En su alocución ante los pueblos de los Pastos y los Quillacingas en la ciudad de Ipiales con motivo de la visita del presidente de la República este miércoles 11 de junio, el director del Departamento Nacional de Planeación Alexander López reafirma la posición del gobierno nacional en lo referente a desarrollo de infraestructura vial en Nariño: “Mientras en otras regiones quieren hacer más carreteras y autopistas, nuestro presidente dice que tenemos que sembrar más comida, tenemos que entregar más tierras…”. Se hunde así ese gran sueño de los nariñenses de tener unas vías dignas que nos permitan una conectividad y competitividad empresarial e industrial. El pueblo indígena aplaude tales palabras.
A renglón seguido habla el gobernador indígena Mauricio Quenguan y expone la real situación de los pueblos indígenas. Expresa su preocupación por los bajos índices de inversión presupuestal en la región al extremo que muchos ministerios no ejecutan sus recursos, en medio del hambre y el abandono de los pueblos indígenas. Implora inversión económica y la pronta ejecución de obras que permitan aliviar la dura y cruda realidad de su pueblo.
En medio de su clamor y de su sensata exposición oratoria pronuncia una frase que nos parece debe constituirse en la brújula de nuestro pueblo: “Qué no se atranquen los vientos del sur”. Una realidad innegable ante la nula o escasa inversión presupuestal en nuestra región, la permanente zozobra de la construcción de unas vías para Nariño y el anuncio de cierre y retiro de las escasas empresas e industrias del departamento de Nariño.
El gobernador indígena Mauricio Quenguan solicita inversión, menos retórica y obras reales y comprobables. Habla con sensatez, valentía y cordura exponiendo la cruda realidad de su comunidad.
El gobernador de Nariño reclama vías. Pero calla ante el pronunciamiento claro y contundente del Director Nacional de Planeación que anuncia el deseo del gobierno nacional de suspender la construcción de infraestructura vial por considerarla innecesaria.
Por su parte, el presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, habla una sarta de sandeces que nos parece una ofensa para los pueblos indígenas de Nariño. Más de media hora hablando de Nixon y el Watergate, de la guerra de Vietnam y del conflicto palestino. Parece no ver la gran tragedia de los pueblos ancestrales.
Al referirse a las peticiones de los pueblos Pastos y Quillacingas escritos en unos papeles que demuestran angustia y dolor, se limita a expresar que serán los pueblos los que decidan el futuro de sus regiones. Expone su proyecto de un PODER POPULAR en en cual serán éstos mismos pueblos quienes determinen las obras que se deben ejecutar. Y entre renglones señala que deberán decidir entre obras de infraestructura vial o de inversión empresarial o industrial.
Serán los pueblos indígenas de Cauca y Nariño quienes en unidad de acción señalen el destino de los escasos recursos económicos que asignará el gobierno nacional. .!! O carretera o empresa lechera o agroindustrial…¡!! Se les concede una autonomía con el oscuro propósito de que sea el pueblo el que decida sobre la realización, o no, de una vía o doble calzada que nos permita un desarrollo regional. Una encrucijada entre el hambre y la necesidad de los pueblos.
En datos del contralor municipal de Pasto, Luis Fernando Mutis, “En los últimos 18 meses Nariño registra pérdidas superiores a los 2 billones de pesos. La primera situación se presenta por la afectación de la vía panamericana en el sector de Chontaduro, en Rosas Cauca, que tuvo por un año y dos meses incomunicado parcialmente al departamento. La otra situación se presenta por los 44 bloqueos que se han presentado por protesta social en el departamento del Cauca ante reclamos a los gobiernos locales y nacional por incumplimientos en proyectos de educación, salud, servicio públicos, generando pérdidas diarias de 13 mil millones de pesos según datos de la Cámara de Comercio de Pasto. Esta situación pone en vilo en transporte de carga a través de la única frontera activa del país con el resto del continente, teniendo en cuenta que la vía panamericana transporta 1.800.000 toneladas de carga por año. La quiebra en empresas de transporte, productos básicos y el agro es indiscutible”.
El presidente Gustavo Petro nos pone en la incómoda situación de decidir el destino de los recursos que entregará la nación a Nariño. Perversa manera de tratar a un pueblo que ha creído ciegamente en su palabra. Pone a pelear a los pueblos y sus dirigentes en un desgaste de esfuerzos e iniciativas.
El pueblo ingenuo aplaude sus desgracias desconociendo el real alcance de las intenciones de un gobierno que juega con los anhelos y sueños de un bienestar colectivo. Poner a pelear a los pueblos para que decidan entre vías y obras de impostergable realización no es solo perverso sino maquiavélico. Concede una autonomía a cambio de sometimiento y mutismo. En la agenda de los pueblos se decidirá entre un hospital o una escuela o entre una vía que no se niega pero que tampoco se concede.
En esta razón de ideas nos parecen coherentes, aunque tímidas, las palabras del gobernador indígena Mauricio Quenguan que entre bastones de mando y rostros cansados y agobiados de su gente expresa “Qué no se atranquen los vientos del sur”. Para el pueblo de Nariño estos vientos se han convertido en un verdadero cólico que conjugan las bufonadas de nuestros gobernantes y el malestar de nuestra conciencia.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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