La historia es el faro que ilumina el camino de los hombres y alumbra los pasos de la sociedad. Somos, irremediablemente, memoria . La historia de Pasto es muy particular, colmada de hechos que con el correr de los días se volvieron niebla y una especie de estigmatización debido a la posición de nuestro pueblo ante los conatos de una independencia errada y extraviada.
En el escenario aparecen dos grandes figuras, Simón Bolívar y Agustín Agualongo, feroces enemigos que combatieron con la convicción de defender la verdad, principios y lealtades. Personajes que se entrecruzan con la misma historia convirtiéndose en adalides de un crucial momento de nuestra inexpugnable geografía.
A Simon Bolívar se lo cuestiona permanentemente por sus arrebatos dictatoriales, por sus impulsos guerreristas que arrasaron con sus mismos principios de justicia y libertad. A Agualongo se lo censura y condena por su defensa a muerte de un pueblo que no admitía más opción que la victoria o la rendición total.
Y en este cruce de ideas, principios, idearios y utopías se forja la identidad de un pueblo. Herido de muerte y derrotado, no le queda otra opción que unirse a la nueva república en la cual se ondean vanidades y oportunismos de una clase emergente que en procura de justicia para sus pretensiones políticas, sumió en la desesperanza a los pueblos que anunciaba liberar.
El 24 de diciembre de 1822 es una fecha de ingrata recordación. Pasto cae vencida y humillada, los más procaces crímenes se cometen en su suelo, no se respeta ni templo ni hogar ni grito ni súplica. La próspera Pasto comienza un destino de oprobio y estigmatización por parte de los vencedores.
En 1826 el General José María Obando encuentra a Pasto en una situación de ruina y abandono e implora el cese de la venganza, la templanza indiscriminada contra su gente y su tierra. Encuentra pobreza, desolación y abandono de sus ricos campos, expresa un profundo dolor por la execrable situación de un pueblo que se mostró altivo y rebelde contra aquellos que ultrajaron su tranquilidad y vocación de paz.
La historia de Pasto se fragmenta en esta fatídica y luctuosa fecha, los leones feroces y arrogantes se tornan sumisos y asustadizos. Sus principales cabezas caen ante el ímpetu de unos hombres sumidos en la arrogancia y la prepotencia. La economía se ahoga con impuestos y vejaciones, la rebeldía se castiga con muerte, expropiación o destierro. La evocación de sus principios se ahoga en sangre y en obediencia a sus verdugos.
El pueblo aguerrido, rebelde, contestarario, bravío e invencible da paso a un nuevo ser. Tímido, sumiso, temeroso y con una psicología colectiva de vencido y humillado. Embarga sus días la falsa creencia de una vergüenza histórica, movida por su excesiva lealtad a un Dios y a una religión que con el paso de los días se conjuga con la fe de la nueva república.
Esa vergüenza histórica, esa incomprensión que nos atormenta hasta nuestros días nos ha dado ese tinte de pueblo distante, lejano y abandonado. Que no reclama, que se avergüenza de exigir justicia y que se reviste de una falsa rebeldía que no es otra cosa que una terquedad ante una realidad que ya no existe, pero que sigue dibujándose en su ser interno, histórico y colectivo .
Pasto aún libra sus propias batallas con la historia, con figuras y personajes que supieron castigar a ese pueblo aguerrido hasta bajarlo de su pedestal de gloria y llevarlo al ocaso de sus propios sueños y anhelos.
De leones indomables a simples cobayas de una historia mal contada. Por eso, no por otra razón, surgen en algunos recodos de nuestra historia figuras que inician cruzadas contra esas miradas oprobiosas que no cesan de ultrajar la memoria sagrada de nuestros antepasados. Aún se dan batallas en campos que se contemplan en escenarios tan impenetrable como el pensamiento y la psiquis de nuestro pueblo. El día que conquistemos este campo de batalla resurgirá ese pastuso indomable, sereno, firme e invencible. Nos derrotaron en terrenos que hoy comienzan a comprenderse y avizorarse en las mentes preclaras de unos pastusos que volviendo sus ojos a esos rampantes leones comienzan a entender la verdadera índole de un pueblo.
La historia es una resurrección. Estamos ante ella, ante su pedestal de bronce y piedra que pretende esculpir en nuevas letras la verdadera hidalguía de nuestro pueblo. Pasto, cuna de hombres soberanos, aguerridos, incansables al momento de defender su fe y sus principios.
Apoyados en los hombros de esos gigantes del Sur avizoramos un nuevo horizonte, iluminado por un nuevo Sol y amparados por la memoria de nuestros mayores, que yacen insepultos en la memoria de todos aquellos que beben de la savia inagotable de nuestra propia historia.
Pasto, una identidad por hacer y defender. Una memoria que discurre en cada calle, templo y paisaje.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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SOBRE EL AUTOR
Pablo Emilio Obando Acosta
PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA Nace en el año de 1965. Bachiller académico Modalidad Humanidades del INEM de Pasto. En 1989 culmina sus estudios universitarios en la Universidad de Nariño obteniendo el título de Licenciado en Ciencias Sociales – énfasis Ciencias de la Educación –Jornada nocturna-. Especialista en Literatura latinoamericana y colaborador de importantes medios de comunicación escritos de nuestra región y del país: El Tiempo.com, Semana.com, Dinero, Diario Del Sur, El Espectador.com, entre otros, Sus escritos se conocen y han obtenido reconocimientos en Chile, Uruguay, Paraguay, España y Alemania.
En el año 2000 obtiene el reconocimiento CORREO DEL SUR como el personaje cívico del año por su férrea defensa de la dignidad pastense al protestar con su documento “Un pueblo ante la historia” por el trato despectivo de algunos medios de comunicación. Las reacciones no se hacen esperar en periódicos de circulación regional y nacional como El Tiempo, El Espectador y El País.
Ha obtenido múltiples medallas y condecoraciones por su labor periodística y cultural:
Medalla al merito Guillermo Edmundo Chávez – mejor escritor del departamento de Nariño 2005 – Fundación Gabriel García Márquez.
Mejor Columnista del departamento de Nariño – años 1991 – 1993 – 1996 – 2001 – 2006 Fundación Cultural Correo del Sur.
Personaje Cívico del Departamento de Nariño año 2000.
Medalla Álvaro Javier Jurado Calvache año 2007 – Centro Educativo PROFESA – defensor población vulnerable del municipio de Pasto.
Mejor cuentista del departamento de Nariño – años 1989 – 2004 – 2005.
Cronista más destacado del departamento de Nariño – año 2001.
Finalista VI Concurso Internacional de Cuento – Prensa Nueva – año 1991.
Primer puesto Concurso nacional de cuento – Contraloría general de la República – año 1992.
Primer Lugar Concurso Municipal de Periodismo “Silvio León España” – 2009.
. Reconocimiento Concejo municipal de Pasto, por su labor cívica y educativa.
Sus obras y escritos se conocen en varios países de Latinoamérica y de Colombia. Es autor de una docena de textos y más de un millar de columnas de opinión que han generado polémica en el contexto nacional y latinoamericano:
Testimonio de una insurrección ciudadana – 2011.
El doctor Mierda.
Un pueblo ante la historia.
La filosofía de la gallina.
Del amor por la Tierra... y otros textos.
Diario de un maestro de escuela.
Apuntes para una nueva historia
Nuevos apuntes – Tomas Hidalgo Calvache.
El problema de los cristianos.
La utilidad del poeta.
¿Te acuerdas Mariana...?
Corona Fúnebre – Tomas Hidalgo Calvache.
En formato digital ha editado los siguientes títulos:
- La nueva filosofía de la gallina.
- Tomas Hidalgo Calvache - Apuntes.
- Educar con valor.
Figura en varias antologías de autores nariñenses y en una latinoamericana. Sobre él han escrito elogiosamente intelectuales de la talla de Otto Morales Benítez, Edgar Bastidas Urresty, Juan Augusto Ortiz cabrera, Carlos Santamaría, Javier Rodrizales, Miguel Garzón Arteaga, Fausto Molina, Jorge Arturo Bravo y otros tantos que sería difícil nombrar en esta pequeña crónica sobre Pablo Emilio Obando Acosta.
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