La industria musical en Nariño

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Por Xiomara Erazo

Cuando vemos a un artista sobre el escenario, pocas veces imaginamos todo el camino recorrido para llegar hasta allí. Detrás de esos minutos de música hay años de esfuerzo, sueños que han resistido las dificultades, puertas que se han cerrado y otras que alguien ayudó a abrir. Hay familias, productores, empresarios y personas que han creído en ese talento incluso antes de que llegaran los aplausos. Porque detrás de cada presentación hay mucho más que una historia artística: hay un proceso humano y colectivo que merece ser reconocido.

Y precisamente ahí comienza una discusión que Nariño necesita dar: tenemos talento musical, pero ¿estamos construyendo el ecosistema capaz de convertirlo en una verdadera industria?

Las cifras confirman que la música y la cultura son mucho más que entretenimiento. Según el DANE, la economía cultural y creativa de Colombia generó 44,3 billones de pesos en valor agregado durante 2024. En Nariño, el Carnaval de Negros y Blancos de 2026 atrajo a más de 180.000 visitantes, evidenciando la capacidad de la cultura para dinamizar la economía. Mientras tanto, la industria de la música grabada en América Latina creció un 17,1 % durante 2025. El desafío para Nariño no es únicamente formar y proyectar artistas, sino construir una industria musical que genere empleo, atraiga inversión y permita que una mayor parte de la riqueza producida por nuestro talento permanezca en la región.

En este escenario globalizado, las fronteras entre géneros pierden protagonismo. Las raíces andinas pueden encontrarse con el pop, los sonidos urbanos con nuevas fusiones y las expresiones tradicionales con audiencias internacionales.

María Fuell es una muestra de ello. La artista nariñense ha proyectado su propuesta de pop andino hacia nuevos mercados. Su vinculación al sello Gaira Música Local, fundado por Carlos Vives, y su colaboración con la peruana Milena Warthon evidencian que nuestra identidad cultural puede conquistar nuevos públicos sin renunciar a sus raíces.

Pero detrás de esa proyección existe una estructura: productores, músicos, representantes, plataformas, inversión y alianzas comerciales. El talento es protagonista, pero necesita un andamiaje capaz de convertir el reconocimiento en una carrera sostenible.

Un ejemplo claro está sucediendo con el género urbano. En Pasto, la plataforma “Que Suene Hasta Medallo” en su tercera temporada permite observar cómo comienzan a articularse distintas capacidades alrededor del talento emergente. La iniciativa fue creada por David Moncayo, mediante sus marcas SAFAPROD y 2712 Studio, con el respaldo de su trayectoria como productor ejecutivo, audiovisual y mánager artístico, desarrollada en Colombia, España y Argentina. Una experiencia que aporta conocimiento de la industria y capacidad para conectar producción, artistas y oportunidades comerciales. A estas apuestas se ha vinculado anteriormente el Grupo Empresarial Plaza Norte, como antecedente de la participación del sector privado en este tipo de iniciativas.

Esta temporada suma una alianza especialmente significativa: el ganador tendrá la oportunidad de presentarse durante los Carnavales de Pasto de 2027, en el Centro de Eventos Andino, como parte de un espectáculo organizado por la marca Juan Felipe Woodcock. Una oportunidad que amplía los escenarios de proyección para el talento urbano de la región.

Woodcock representa una generación de jóvenes empresarios nariñenses que ha identificado en la industria de los espectáculos una oportunidad de inversión y crecimiento. Su apuesta por el Centro de Eventos Andino responde a una visión empresarial que entiende el entretenimiento como fuente generadora de empleo, un mercado capaz de dinamizar la gastronomía, la publicidad, la logística, el transporte y múltiples servicios.

Aquí está lo verdaderamente interesante: no hablamos solamente de un concurso o un concierto, sino de un ecosistema en el que el talento artístico, la experiencia en producción, la inversión privada y los escenarios empresariales comienzan a conectarse para generar valor.

Estas articulaciones adquieren especial relevancia frente a una realidad que no podemos ignorar. Según el DANE, el desempleo juvenil en Colombia alcanzó el 15,2 % entre junio y agosto de 2026. Aunque la música no resolverá por sí sola este problema, fortalecer su cadena productiva representa una oportunidad para ampliar las alternativas de formación, emprendimiento y empleo de nuestra juventud.

Porque la industria musical no se construye únicamente con artistas exitosos, sino también con empresas capaces de generar trabajo, movilizar inversión y abrir mercados. Y su potencial no debe limitarse a un género: la diversidad musical de Nariño puede convertirse en una fortaleza para el desarrollo regional.

El desafío es lograr que estas alianzas trasciendan los eventos y se conviertan en oportunidades sostenibles, donde la creatividad encuentre respaldo empresarial y los jóvenes puedan construir proyectos de vida alrededor de sus capacidades.

Al final, el verdadero impacto de la industria musical en Nariño no debería medirse solamente por los escenarios que llenamos, sino por las empresas, los empleos y las oportunidades que somos capaces de construir. Esta es unanueva posibilidad de desarrollo para toda nuestra región.

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