Niños y celulares

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Colombia no parece ser consciente del peligro que representa el uso del celular en los niños. Lo digo porque una encuesta de la Unicef determinó que el 87% de los niños, niñas y adolescentes encuestados tiene teléfono celular propio con acceso a Internet y que esa cifra va en aumento paulatino desde 2016. El DANE es más dramático. Una encuesta suya arrojó que la edad de uso comienza a los ¡cinco años!

La edad recomendada sigue siendo 14, aunque está comprobado que esta edad límite va bajando gradualmente y en la mayoría de países occidentales ya está en 12. Las razones para ello son múltiples; entre ellas el cambio de un centro educativo a otro (en el caso español del colegio al instituto), lo cual marca un nuevo espacio de socialización y aprendizaje. Y también cuenta el desarrollo de herramientas tecnológicas que ayudan a evitar una navegación indiscriminada.

La razón para esto se encuentra en los principales problemas que tiene el uso sin límite de Internet: el acceso a pornografía (la educación sexual de un niño depende la familia no de una página web), el contacto con acosadores sexuales y otros delincuentes peligrosos (las redes sociales suelen ser el terreno de los pederastas), el acceso a violencia real y otros hechos traumáticos que sin supervisión y enseñanza se pueden imitar. Ya hay suficientes casos de atrocidades infantiles porque los chicos vieron en Internet que otros lo hacían.

Pero hay un aspecto más que, por supuesto, estos controles de dispositivos móviles no tienen en cuenta: es el deterioro del aprendizaje. Según diferentes estudios, el uso el celular incrementa la ansiedad y desmejora el rendimiento escolar. Un chico que consume muchas horas de pantalla sin supervisión tiende a hacer las cosas rápido y a salir del problema lo más pronto posible. Por eso copia y pega, lee menos y su nivel de comprensión se reduce.

La pedagoga Carmen López Suárez mostraba en el curso “Familia y uso saludable de las tecnologías” mostraba como un chico sin uso de celular hacía dibujos con volumen en tanto que un chico con uso de celular sólo dibujaba lineas y garabatos. Es producto de la ansiedad, claro, pero también de la falta de trabajo físico y abuso de la mirada online. Este hecho se extiende a la escritura.

Algunos padres piensan que en el mundo de hoy tan tecnológico, un niño debe aprender a usar aparatos teniendo su propio celular. Error. El aprendizaje tecnológico no implica compra. Algunos padres piensan que es un juguete más. Error. Está lejos de serlo aunque contenga juegos y aplicaciones divertidas. Algunos padres piensan que es un medio de comunicación. Error. Un Smartphone no sólo sirve para hacer llamadas, sino para navegar.

Por otro lado, algunos padres piensan que si su hijo no tiene uno se convertirá en el niño raro de la clase. Es verdad, pero es preferible predicar una buena enseñanza en casa antes de darle uno y regular su uso mediante APPs como Google Family o mediante los propios controles parentales que ofrecen marcas como iPhone. El eje central de estos últimos es el tiempo de uso.

Las recomendaciones son: de 3 a 5 años, menos de una hora en total. De 6 a 9 años, una hora seguida, dos horas en total. De 10 a 14 años, una hora seguida, tres horas en total. De 15 a 17 años, dos horas seguidas máximo.

Ahora bien, este es un problema mundial porque vivimos en la era tecnológica, y las regulaciones en los países aún están en fase de experimentación. Cada país obra en consecuencia de sus necesidades y experiencias. Pero lo curioso es que en Europa hay una dicotomía.

En España los colegios públicos aplican reglas sobre su uso, aunque saben que las familias no ejercen esa misma labor en casa. Escribe Ivanna Vallespín en el diario El País que “Las direcciones de colegios alertan que cada vez más se encuentran con alumnos somnolientos o con falta de atención por la sobreexposición a las pantallas”.

Desde que Italia prohibió el uso de teléfonos móviles en los colegios en 2007, el tema ha ido extendiéndose aunque con lentitud. En 2018 Francia incorporó esta ley a su Código de Educación. Le siguió Portugal y ahora lo acaba de hacer Holanda, que prohibe el uso de móviles, tablets y smartwatches en clase a partir del 1 de enero de 2024.

Por supuesto, hay una diferencia entre el uso particular de un celular como parte de la idea que tenemos de seres sociales (idea mal entendida y en mora de revisión, según mi humilde opinión), y el uso de tablets o iPads como instrumento de enseñanza.

Se ha dicho desde hace tiempo que las tablets en lugar de libros impresos de texto permiten aprender en cualquier lugar, tanto dentro del aula como en las zonas exteriores del centro educativo, desarrolla las competencias digitales, mejora la presentación de los trabajos y proyectos y reduce el material que el alumnado debe llevar al aula.

Pero en la práctica afloran tantos defectos que superan con creces a sus ventajas. Y nuevos estudios determinan que su uso es negativo. La Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres concluyó que su uso afectaba de especial manera a los alumnos con bajo rendimiento. Y la Universidad de Harvard demostró con un estudio de campo que sin políticas de ayuda a los alumnos, su uso se podría convertir en el principal factor de fracaso escolar.

Entre los problemas exhibidos están la falta de softwares de calidad, falta una adecuada formación de los docentes, dificultades en el tratamiento de datos de los alumnos, uso excesivo de dispositivos, problemas de visión… y así sucesivamente.

Por eso, Suecia, uno de los países más avanzados en educación, desistió de implementar tablets en los colegios. En la misma línea parecen ir los demás países escandinavos, aunque estos revisan también el factor edad en el uso de celulares en los niños y hacer nuevas campañas didácticas en consecuencia, pero destinadas a las familias. El mensaje es: “la tecnología móvil se nos fue de las manos”.

La empresa Lenstore analizó el uso de celulares y su efecto en la salud, y de su estudio salieron las siguientes conclusiones: que Colombia es el cuarto país del mundo en uso de pantallas móviles, sólo superado por Filipinas, Sudáfrica y Brasil. Entre los diez primeros del estudio no hay ninguno europeo y tampoco están Estados Unidos y Japón, ni siquiera China. Sólo hay países de Asia y Latinoamérica con altos índices de desigualdad social. Estatus y comunicación como premisa, y desconocimiento de sus riesgos.

Pero el estudio de Lenstore también refleja que Suecia, justamente el país que ha prescindido de las tablets, es el segundo país del mundo en uso de Internet. El 96% de la población lo usa, lo cual indica que el llamado “internet de las cosas” está en todas partes y que toda la vida cotidiana está marcada por el mundo online. No es una contradicción. Por el contrario, es la demostración de algo que no estamos haciendo bien.

Repito, vivimos en la era digital y bienvenidas sus ventajas, pero no desde los cinco años, y no como un regalo de primera comunión para que nuestro hijo se entretenga y nos deje en paz. Y eso es lo que Colombia no ha aprendido. Al menos, no se siente ningún trabajo al respecto por parte de MinTic y otros organismos.

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