Martha Carvajalino: entre los avances de la reforma agraria y las deudas con la productividad

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Por: Luis Efrén Delgado Eraso
Presidente de ASOINAGRO

La salida de Martha Carvajalino del Ministerio de Agricultura invita a realizar un balance sereno y objetivo de una gestión que despertó tanto expectativas como críticas. Su paso por esta cartera estuvo marcado por un decidido impulso a la reforma agraria, pero también por desafíos que continúan limitando la competitividad del campo colombiano.

Entre sus principales aciertos sobresale el fortalecimiento de la política de acceso a tierras. Durante su gestión se avanzó en la adquisición y formalización de predios para comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, así como en el impulso a las Zonas de Reserva Campesina. Igualmente, promovió la consolidación de la jurisdicción agraria y buscó brindar mayor seguridad jurídica en los conflictos relacionados con la propiedad rural.

Otro aspecto positivo fue mantener el tema rural en el centro del debate nacional. Después de muchos años, la agricultura volvió a ocupar un lugar prioritario en la agenda pública, reconociendo el papel estratégico del campesinado en la seguridad alimentaria y el desarrollo territorial.

Sin embargo, los desaciertos también fueron evidentes. La política agrícola concentró buena parte de sus esfuerzos en la distribución de tierras, mientras que la productividad recibió una atención insuficiente. Entregar tierra sin garantizar asistencia técnica permanente, riego, vías terciarias, maquinaria, investigación, crédito oportuno y comercialización difícilmente permitirá construir un campo competitivo.

Persistieron, además, las dificultades para ejecutar con rapidez programas de inversión y proyectos regionales. En Nariño, numerosos productores siguen esperando soluciones efectivas para mejorar la infraestructura rural, enfrentar los altos costos de los fertilizantes, ampliar el acceso al financiamiento y fortalecer las cadenas de valor agropecuarias.

La articulación institucional tampoco alcanzó los resultados esperados. Varias iniciativas encontraron obstáculos administrativos que retrasaron su ejecución y limitaron el impacto sobre pequeños y medianos productores.

El gran reto que deja Martha Carvajalino a su sucesor es claro: pasar de una reforma centrada principalmente en la redistribución de la tierra a una verdadera política de desarrollo rural basada en productividad, innovación, agroindustria, comercialización y generación de ingresos para las familias campesinas.

Para Nariño, donde predominan los pequeños productores, el futuro del agro dependerá menos de los discursos y más de inversiones sostenidas en ciencia, tecnología, infraestructura y acceso a mercados.

La reforma agraria constituye apenas el punto de partida. El verdadero éxito llegará cuando cada hectárea entregada produzca más alimentos, genere empleo digno y contribuya al crecimiento económico regional. Esa será, sin duda, la medida con la que la historia juzgará no solo la gestión de Martha Carvajalino, sino también la política agropecuaria de todo un gobierno.

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