Hace algún tiempo, y luego de la lectura de otro de sus ensayos literarios en El Tiempo, volví a llegar a la misma conclusión de tantas veces, que Édgar Bastidas Urresty era, en nuestra tierra sureña, uno de los escritores mejor preparados para acometer la labor de dar a conocer nuestra literatura con un verdadero sentido crítico, y no meramente expositivo y laudatorio, como se había venido haciendo a veces entre nosotros, con las mejores intenciones, claro está, pero muchas veces sin honduras y, lo que es peor, más llenos de alabanzas que de fundamentos y, en no pocas veces, recurriendo a breves frases descontextualizadas de otros críticos del interior del país, y hasta de extranjeros, en este empeño. Claro está que ahora han empezado a aparecer nuevos analistas literarios, de las actuales generaciones, armados con herramientas filosóficas, sociológicas, antropológicas, políticas y, en general, humanísticas, pero también cobijados de una condición tan importante como la de la erudición: la de la independencia y limpieza en el análisis y en su exposición.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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