Presbítero Carlos Alfredo Santander Villarreal: un pastor que camina con su comunidad

 Por: Rosa Isabel Zarama Rincón

En ocasiones, algunas personas nos quejamos en forma mental o verbal porque el tiempo no nos alcanza para cumplir las tareas que deseamos realizar. En cambio, al padre Carlos Alfredo Santander Villarreal el tiempo le alcanza para todo; cumple diligentemente con sus responsabilidades en la parroquia de la Sagrada Familia que comprende los sectores de: Caridad Brader, Carreras 32 a 45, Condominio Morasurco, La Riviera, barrio Morasurco, Castilla, Versalles 1 y 2, y dos veredas: La Josefina y Daza, lugares en donde colabora con las personas más necesitadas; los domingos a las 8:00 p.m. tiene un segmento en el programa La Hora Católica que se emite en la emisora Ecos de Pasto. Junto con sus numerosas labores como párroco está pendiente de su familia, amigos y feligreses: llama al conocido que se siente triste a causa del covid-19, se comunica con una parroquiana cuyo esposo está enfermo, en el Hospital San Pedro visita por su propia iniciativa a un feligrés que se encuentra delicado de salud y le administra el sacramento de la extremaunción. Una vida productiva: tiene 73 años, en este año cumplirá 44 años de sacerdocio dedicado al servicio de la sociedad nariñense.

Nació en Pasto en 1948, sus padres fueron Arturo Félix Santander y Julia Villarreal. El sacerdote se refirió a su hogar con estas palabras: “Soy hijo de un hogar católico, de personas sencillas, sinceras, dedicadas al crecimiento de sus hijos”. Desde pequeño observó como su familia estaba pendiente de las actividades de la Iglesia, su papá ayudaba a las religiosas Conceptas y su tío abuelo, el padre Enrique Portilla fue sacerdote de San Felipe Neri. Sin embargo, su vocación religiosa surgió por otro camino: en el Hospital San Pedro trabajó con las hermanas Vicentinas, lugar en donde conoció el dolor; en ese lugar, una enferma le pedía que le leyera pasajes bíblicos, lo que lo estimuló a estudiar frecuentemente la Biblia. Al respecto, comenta el padre Carlos: “Me gustaba mucho esas carreras que tocan con la salud. Ella me hacía leer lecturas bíblicas que fueron para mí y no para para ella. Entonces, fui sintiendo el llamado”.

Bachiller del colegio san Felipe Neri de Pasto, a finales de 1968, el obispo de Pasto, monseñor Jorge Alberto Giraldo Restrepo (1962-1976) lo mandó a Bogotá para que iniciara su formación sacerdotal en el Seminario de Valmaría regentado por la Congregación Eudista. Por indicación del mencionado obispo continúo sus estudios en el Instituto Mariano, hoy Universidad Mariana (Pasto), Instituto afiliado a la Universidad Javeriana, donde terminó una licenciatura en Educación con especialidad en filosofía y teología. Tiempo después, la Universidad Javeriana le otorgó una beca para cursar una maestría en teología. En ese centro educativo tuvo el gusto de ser compañero de jesuitas de grandes valores, entre ellos: Jorge Humberto Peláez, actual rector de la Universidad Javeriana y el pastuso Julio Jiménez Dorado, reconocido por su profunda espiritualidad y su actitud alegre ante la vida.

El padre Santander trabajó alrededor de seis años como profesor del departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Javeriana. Se desempeñó en las facultades de: medicina, ingeniería, administración de empresas, arquitectura, enfermería, derecho, educación, también impartió clases en los cursos de vacaciones. Durante un año fue director del departamento de Ciencias Religiosas, hasta que el jesuita Raúl Posada retornó de Europa; además, de asesor del sacerdote ignaciano Enrique Neira. El presbítero Carlos Alfredo comenta acerca de sus vivencias en la Javeriana y con la comunidad jesuita: “Fue muy enriquecedora esa experiencia”.

En 1976, volvió a la Diócesis de Pasto y le pidió a monseñor Giraldo que lo ordenara como diácono. El obispo entusiasmado, apuntó ese compromiso en su agenda, sin embargo, murió el 1 de julio de 1976; en la semana en que se había programado que el joven Carlos Alfredo recibiría el diaconado. Meses después, monseñor Arturo Salazar Mejía, sucesor del obispo Giraldo,  aceptó ordenarlo como diacono y como sacerdote, ceremonia que fue celebrada el 17 de diciembre de 1977.

El religioso Carlos Alfredo Santander Villarreal, recibió su ordenación sacerdotal del obispo de Pasto, monseñor Arturo Salazar Mejía en 1977.

Su trabajo en la diócesis inició como párroco en Las Mesas (municipio Tablón de Gómez), labor que desempeñó durante un corto periodo de tiempo. Posteriormente, cumplió la misma tarea en la parroquia de Fátima.   Luego, el señor obispo lo nombró párroco en El Tambo, en donde cumplió con su misión entre 1979 a 1995. El religioso rememora sus vivencias en ese último municipio: “Una experiencia bellísima donde uno puede desplegar distintas dimensiones”. Escribió acerca de su paso por El Tambo:

1. La dimensión pastoral frente al Santuario de Jesús Nazareno, la comunidad de El Tambo y los devotos del Señor. Compromiso fundamental el pastoral, ante la belleza y bondad del Santuario de Jesús Nazareno. Me recibió allí el maremoto terremoto de Tumaco (1979), que nos llevó a restaurar el Santuario y construir la casa parroquial, además, construir la comunidad de acuerdo con los lineamientos que la Diócesis nos ofrecía en ese momento; pero, especialmente, la atención a los niños, jóvenes y adultos, los habitantes del pueblo y los devotos del Señor.

2. La dimensión Educativa: trabajé en el Colegio Integrado Sagrado Corazón de Jesús con las hermanas Bethlemitas, que me acogieron un tiempo, por los daños del terremoto, pues la casa cural quedó inservible. Reemplacé a la señorita Carmela Pantoja en el Instituto Jesús Nazareno y con un grupo de educadores abrió el Bachillerato Agropecuario hasta entregar la primera promoción de bachilleres, se dotó de los elementos para este bachillerato, entre ellos: una granja y un terreno. Se apoyó a los lideres del municipio en las actividades: educativas, religiosas y sociales.

Tuve el gusto de ser el primer rector de ese bachillerato y monseñor Julio Enrique Prado Bolaños, obispo de Pasto (1995-2020), me permitió estar hasta el día en que entregué la primera promoción de bachilleres del Instituto Jesús Nazareno, que le llaman el Colegio Verde, porque las hermanas Bethlemitas tienen el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, que lo conocen como el Colegio Rojo.

3. Dimensión Cultural: ayudé a la integración de El Tambo con la expresión cultural de la región: música, banda, coros, danzas, deportes y se acercó a ese municipio a la cultura nacional y de la vecina República del Ecuador.

4. Dimensión Cívica: Hice presencia en todo lo que corresponde al compromiso cívico de la niñez, juventud y adultos del campo y la ciudad.

5. A nivel personal, en mis momentos de inspiración compuse varios himnos: a El Tambo, al Instituto, a la Diócesis, a la Madre Caridad, a San Diego, a Ipiales, a los obispos y una canción compartida con el profesor Héctor Rosero que se llama: “Mi canto al Tambo”.

Entonces, en El Tambo desplegamos las alas, para ayudar a las personas. A los jóvenes en el campo religioso y de evangelización. Sabiendo que tienen ese tesoro del Santuario.  En la dimensión educativa, en la dimensión cultural, en el acercamiento de las veredas, a muchos lugares de misión. Después, con toda la ayuda del Gobierno y demás, se abrió carreteras, más que todo cuando pasó la interconexión eléctrica por El Tambo”.

El Santuario de Jesús Nazareno de El Tambo, reconocido por la Iglesia como Santuario Nacional, arraiga su historia con la primera evangelización. El Santuario en mención, está presidiendo por una imagen española de Jesús Nazareno traída por los padres dominicos que llegaron en 1703 desde el Ecuador. El actual templo es una construcción de estilo clásico románico de dimensiones amplias y simétricas”.

Acerca de su fuerte nexo con los moradores de El Tambo el padre afirma: “Seguimos siempre juntos, estamos siempre cerca”.

En 1995, el obispo Enrique Prado Bolaños le solicitó que regresará a Pasto como Vicario General. En 1996, fue párroco en San José Obrero, posteriormente, es designado párroco de San Sebastián hasta el año 2004, sitio en donde restauró el templo y adecuó la casa cural en compañía de su comunidad. El sacerdote define la labor que adelantó en ese antiguo barrio colonial: “Se laboró en la parte social para mejorar el ambiente de ese sector, que era un sector de prostitución, drogas y demás. Hoy es el corazón de la ciudad, de los lugares más lindos de Pasto y el Santuario de la Virgen Santísima de la Panadería, es como un centro de fe”.

Entre 2004 y 2010, se desempeñó como rector del Instituto San Juan Bosco en reemplazo del presbítero Asdrúbal Delgado; para el padre Santander resultó una experiencia gratificante trabajar en una institución educativa de gran tradición y valor. Explica al respecto: “[se laboró] con un grupo de profesores que hicieron ahí escuela, verdaderos educadores profesionales que todos los exalumnos recordarán siempre desde el punto de vista de la espiritualidad de san Juan Bosco”. En 2010, al final de trabajo, la diócesis le entregó la administración del colegio a la congregación de los Salesianos de Don Bosco, como era la intención desde sus inicios, asimismo, se creó la parroquia de San Juan Bosco.

Desde 2004, simultáneamente con su trabajo en la rectoría del colegio, fue designado párroco de la Sagrada Familia, entre las obras que adelantó se encuentra la remodelación del templo y de la casa parroquial. El padre Santander considera que esas obras son una experiencia gratificante, porque paralelamente, se apoyó la construcción de la comunidad para que tenga una identidad más sólida. En la actualidad, septiembre de 2021, continúa como responsable de la parroquia en referencia, en donde desempeña una labor pastoral acorde con los lineamientos del plan diocesano pastoral: alimenta y hace crecer a la comunidad, respondiendo a las circunstancias y aspiraciones del momento.

Ángelo Barbato forma parte del EPAP (Equipo parroquial de animación pastoral) en la parroquia de la Sagrada Familia quien destaca algunas cualidades del sacerdote Carlos Alfredo:

“Su constante alegría, que conserva inclusive en los momentos de mayor tensión y dificultad; nunca está demasiado ocupado para ofrecer una sonrisa. Su generosa disponibilidad, trato amable y paciencia con todos, aun frente al trato ofensivo que no falta por parte de algunas personas. Su opción preferencial por los más pobres, que no se limita a un asistencialismo casual, sino a una verdadera inclusión y rescate de la dignidad de cada uno. Su incansable entrega y compromiso en su servicio presbiteral. Su cercanía a las personas y familias tanto presencial como virtualmente, especialmente en este tiempo de pandemia. Su capacidad para acercarnos a un Dios Amor que es Padre y Madre, de misericordia infinita”.

El padre Carlos Alfredo Santander Villarreal en la parroquia de la Sagrada Familia (Pasto), bendiciendo unos mercados antes de ser repartidos.

El religioso demuestra alegría, cariño, generosidad e inteligencia en sus eucarísticas y en la vida diaria que comparte con cientos de personas que acuden a él, en busca de diálogo, consuelo moral o ayuda económica. Su facilidad para comunicarse es notoria: en sus homilías llegan al corazón de sus fieles porque habla en un lenguaje sencillo con ejemplos cotidianos que combina con referencias bíblicas y con un sentido de humor fuente de su experiencia de fe. Hincha del Deportivo Pasto, en las misas dominicales les desea a sus futbolistas suerte en cada partido. En otra eucaristía, preguntó por el desempeñó de Egan Bernal y en unión con su comunidad se congratuló por su triunfo en esa jornada. No son ajenos a él los problemas políticos y sociales con miras a que reine la justicia, la fraternidad y la paz, evitando los extremos que conducen a la violencia.

Con respecto al nuevo obispo que lidera la diócesis de Pasto afirma el sacerdote: “En la Sagrada Familia y conscientes de que la presencia de monseñor Enrique Prado, que concluye su período como obispo (2020), pues su cercanía, su confianza, ahora se concretiza en el nuevo obispo monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo joven, dinámico, actualizado en este mundo virtual de las comunicaciones. Un hombre muy fraterno, muy cercano. Y de verdad, nos sentimos felices y agradecidos porque estamos en el camino de ayuda a los demás”. Finaliza su testimonio diciendo: “Ser pastor es llenarse de una serie de anécdotas muy lindas para recordar y llenarse de Dios para entender y superar el presente y es también llenarse de alegría y esperanza hacia el futuro porque estamos en las manos de Dios y de María”.

Junto con la labor religiosa, el padre Santander tiene una faceta musical innata: disfruta componiendo las letras y música de himnos religiosos, son de su autoría el himno de la diócesis de Pasto y varios himnos dedicados a los obispos de Pasto; así mismo, compuso una canción para El Tambo en compañía del profesor Héctor Rosero Hurtado, a lo que se agrega un himno al Instituto Jesús Nazareno, composiciones que quedan como recuerdo del cariño que recibió de esa comunidad que lleva grabada en su corazón. En las celebraciones eucarísticas demuestra sus aptitudes y su amor por la música: canta bien y con entusiasmo lo que anima a sus parroquianos a cantar.

El padre Carlos vive a plenitud su vocación religiosa, por eso, las personas que tenemos la suerte de conocerlo, le reiteramos nuestros sentimientos de afecto y de gratitud por su liderazgo espiritual y su entrega en procura de una sociedad más equitativa.

A continuación, se encuentra la letra del himno dedicado al municipio de El Tambo.

Himno a El Tambo – Nariño

Autor: Letra y Música: Pbro. Carlos Santander Villarreal

Coro

Coronad de laureles su historia

Su paisaje, su gente, su honor

Y resuenen clarines de gloria

Para El Tambo hospedaje del Sol (Bis)

I

Campesinos con fuerza y confianza

Engalanan tus campos al sol

Y producen el pan de la vida

Transformando el trabajo en amor

II

Y Jesús Nazareno es la fuerza

La que impulsa a luchar sin temor

Para hacer de esta tierra un santuario

Donde el hombre sea imagen de Dios

Coro

III

Tu raza erguida y serena

Sangre andina y ancestro español

Es orgullo alborear la bandera

de bondad, entusiasmo y amor.

IV

Las manzanas y nardos nos hablan

De limpieza, frescura y dulzor

Heroísmo fecundo que inflama

Para darle a Nariño esplendor.

Para la elaboración de este escrito la autora agradece la colaboración de: el presbítero Carlos Alfredo Santander Villarreal, Mariela Rincón de Zarama, Luz Adriana Silva y Ángelo Barbato.

Comentarios

Comentarios