Paraíso de corazones rotos

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El Cauca. Caucanistan. Tierra manchada, indignaciones sin nombre. Culo del mundo donde florece un vendaval de vergüenzas. Sórdido, tribal, doloroso, inefable.

Mapa de valles y montañas inundadas de miedo que se filtran entre el oro ilegal, el morbo traqueto, el billete verde, la amapola maldita, cascajero de razas que naufragan en sí mismas.

El Cauca, tierra de aguaceros dañinos y diluvios de pobreza. No hay carreteras ni caminos decentes para salir a la esperanza. No hay vías para abandonar el rostro de lo miserable que somos frente al espejo.

De lluvia frágil y granizadas angustiosas que incendian el corazón de gente humillada y ofendida. Cada noche es un riesgo por deslizamientos de zozobra líquida, la tormenta fácil, la muerte tonta.

Platanera sin espíritu. Almas ahuecadas por los enemigos de la vida. Esos monstruos en el teatro de la violencia que se comen, dañan o pudren lo dado a germinar. Por donde se mire, sembrados sin recoger, parcelas abandonadas, campesinos huyendo y lágrimas de seres humanos que se diluyen en la zozobra, el miedo, la impotencia.

Hay jardines de pueblos que esconden manchas de envidias, crueldad y pecados de coca, crímenes de raza y bala. Hay  municipios  donde la  tormenta se moja de crímenes a cuchillo sin ruido a lo largo y ancho de sus caseríos. Hay terruños  de aguaceros feroces que lavan y esconden demagogias, populismos, mentiras, promesas, milagros, maricadas. Casi en todas partes hay una vela para que deje de llover tanta desolación.

El Cauca: paraíso de aguas transparentes dejándose caer a chorros por barrancos y peñas, entre el salto del ángel y los ojos del buey. De lagunas de colores mágicos y neblinas silenciosas que caminan como vuelan.

Edén de pajaritos multicolores y asombrosos que vuelan por senderos y bosques mutilados para sembrar la mata que mata, la pobreza, la oportunidad de riqueza, el último recurso, la encrucijada misma.

El Cauca, tablero para jugar al más fuerte, al yo soy mejor, al más dañado, a mi raza es todo, y lo demás basura. Al que tiene el corazón que más descalifica, que más repudia, que más desune, que más divide, que más reniega, que más fragmenta, que más disocia, que más disgrega, que más separa, que más desintegra, que más desarticula, que más descompone, que más descuartiza, que más aparta, que más aísla, que más amputa, que más desmiembra…

El Cauca, paraíso de corazones rotos, corazones ciegos, sangre picha y entendimiento muerto. Aquí nada bueno florecerá mientras no sembremos el árbol de la unión, la flor de la memoria, el jardín de los hermanos juntos.

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