Mujer y Educación

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

En diciembre pasado el premio Leonor Melo de Velasco 2020 en la categoría de Impacto Regional fue para la Asociación Integral Agropecuaria San José de Cumbal. Merecidísimo en medio de casi un centenar de iniciativas de nueve departamentos que participaron. En Nariño hay 275 asociaciones agropecuarias, la mayoría integrada por familias, y unas cuantas de ellas solamente por mujeres.

También el año pasado 32 organizaciones de mujeres de Nariño participaron en el proyecto Oportunidades Pacíficas – Mujeres Rurales, que organizaron el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, el Programa Mundial de Alimentos y la Agencia de Cooperación Internacional de Corea. También en este caso la mayoría de esas 32 organizaciones eran de carácter agropecuario. Es el reflejo de un departamento esencialmente agrícola, conformado por 64 municipios y 67 resguardos dedicados a ello.

Que el emprendimiento de la mujer en el departamento esté enfocado en su mayoría al agro es muy bueno, pero hacen falta otros tipos de trabajo, otros enfoques y otras líneas de acción. Somos líderes en este campo (y en el campo), existe un Consejo Ciudadano de Mujeres de Pasto, hay una preocupación constante sobre el equilibrio de género en salarios y oportunidades, se han realizado foros al respecto como Más Mujeres, Más Democracia, pero aún así adolecemos de una mirada más global y más a futuro.

Ciencia, tecnología y, por ende, matemáticas e ingeniería, por ejemplo, se ven como un asunto universitario, fuera del alcance de una mujer campesina. Pero es porque esperamos que la gente acuda al centro educativo y no que sea el centro el que vaya a buscar a la gente.

La conclusión de la Fundación La Caixa en España es que para que haya más mujeres en la ciencia, “hay que despertar vocaciones incluso en la más tierna infancia”. Es lo que piensa también la Unesco, que ha lanzado una nueva convocatoria para nominaciones al Premio Unesco de Educación de las Niñas y las Mujeres; un premio que según describen: “busca promover proyectos de éxito que mejoren y fomenten las perspectivas educativas de niñas y mujeres”.

No se trata de una búsqueda de niñas genio, sino de fomentar educación, pues sólo con ella podremos ver un mañana más rico en iniciativas y experiencias. Las cifras que da la Unesco en este sentido son espantosas. Se cree que más de 11 millones de niñas y mujeres jóvenes no van regresen a la escuela después de la pandemia. Y si antes de la Covid-19 había 128 millones de niñas sin escolarizar, ¡imagínense la magnitud del problema!

En 1954 Rosita Hoyos, Alicia Arteaga, Leonor Zarama y un grupo de amigas (ex alumnas franciscanas) fundaron el Centro Proinco en el Barrio Obrero de Pasto. La idea desde el comienzo fue dar una formación integral a mujeres que no tenían ninguna oportunidad educativa; el analfabetismo era general, había trabajadoras de la calle y de sus centavos dependían familias enteras.

Pero con el paso del tiempo, Proinco fue dando paso a una red de empresas comunitarias, entre las que destacaban Cuyamuna y ArteManos, y se creó la primera guardería que hubo en Pasto. Paralelo a ello se enseñaba a leer y escribir a tantas mujeres que acudían al centro. Fue y sigue siendo una obra maravillosa.

Fue uno de los tantos frutos de una generación de damas brillantes y de gran empuje en Nariño. Las hubo muchas que fueron mecenas, benefactoras, fundadoras de centros sociales, empresarias, trabajadoras bancarias y exportadoras, y cien cosas más, porque a mediados del Siglo XX una mujer nariñense tenía que hacerse valer por diez. Pero ya lo decíamos en esta columna hace algún tiempo: Lo triste es que como ninguna de ellas fue política, no hay una sola placa en la ciudad que recuerde su obra y su legado.

En 2018 el Premio Unesco de Educación de las Niñas y las Mujeres lo ganó la Women’s Centre of Jamaica Foundation, que da educación continuada a madres adolescentes que tuvieron que abandonar la escuela. El proyecto ha beneficiado a más de 47.000 niñas y madres jóvenes, y su modelo se ha exportado a Granada, Guyana y Sudáfrica. Recuerda a Proinco y los trabajos iniciales de sus fundadoras.

La mujer nariñense siempre ha sido echada pa’lante. Lo malo es que podría tener un papel mayor en la sociedad, y aún no hay un equilibrio de género plausible. Tenemos mucho que aprender de nuestro pasado y adaptar experiencias anteriores a este mundo moderno rebosante de tecnología digital.

Comentarios

Comentarios