Transiciones

 

Por: Juan Pablo Torres-Henao

 

 

A medio camino entre las elecciones legislativas y las elecciones presidenciales, escribo esta columna desligado de los cálculos electorales que nos persiguen a quienes respiramos política, pero si consciente de la presión de la coyuntura para quienes nos ubicamos en el espectro político a la izquierda de lo posible y sabemos diferenciar claramente entre alternancia y alternativa.

 

A lo largo de la historia del siglo XX y de lo que llevamos de este, las izquierdas en todo el mundo han jugado un papel clave durante los procesos de transición. En esos momentos bisagra, entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer como afirmaba Antonio Gramsci, han sido las organizaciones de izquierda las que se han jugado todo su capital político en búsqueda de una opción democrática en contraposición de opciones gatopardistas -es decir, que todo cambie para que no cambie nada- o más autoritarias que terminen de recortar los escasos derechos de sus sociedades.

 

En esta transición política en la que nos encontramos inmersos desde hace algunos años con la consolidación de los diálogos entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las extintas FARC-EP y la firma del Acuerdo Final de Paz para ser más preciso, se ha abierto la posibilidad histórica para que llegue a la Casa de Nariño una opción política abiertamente opuesta al orden establecido. El primer paso ya se dio con la conquista por parte del Pacto Histórico de 20 curules para el Senado y 28 para la Cámara de Representantes, el segundo se definirá el próximo 29 de mayo del año en curso. 

 

Paradójicamente, de no pensar en grande, reconocer con humildad lo que se es pero sin ningún complejo sobre lo que se quiere ser, el partido político COMUNES, hijo de esta transición política que busca poner fin a más de 50 años de conflicto armado enfrenta el desafío político más profundo desde su fundación. Primero, por la derrota electoral sin paliativos que cosecharon en las más recientes elecciones legislativas, donde en relación a estas mismas en 2018 perdieron más de 20.000; y segundo, por el hecho concreto de que una coalición de la que no son parte pareciese patrimonializar -potencialmente desde el gobierno- la representación de toda la izquierda.

 

Consciente del casi nulo peso electoral que a la fecha tiene el partido político COMUNES, pero también de su rol protagónico en cualquier proyecto político que suponga la superación del conflicto armado y la construcción de paz en y desde los territorios, es que considero no solo esencial la ampliación del Pacto Histórico, sino estratégico que la formación política que recoge las banderas de las extintas FARC-EP explore la posibilidad de gestionar y conformar un movimiento político y social que recoja expresiones políticas regionales decantadas por un horizonte feminista, socialista, defensor a ultranza de la naturaleza y la vida misma.

 

Ante una propuesta política como la del Pacto Histórico, COMUNES, por su trayectoria histórica, su ADN que nos remite a las expresiones sociopolíticas más subversivas en la historia reciente de Colombia y sus raíces que reclaman tornar nuestra vista al campo y al campesinado, no puede pensarse como una organización subsidiaria del Pacto Histórico, debe ser la alternativa desde la izquierda a este, por la profundización de la democracia en Colombia, pero también por la necesaria superación del neoliberalismo en nuestra tierra para poder tener un futuro realmente humano.

 

 

 

Comentarios

Comentarios