Paulina y Bárbara, los misterios de la genética (II)

Bárbara McClintock, reina de la genética, era por parte de madre, descendiente de los peregrinos del Mayflower, por parte de la madre Sara Handy, quien no creía que las mujeres debieran ir a la universidad, y así lo hizo con dos de sus hijas Marjorie, candidata a estudiar en Vassar College, y Mignon, pero no lo logró con Bárbara, a quien habían llamado Eleanor, recordando de paso a la esposa de Franklin D. Roosevelt.

La rebelde, después, cambió su nombre, y el papá, un médico progresista, que no obligaba a sus hijos a ir a la escuela, tuvo que ausentarse, cuando la futura genetista terminó la secundaria en 1918, al cumplir 16 años.

No pudo entrar a la universidad por falta de dinero, y solo ocurrió al regreso del Dr. McClintock, quien convenció a la madre, y Bárbara pudo aprovechar el estudio gratuito en la escuela de agricultura de Cornell (1919). La misma universidad que muchos años después albergó al gran escritor de hoy, Thomas Pynchon.

Ella estudiaba las materias que quería, y se orientó por la citología, luego de estar en la clase del genetista Claude B. Hutchison, quien la invitó a trabajar con sus estudiantes de doctorado, después del grado en Botánica (1923).

Fue instructora en Cornell, se dedicó a experimentar con el maíz y obtuvo el doctorado (1927), con el apoyo del Dr. Emerson, quien le enseñó la técnica de cruzar el maíz sin polinizarlo con otras plantas vecinas. Además estudió por su cuenta el “maize” cultivado por los indios salvadoreños, que es multicolor, dice la escritora Eunice Castro en su escrito de Vanidades, que he consultado para estas notas.

En Cornell, Bárbara encontró una poderosa comunidad científica, cuya amistad la acompañó por el resto de su vida activa, entre ellos el Nobel de Medicina George Wells Beadle (1958). Pero, estableció una gran amistad con Harriet Creighton. En ese trabajo inventó la técnica del carmín para visualizar los cromosomas del maíz. Fue una época de grandes avances, que le dieron fama en la revista Genetics (1929), cuando escribiera sobre la triploidía.

La triploidía ocurre en todos los seres vivos, incluidos los humanos, y consiste en que se tienen células con 3 pares de cromosomas, 69, en lugar de los consabidos 46. La doctora McClintock lo estudió en el caso del maíz, y probaron con Creighton que hay “una relación entre el entrecruzamiento cromosómico meiótico y la recombinación de caracteres heredables, apareciendo un nuevo carácter”.(www.vanidades.com, p.88).

(Continua)

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