Las clases de historia

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

Hubo un tiempo en que las clases de historia eran relaciones de hechos sucedidos, uno tras otro, año tras año, guerra tras guerra. Aprobabas si memorizabas y no había más discusión. El sistema era único e indivisible a pesar de las propuestas de gente como Jaime Jaramillo Uribe y su idea de hacer una nueva historia de Colombia más analítica y contextualizada.

Así hasta que en 1978 la editorial Siglo XXI publicó “Colombia Hoy”, donde la historia era vista y analizada desde diferentes perspectivas, como la economía y la literatura, por ejemplo, gracias a la pluma de intelectuales como Mario Arrubla, Jorge Orlando Melo, Juan Gustavo Cobo Borda o Álvaro Tirado Mejía. Y las reglas del juego empezaron a cambiar.

Aunque el pensum no se vio afectado por esta nueva tendencia, muchas publicaciones antes cuestionadas salieron a la luz, como los “Estudios sobre la vida de Bolívar”, que había escrito José Rafael Sañudo en 1925. Allí se mostraba la otra cara del “Libertador”, su lado oscuro y su faceta más vil en nombre del panamericanismo.

No es que pasara nada en concreto con esta mirada. Salvo Nariño (tierra de Sañudo), el resto de Colombia la ignoró. Pero si hubo una sensación que no todo estaba contado y que había una realidad implacable, resumida en una frase de George Orwell: la historia siempre la escriben los vencedores.

Todo esto viene a cuento sobre la forma en se enseña la historia. Esta necesita tiempo, porque detrás del dato tiene que haber una reflexión. Cada hecho deja una enseñanza para el futuro. Existe un contexto en el que se desenvuelven las cosas, lo que explica las acciones, los liderazgos y las guerras.

Sin embargo, en lugar de darle tiempo a la cátedra de historia, lo que ha hecho Colombia es quitárselo. En 1984 se expidió el Decreto 1002, firmado por el entonces ministro de educación, Rodrigo Escobar Navia, donde se integró la materia al área de ciencias sociales. ¿Que la historia necesitaba conectarse con otros campos? Si, pero esta fue una mala interpretación.

Diez años después, siendo ministra Maruja Pachón, se expidió la Ley 115, ley general de educación, donde ni siquiera se le mencionaba como parte de sociales. Se hablaba solamente de la necesidad de una educación integral. Fue como un entierro de primera para la historia.

¿Cuantas personas se educaron sin mayor conocimiento de la historia en el país y sólo dando un plumazo? Millones hasta diciembre de 2017, en que la Ley 1874 modificó parcialmente la ley general de educación. El objeto era restablecer la enseñanza obligatoria de la historia, aunque no como cátedra autónoma, sino integrada a las ciencias sociales.

La nueva ley nacía a propósito de la formación de una memoria histórica para la reconciliación y la paz. Y eso está muy bien. Pero lo que pasa es que nuestra historia no solamente ha sido una historia de conflicto y violencia. Hay muchas cosas sociales, humanas, económicas, deportivas, culturales, empresariales, comerciales, geopolíticas, urbanísticas, científicas o tecnológicas que merecen ser contadas.

Ya lo dijeron en el Ministerio de Educación en su momento: “la cátedra de historia no va a volver”. Una conclusión legislativa que parece más una sentencia. Aún así, tener esta nueva ley es mejor que no tener nada. El problema es que transcurrieron casi cuatro años para que el objeto de esta ley comenzara a aplicarse.

En ese lapso pasaron dos años de reuniones fallidas y burocracias para diseñar un curriculum, tras lo cuales La Universidad Pedagógica y Tecnológica intentó echar una mano. Luego se firmó el decreto 1660 de 2019 para organizar la comisión asesora para la enseñanza de la historia de Colombia. Y finalmente llegó la pandemia y los plazos presupuestados se diluyeron. Parecía que no fuese una prioridad, hasta ahora que ya parece que la historia vuelve a tener un sitio (aunque pequeño) en el plan de estudios.

Pero hay una cosa más. ¿Cómo se enseña? Con buenas intenciones, por supuesto, pero en un mar de dudas sobre los enfoques porque sencillamente no es una cátedra. En redes sociales la Comisión para la Enseñanza de la Historia de Colombia propone debates permanentes. Está muy bien, aunque de esta forma estamos volviendo a plantear cosas que aquellos intelectuales de “Colombia Hoy” ya habían planteado y resuelto en 1978.

Si no conoces la historia estás condenado a repetirla, decía el filósofo español Jorge Ruiz de Santayana. La frase vale para todo, no sólo para nuestra historia de violencia.

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