola, Magüí, Mosquera, Olaya Herrera, Francisco Pizarro, Ricaurte, Roberto Payán, Santa Barbara y Tumaco 8 de cada 10 ciudadanos en promedio le apostaron a la paz.

Si bien cada elección tiene sus particularidades, máxime si se trata de consultar a la ciudadanía su apoyo o no a la paz, un análisis cuantitativo de los resultados de las consultas presidenciales celebradas en el pasado mes de marzo refleja un comportamiento similar en los municipios antes señalados donde 8 de cada 10 votantes en promedio participaron de la consulta del Pacto Histórico. Esto da cuenta de la existencia de una relación directa entre quienes le apostaron a la paz en 2016 y quienes ahora apoyan la propuesta política del Pacto Histórico, representada en la candidatura presidencial de Gustavo Petro y Francia Márquez.

Esta coincidencia no sorprende, pues para nadie es un secreto que la consulta del Equipo por Colombia en la que ganó Federico Gutiérrez representa a quienes en el plebiscito de 2016 se opusieron al Acuerdo Final de Paz mediante una estrategia cimentada en el engaño y después desde el Gobierno han hecho todo a su alcance para entorpecer su implementación. La baja votación de Sergio Fajardo como ganador de la consulta de la Coalición Centro Esperanza también se explica por su posición ante la disyuntiva electoral de 2018, que estuvo en gran medida marcada por el apoyo o no al Acuerdo de Paz, que fue irse a observar ballenas a nuestro Pacífico exuberante pero excluido y violentado, como si tratara de una broma cruel.

Así las cosas, emerge de este análisis una invitación a la reflexión para la candidatura de Gustavo Petro, Francia Márquez y su equipo de campaña, que hasta la fecha han tenido un discurso demasiado abstracto en relación a la construcción de paz en Colombia. Se esté o no de acuerdo con todo lo acordado en La Habana entre el Estado colombiano y las extintas FARC-EP, urge reconocer que el Acuerdo Final de Paz no sólo contiene un diagnóstico de país sino también propuestas y alternativas en mora de implementarse desde hace décadas. Sin duda, no resuelve todas las conflictividades habidas y por haber en Colombia, pero permite sentar las bases para traer a nuestro país y nuestras regiones al siglo XXI, en respeto por la vida y la naturaleza. Es por ello que he venido sosteniendo que el Acuerdo Final de Paz es el punto de encuentro de todos quienes defendemos la paz en Colombia, y a su vez el punto de partida para hacer de esta una tierra más humana.

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