Miyer Velasquez, ejemplo de resiliencia y disciplina, es el Personaje 10

Por: Nina Portacio

El niño que representa la realidad sin velos de muchos niños Colombianos.

Lo conocí a los seis años cuando iba a la escuela. Ese día lo ví colgarse entre ramas por un paso de trocha, para abrirse camino y no llegar tarde a su primera clase. De eso ya han pasado siete años y seguimos siendo amigos.

Hace poco miré su letra en un cuaderno mientras él desarrollaba una tarea de inglés. Es una de esas letras simétricas similar a la Book Antiqua. Una letra con trazos impecables que te indican que su dueño tiene el alma limpia. Miyer está en el grado séptimo y es el mejor de su curso, en la Institución Educativa del Sur de Iles (Nariño), en la vereda el Capulí. Le pregunté en que le gustaría ser profesional en el futuro, para invitarlo a soñar y su respuesta me aterrizó: “Me gustaría. Pero es mejor no hacerse ilusiones”. Sus palabras tenían un trasfondo que me doblegó el corazón. Porque a sus escasos trece años es el hombre de la casa, en el sentido literal de la palabra.

Con lo que gana y ahorra por realizar oficios varios en su región, suele ayudar a su madre con la mitad del costo total de una arroba de arroz. “Así nos sale más barato” me dijo, mientras me explicaba con lujo de detalle el costo del kilo versus el precio de la arroba de arroz en la tienda más cercana. Me contó también que con el resto de lo que ahorró por sus trabajos domésticos, compró unas gallinas ponedoras que crió y engordó, y ahora vende panales de huevos criollos en la zona, para ayudarse con sus gastos y aportar a las provisiones del hogar, en caso de que se requiera. A su escasa edad es un adulto que tiene conciencia plena del costo de la vida y de las obligaciones. En sus ratos libres -que son muy pocos- juega futbol con los amigos del colegio.

Durante la cuarentena de la pandemia Covid-19 debió adelantar sus tareas escolares de manera virtual: Sin internet, sin computador y sin celular. Cuando logró tener un móvil, no tenía plan fijo ni tenía datos, porque estos costos se salen de su presupuesto. A pesar de eso, cursa su grado escolar y se destaca. Siempre me sorprende, su actitud de niño grande al que no le hace falta nada. Da la impresión de que lo tiene todo, hasta que sus respuestas y sus historias te dejan sin aire…

Todo me indica que Miyer no necesita un kit escolar o un computador; necesita mucho más que eso. Necesita una beca para estudios. ¿Será que hay una empresa o universidad privada o pública de Colombia? que esté dispuesta a restaurar sus ilusiones rotas, otorgándole una beca de estudios completa, para que en un futuro, él pueda adelantar su carrera profesional. De ser así, por favor escribir al periódico Página 10 o a la página de Nina Portacio. Gracias por ser parte del cambio: ¡Los niños son la salvación de Colombia! Es relevante, que ningún niño de nuestro país se quede sin acceder a una formación profesional.

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