Previos a la navidad negra en Pasto

 

El General Antonio Josa de Sucre fue sorprendido con una derrota en el sector de Taindala que nunca estuvo dentro de sus cálculos para tomarse a sangre y fuego a Pasto y su gente aquel 24 de noviembre de 1822. Sus curtidos batállanos, en especial el Rifles, compuesto por mercenarios irlandeses no alcanzaban a comprender cómo un grupo de campesinos, de milicianos los había derrotado con rusticas armas de fuego haciéndolos retroceder hasta la ciudad de Túquerres para esperar los nuevos refuerzos que pudieran llegar desde Quito. Se espero pacientemente, en tanto se curaba heridos y componía las armas deterioradas en el combate de Taidanala. Será, entonces, la situación que vamos a analizar a continuación.

El 24 de noviembre de 1822, el sector de Taindala, adyacente al río Guáytara, había sido testigo de la derrota militar que propinaran las milicias pastusas al mando de Agustín Agualongo a las tropas militarmente preparadas y con gran experiencia que bajo la dirección del venezolano Antonio José De Sucre venían desde Quito obedeciendo órdenes de Simón Bolívar. Cuatro fueron las fuerzas armadas, disciplinadas para la guerra que tuvieron que regresar a Túquerres para esperar refuerzos de Quito como tenía previsto el caraqueño para afrontar la insurrección pastusa, si existiese algún problema como en efecto lo hubo. El Batallón Rifles, temibles mercenarios irlandeses, famosos por desobedecer las órdenes cuando se toman ciudades y pueblos para cometer toda clase de ilícitos, hacían parte de la guardia personal de Bolívar; los Escuadrones de Guías, Cazadores Montados y Dragones de la Guardia, “que eran los cuerpos más veteranos del ejército del Sur, recibieron órdenes para marchar con celeridad sobre la infiel ciudad de Pasto. El General Sucre obtuvo el mando de estas fuerzas…” dice de manera categórica el historiador José Manuel Restrepo.

Recordemos que éste historiador es poco amigo de los pastusos, mejor de la actitud valiente y osada de cómo se defendían de la actitud criminal que se tenía para acabar con estos hombres que exigían su independencia y su libertad para continuar viviendo en paz en su región, tal como lo habían hechos sus padres y las generaciones pasadas. En carta que suscribe el cabildo de Pasto a Antonio Nariño el 1 de abril de 1814, le dice entre otras cosas: “ el amor y la unión que la misma naturaleza inspira a la sangre de nuestros progenitores y de nuestros hermanos: el reconocer el derecho de la soberanía y de la madre patria a quien debemos nuestra existencia, y célebre, hoy desgraciado país de las Américas, por las turbaciones que nos causa los mismo que podían recordar la felicidad en que vivíamos, descansando en nuestras familias , bajo de nuestras viñas y de nuestra higueras; esto es lo que nos conduce y lo que no nos hará mudar de sistema, ni por deferencia al halago, ni por temor a las amenazas desde muy antes vertidas y protestadas; de modo que para nosotros tan glorioso será el podernos defender de una fuerza que, sin derecho, ni legitima autoridad, nos trata de oprimir como el que esta ciudad quede reducida a una nueva Numancia o Sagunto…”

Las ciudades españolas de Numancia y Sagunto, se resistieron en su tiempo al dominio esclavista del imperio romano, prefiriendo incendiar sus ciudades, asumiendo el suicidio colectivo, antes que entregarse, que rendirse para ser esclavos. Bolívar conocedor del valor de los pastusos, también lo había reconocido en carta que suscribe desde esta ciudad a Santander cuando le dice: “No puede usted imaginarse lo que es este país y lo que eran estos hombres; todos estamos aturdidos con ellos. Creo que si hubieran tenido jefes numantinos, Pasto habría sido otra Nunamcia…”

Tiempo después el caraqueño tendría que reconocer que no estaba equivocado con el valor y la bizarría de las milicias pastusas que continuaran dando gran batalla por tres largos años mas hasta cuando poco faltó para que cumpliera su actitud genocida de exterminar por completo la población pastusa, dejando escasamente una cuarta parte de ella, confesión que el mismo hace en carta que suscribe a Santander cuando le dice: “logramos en fin, destruir a los pastusos. No se si me equivocó como me he equivocado otras veces con esos malditos hombres, pero me parece que por ahora no levantaran mas la cabeza los muertos….Yo he dictado medidas terribles contra ese infame pueblo, y Usted tendrá copia para el ministerio de las instrucciones dadas al General Bartolomé Salóm…Las mujeres son peligrosísimas. Lo pero de todo es que cinco pueblos de los pastusos son igualmente enemigos y algunos del Patía también lo son. QUIERE DECIR ESTO, QUE TENEMOS UN CUERPO DE TRES MIL ALMAS CONTRA NOSOTROS, pero de una alma de acero que no plega por nada. Desde la conquista acá, ningún pueblo se ha mostrado más tenaz que ese…”

Pasto antes de las guerras de la independencia tendría unos ocho o nueve mil habitantes, entre hombres, mujeres, ancianos y niños y de acuerdo a Bolívar solo existen unas tres mil almas. Si esto no es genocidio, que podemos llamar entonces el acabar con las tres cuartas de la población civil de una ciudad que tuvo que defenderse de los ataques a sangre y fuego de que fue objeto?.

Cuatro habían sido los batallones que Sucre trajo en principio para someterá a Pasto y su gente. Derrotadas regresaron a Túquerres y esperaron que llegaran los refuerzos de Quito como en efecto así se dio en el mes de diciembre. Ahora serian siete batallones: Rifles, Escuadrones de Guías, Cazadores Montados, Dragones de la Guardia, Vargas, Bogotá y Milicias quiteñas. Generales como José María Córdoba, Hermogenes Masa, y Barreto garantizaban una derrota para las milicias pastusas, compuestas de campesinos, indígenas y artesanos que peleaban con rusticas herramientas. Echos los ajustes pertinentes, avanzaran estas fuerzas para tomarse su objetivo, es la situación que vamos a analizar a continuación.

Volviendo a analizar la situación de Sucre en Túquerres esperando los refuerzos militares prometidos por Bolívar para someter a cómo de lugar a Pasto y su gente, sabemos que estos comenzaron a llegar desde los primeros días de diciembre de Quito. A los cuatro contingentes o batallones ya relacionados, vienen a sumarse ahora los Batallones Bogotá y Vargas y otro de las milicias quiteñas en un número superior a los dos hombres, sumando en total cerca de los cinco hombres militarmente dispuestos para dar la guerra Pasto.

El historiador José Manuel Restrepo, dice al respecto: “Aumentada la división hasta dos mil hombres con los batallones “Bogotá” y Vargas” y otro de las milicias de Quito, se movió de Túquerres el 22 de diciembre. Sucre hizo varios reconocimientos y ataques falsos. Quería por este medio llamar la atención del enemigo a diferentes puntos de la formidable línea del Guáitara. Su verdadero ataque se dirigía hacia el paso principal del río. En consecuencia salió de Túquerres a las once del día, y por una marcha forzada llegó al Guáitara a las diez de la noche. Era ésta oscura y tempestuosa, lo que impidió echar el puente y que pasara “Rifles” antes de amanecer, según lo pensaba el Jefe. Descubierta la empresa por la luz del día, no era ya tiempo de retroceder, sino de continuarla a todo trance. Así, el puente fue restablecido bajo de los fuegos enemigos. Tomáronse también a viva fuerza por las compañías primera y quinta de “Rifles” las fortificaciones erigidas sobre las escarpadas rocas del Guáitara, que ofrecían a los facciosos una segunda victoria. Afortunadamente, confiados éstos en la clase de guerra que siempre habían practicado en aquella Provincia, tenían sólo cuarenta hombres para defender los parapetos, pues su Jefe, esperaba que los podría guarnecer oportunamente. El rápido movimiento de Sucre dejó burlados los cálculos de los rebeldes.

La cuchilla inaccesible de Taindala, que un mes antes detuvo la marcha de las tropas colombianas, quedaba por vencer y ofrecía otra gran dificultad, frustrada como había sido la sorpresa. El bizarro Coronel Sandes pidió para “Rifles” el honor de vencer donde habían sido rechazadas tres de sus compañías; fue le concedido, y las intrépidas primera y quinta marcharon a vanguardia. El movimiento continuó con rapidez, y vencida ya la mitad de la gran cuesta, llegó toda la fuerza del enemigo a defenderla; empero, aturdido con la velocidad de la marcha, y desconcertado en sus planes, fue envuelto por todas partes, y quedó en nuestro poder aquella altura (diciembre 23), que se temía costara trescientos hombres. Solamente hubo unos pocos heridos.

Era casi imposible perseguir activamente a los facciosos por la gran fatiga que había sufrido “Rifles” al trepar aquella desmesurada altura. Fue, pues, necesario que descansara y comiera la tropa después de veinticuatro horas de un trabajo continuo. Debieron los rebeldes a estas circunstancias el poderse rehacer en la quebrada de Yacuanquer.

Mientras se reunían los cuerpos fue reconocida la posición de los pastusos, y se halló que podía ser flanqueada. El batallón “Bogotá”, a las órdenes del bravo Coronel José María Córdoba, se destinó a ocupar los puestos que guarnecían los enemigos a nuestra izquierda, y a embestirlos por la espalda; entretanto “Rifles” atacaría por el frente. Córdoba ejecutó el movimiento con tanta exactitud, intrepidez y velocidad, que mientras los rebeldes trataban de atender a su ataque, “Rifles” los cargó a la vez, dispersándolos en un momento; pero sobrevino la noche, y favorecidos por el espeso bosque vecino, se pudieron salvar sin mucha pérdida. La división retrocedió a dormir en el pueblo de Yacuanquer, para descansar de tan repetidos combates y largas fatigas”

Las tropas invasoras, con mas de cinco mil hombres armados, distribuidos militarmente en siete batallones: El Rifles, Cazadores Montados, Escuadrones de Guias, Dragones de la Guardía que en principio habían sido derrotados en Taindala el 24 de noviembre, ahora estaban reforzados por el Bogotá, el Vargas, y las milicias quiteñas, teniendo a generales expertos y adiestrados como José María Córdoba, Hermogenes Maza y Barreto.

Duro tuvo que ser para las milicias pastusas confrontar armas con batallones que fueron avanzando por los empinados caminos que ascienden desde Yacuanquer a la Coba Negra, eran tan numerosos que su número muy inferior militantes en defensa de la ciudad y su gente fue cayendo sacrificada y retrocedía para atrincherarse en las goteras de Pasto como vamos a ver en la próxima crónica que trataremos lo pertinente a los macabros acontecimientos del 24 de diciembre de 1822, la que bien se denomina la noche negra, la negra navidad de los pastusos

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