Los 100 primeros días de Escobar

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En el argot popular se utiliza una frase que compendia el sentir de los pueblos : “Al desayuno se sabe como será el almuerzo…”. Para Nariño podemos afirmar que nos espera una larga temporada de lo mismo de siempre. Pues por lo visto y como se señalaba en un medio nacional hace algunos meses:”Es cierto que no han pasado ni 30 días desde que se posesionaron los nuevos 1.103 alcaldes y los 32 gobernadores, además de los miles de concejales y centenares de diputados, pero a juzgar por los primeros 23 días de su gestión solo se han dedicado a mirar con retrovisor las cosas y a echarles la culpa del desgreño recibido al Gobierno Nacional o a sus antecesores, olvidando de tajo que fueron elegidos para hacer avanzar el país local y regional, no para gastarse el comienzo de sus mandatos distribuyendo responsabilidades fiscales o de líos de corrupción”. Concepto que cae como anillo al dedo para abordar la gestión del gobernador de Nariño en los 100 primeros días de gobierno.
El caso nuestro es crítico. A 100 días de mandato nos encontramos con un gobernador que parece no entender su papel. Su gabinete no respondió a las expectativas que su cambio permitía entrever. No arranca, no se escucha, no propone ni mucho menos gestiona. Se observa figuras polémicas, incapaces, salidos de los intringulis politiqueros y electoreros y dignos representantes de ese pasado al que tanto acuden para justificar su falta de gestión.
Un fracaso absoluto de unos diálogos de paz que más parecen un mal show y en el que se ha gastado tiempo, gran capital y esfuerzos. La guerra se incrementa, los muertos son notables y la desesperanza se apodera de los pueblos hasta el extremo de hacer afirmar al defensor del pueblo que Nariño vive un verdadero infierno.
Camorrero, termino que él mismo utilizó hace algún tiempo para referirse al presidente Gustavo Petro, se ha enfrascado en disputas y peleas con personajes de peso pesado como el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal. Un desgaste que nos ha dejado mal plantados y ha servido de marco de referencia para todo aquello que no se debe hacer.
En materia vial un cero. Total mutismo ante el anuncio de que Nariño no cuenta con recursos para obras de importancia vial como la doble calzada Pasto – Popayán. Una condena que debió censurarse oportunamente por cuanto es el testimonio de un oprobio que se repite gobierno tras gobierno.
El sector lechero, pecuario y agrícola anuncia un paro en protesta por el engaño y las mentiras del gobierno nacional, que los ha dejado solos en momentos críticos y de emergencia económica. El gremio lechero realizó un plantón en la gobernación de Nariño por la ausencia de políticas que permitan una real protección a las numerosas familias que anuncian quiebra y profundo malestar. No existe una respuesta a sus inquietudes.
De las visitas del presidente Gustavo Petro Urrego a Nariño únicamente anuncios de inversión. Dicen algunos que simples vientos que golpean como un huracán el futuro de los nariñenses.
En lo administrativo un continuo errar. Simplemente tomemos el caso de la salud, que se ha visto afectado por la negligencia de unas decisiones erradas y erraticas que anuncian demandas cuantiosas y en detrimento de las arcas del departamento de Nariño. Se insinúa que se debe pensar en una acción de repetición que debe asumir quienes actuaron en desconocimiento de la ley.
Un gobierno que a pesar del show mediático, no arranca. Un orden público aterrador, el mayor número de desplazados de toda nuestra historia con la consecuente miseria de los hombres y los pueblos. Regiones receptoras de desplazados y refugiados a las cuales no se les ha brindado la atención oportuna y adecuada en materia presupuestal.
Mucho tilin – tilin y nada de paletas para un Nariño que requiere de una verdadera carta de salvación. Una verdadera expresión de soberbia que no permite una visión nueva y renovada que nos motive a hablar de un verdadero cambio.
Destacable la tarea desempeñada por un equipo periodístico que con sus esfuerzos logra mantener en un ranking medio favorable a un gobernador que no despierta, erratico y ENSIMISMADO en su tarea.
Mucha figura cuestionada a su alrededor. Hecho de conocimiento público sin que ello mueva la voluntad de un gobernante que parece obsesionado con imponer su voluntad sin que nada importe el sentir de su pueblo.
En materia de gestión y proyectos ya es notorio el desgreño en tal sentido. Equipos de trabajo movidos más por la buena voluntad que por su capacidad de acción. Esto implica pérdida de recursos, negligencia y desconocimiento de unas obligaciones con un electorado que espera algo más que la buena voluntad.
Escándalos en entidades en las cuales se esperaba una renovación administrativa y que, todo indica, continúan con sus practicas censurables y deleznables.
Mucha pantalla, pocos resultados. Nos estamos quedando sin vías dignas, presupuesto razonable y una esperanza de futuro.
Delicado y triste el silencio del gobernador ante los anuncios del gobierno nacional de ordenar a las entidades competentes la prohibición de destinar recursos de vigencias futuras para vías 4G que tanto anhelamos los nariñenses. Nos quedamos sin el pan y el pedazo.
Como lamentable la pérdida del control del orden público en la Costa Pacífico y en municipios de la Sierra, un hecho histórico que comienza a presentar escenas dantescas. Un gobernante que ante su pasividad y permisividad comienza a perdersele el respeto y el afecto, aún por sus simpatizantes.
Un desayuno que permite anunciar un almuerzo escaso y una cena embolatada. Cien días de shows, anuncios de todo orden sin presupuesto que los respalde y una economía que se hunde en un abismo insondable. No existen políticas de empleo, gestión empresarial o viso alguno de una renovación política y administrativa.
Nos quedamos en el desayuno. Se nos embolata el almuerzo y todo indica que nos acostaremos sin cenar. Todo parecía a nuestro favor, la realidad hasta el momento nos muestra lo contrario. Su gabinete se quedó pequeño, en figuras sin capacidad de cambio que se asfixiaron al primer pedalazo.
Un total desacierto su cuestionada política de paz. No se ha llegado efectivamente a gran parte del departamento de Nariño donde su gente vive ese infierno de la guerra, que se ha visto atizada por sus yerros continuos. Los índices de pobreza aumentan, la inseguridad crece y el abandono es más notable.
Cien días perdidos, cien días de soledad que condenan a nuestra estirpe a un simple vuelo de costosas mariposas en un aleteo sin rumbo y que orientadas por un fuego de promesas terminarán devoradas por las llamas que prometieron abrigo y culminaron quemando sus alas al vaivén de unos vientos con fuerza de huracán.
Se esperaba más, mucho más. Al desayuno se sabe cómo será el almuerzo…

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