Pedir perdón

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

La palabra perdón tiene un hashtag en Twitter que se suele utilizar mucho. Pero casi siempre para exigirle a otra persona que la use, no para que quien escribe muestre signos de arrepentimiento. En estos tiempos de campañas políticas, los asesores de imagen de los candidatos suelen desaconsejar su uso porque eso implicaría modificar su discurso y posiblemente hacer que un montón de gente que trabaja en una campaña, deje de hacer, resetee y vuelva a empezar. Como dicen en España, ¡un follón!

El analista político italiano Euprepio Padula dice que «un líder que se equivoca tiene que enfrentarse a un gran enemigo del liderazgo y del talento: su ego… disculparse supone admitir un error, un fracaso lo cual demostraría debilidades, flaquezas e inseguridades, supuestamente, impropias de un líder… Y el perdón permitiría a los rivales argumentos y armas para hundir o machacar el líder que se ha equivocado y desestabilizarle en el ejercicio de sus funciones».

Dicho y asumido lo anterior, si los líderes de opinión, que son nuestro ejemplo, no piden perdón; y nuestra condición en redes sociales, que son nuestro avatar, nos lo impide, el pedir perdón está en franca decadencia.

Lo digo porque las redes sociales, que nos han convertido en seres públicos y donde nuestra opinión tiene siempre la posibilidad de convertirse en trending topic, han echado por tierra la importancia de pedir perdón o pedir disculpas. Si pides perdón es que te has equivocado, y si te has equivocado, es que no eres fiable, y si no eres fiable, ya no te pongo un «me gusta» y no te comparto y te dejo de seguir.

Para muchísimas personas esto supone una crisis de proporciones mayúsculas, dado que vivimos en una sociedad tan narcisista, como asegura el filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Pedir perdón o disculpas equivale a entrar en una zona peligrosa que puede hundir una imagen pública.

Por eso cada vez hay más especialistas en la materia. Leticia Polese, Communications Manager, dice que «Pedir perdón de forma eficaz en Twitter es de suma importancia para la gestión de una marca tanto corporativa como personal». Según ella hay que hacerlo firme, hay que hacerlo breve y hay que hacerlo antes que el error se haga viral. Entiendo con esto que pedir disculpas no es un asunto de sinceridad sino de estrategia.

A propósito de lo sucedido en los pasados Premios Oscar, James Teideman, Content Strategist, recuerda cuando en los Oscar de 2013 la revista humorística The Onion llamó zorra a una niña de nueve años. El escándalo fue mayúsculo, y se zanjó echando la culpa al redactor. Suele pasar. Los medios de comunicación utilizan el epígrafe: «Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente representan las de la organización». Pedir perdón se convierte así en una cláusula.

The Onion, por cierto, tuvo que cambiar su estrategia editorial para no caer de nuevo en este tipo de agravios. La sátira siempre corre ese riesgo. Le ha pasado a MAG en Estados Unidos, a El Jueves en España, a Charlie Hebdo en Francia o a Chapinero en Colombia. Aunque estos nunca se metieron con niños. Hay límites intrínsecos.

En fin, que también es cierto que no pedimos perdón públicamente porque muchas veces no sabemos cómo disculparnos. La educación japonesa en eso es muy específica. No existe una, sino múltiples formas de disculpa. Las reverencias en Japón van según el grado de inclinación del cuerpo: eshaku (15 grados) es asumir el error, keirei (30) es no repetirlo, saikeirei (45) es cuando hay agravio, y dogeza (de rodillas) es «estoy en tus manos». Esta educación está tan arraigada que mucha gente hace reverencias cuando habla por teléfono. Es algo implícito en la conversación.

Pero las dificultades que supone la comunicación digital, obligan a escribirlo. Los especialistas sugieren no utilizar el emoji de las manos en oración, aunque lo que vale es la sinceridad. Lo que te nazca, si es sincero, estará bien.

Occidente aún no ha llegado al caso de las reverencias japonesas o de las empresas de Tokio que se contratan para pedir perdón. Estas firmas se contratan a razón de 50 dólares en adelante y envían personas a pedir disculpas en tu nombre.

Tampoco hemos llegado al caso de la firma Kobe City Waterworks, encargada del suministro de agua potable de la ciudad de Kobe. Resulta que uno de sus trabajadores se ausentaba tres minutos cada día para ir a comprar comida a un restaurante vecino. Cuando la empresa lo supo, echó cuentas y vio que había gastado 78 minutos de un tiempo destinado al consumidor. Así que sus directivos se presentaron en un programa de televisión local, pidieron disculpas a la audiencia e hicieron un saikeirei.

¿Extremo? Ustedes dirán.

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