Trump respalda a Abelardo y Petro responde: “cuando un país interviene en las decisiones de otro, muere la libertad”

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El apoyo del presidente de Estados Unidos al candidato Abelardo De la Espriella agitó la campaña presidencial colombiana. Gustavo Petro rechazó el pronunciamiento como una intervención extranjera, aunque su propio gobierno ha sido cuestionado por pronunciarse sobre procesos políticos en Ecuador, Chile, Bolivia y Perú.

La segunda vuelta presidencial en Colombia acaba de sumar un actor internacional de alto peso político: Donald Trump. El presidente de Estados Unidos expresó públicamente su respaldo a Abelardo De la Espriella, candidato que ganó la primera vuelta y que disputará la Presidencia con Iván Cepeda el próximo 21 de junio.

El mensaje, difundido en redes sociales y replicado por medios nacionales e internacionales, felicitó a De la Espriella por su victoria en primera vuelta y lo presentó como un líder fuerte para impulsar la economía, crear empleo, combatir el crimen, enfrentar las drogas y restaurar el orden público. Trump también calificó la elección colombiana como crucial para el futuro de la relación entre Colombia y Estados Unidos.

El respaldo no es menor. De la Espriella ha construido parte de su narrativa política alrededor de la seguridad, el orden, la lucha contra el crimen y una agenda de derecha dura. El candidato colombiano ha propuesto medidas como la construcción de megacárceles y ha sido comparado por su discurso de seguridad con el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

La respuesta de Petro

La reacción del presidente Gustavo Petro fue inmediata. El mandatario rechazó el apoyo de Trump a De la Espriella y sostuvo que cuando un país interviene en las decisiones de otro “muere la libertad”. Petro apeló al discurso de soberanía nacional y pidió que los colombianos decidan libremente en las urnas.

El pronunciamiento llega en medio de un clima político cargado. Tras la primera vuelta, Petro también cuestionó el preconteo electoral y habló de presuntas inconsistencias en el software de la Registraduría. La Registraduría, por su parte, respondió que el escrutinio avanzaba casi en su totalidad sin incidentes relevantes.

La tensión se produce cuando De la Espriella busca consolidar el voto de derecha y Cepeda intenta ampliar el respaldo progresista de cara a la segunda vuelta. En ese contexto, el apoyo de Trump puede ser leído como un impulso para la campaña de Abelardo, pero también como un argumento para el petrismo, que intentará presentar la elección como una defensa de la soberanía nacional frente a intereses externos.

El punto incómodo: Petro también ha opinado sobre elecciones ajenas

La crítica de Petro a la intervención extranjera abre un debate inevitable: el propio mandatario colombiano ha sido cuestionado en varias ocasiones por pronunciarse sobre procesos políticos de otros países.

En Ecuador, Petro dijo en abril de 2025 que no podía reconocer las elecciones presidenciales en las que fue reelegido Daniel Noboa, pidió la publicación de actas y argumentó que no hubo condiciones plenas de libertad por el contexto de estado de excepción y presencia militar. Esa posición contrastó con la línea inicial de la Cancillería colombiana, que había felicitado a Noboa.

En Chile, Petro reaccionó con dureza a la elección de José Antonio Kast. Según El País, el presidente colombiano llegó a decir que jamás le daría la mano a “un nazi”, lo que provocó una nota de protesta del Gobierno chileno por considerar sus palabras desobligantes frente al presidente electo.

En Bolivia, tras la primera vuelta electoral de 2025, Petro publicó un mensaje en el que lamentó la división del movimiento indígena y popular, al señalar que esa fractura permitía el regreso al poder de sectores conservadores. El pronunciamiento fue leído como una toma de posición frente al resultado político boliviano.

En Perú, desde el inicio de la crisis posterior a la salida de Pedro Castillo, las declaraciones de Petro sobre el gobierno de Dina Boluarte generaron tensiones diplomáticas. La Cancillería peruana llegó a calificar sus expresiones como una “injerencia inaceptable”.

Por eso, el rechazo de Petro al apoyo de Trump a Abelardo tiene una doble lectura. Por un lado, es cierto que el respaldo explícito de un presidente extranjero a un candidato en plena segunda vuelta puede ser interpretado como una presión política externa. Pero, por otro lado, sus críticos le recuerdan que él mismo ha intervenido discursivamente en debates electorales y políticos de países vecinos.

Un respaldo que puede mover votos y emociones

Para Abelardo De la Espriella, el apoyo de Trump puede fortalecer su imagen ante sectores de derecha, empresarios, votantes conservadores y ciudadanos que ven en Estados Unidos un aliado estratégico para seguridad, comercio y lucha contra el narcotráfico.

Pero también puede generar resistencia en otros sectores. En un país con memoria histórica sobre la influencia de Estados Unidos en América Latina, el respaldo de Trump puede activar discursos nacionalistas, soberanistas y antiintervencionistas, especialmente en el electorado progresista que acompaña a Iván Cepeda.

La campaña entra así en una nueva fase: ya no solo se discute quién debe gobernar Colombia, sino qué tipo de relación debe tener el próximo gobierno con Washington.

Nariño mira la disputa desde la frontera

Para Nariño, el debate no es lejano. El departamento vive de manera directa las consecuencias de la política internacional: frontera con Ecuador, comercio binacional, seguridad en el Pacífico, migración, lucha contra economías ilegales, cooperación internacional y programas de sustitución de cultivos.

Mientras a nivel nacional Abelardo ganó la primera vuelta, Nariño votó mayoritariamente por Iván Cepeda. Esa diferencia convierte al departamento en un territorio clave para medir hasta dónde puede crecer el discurso de soberanía del petrismo y hasta dónde puede penetrar la promesa de orden y seguridad de Abelardo.

El apoyo de Trump puede entusiasmar a unos y preocupar a otros. Pero lo cierto es que su entrada en la campaña colombiana confirma que la segunda vuelta ya no será solo una disputa interna. Colombia quedó ubicada en el centro de una conversación regional e internacional donde se cruzan ideología, seguridad, comercio, narcotráfico, soberanía y poder.

La pregunta que queda abierta es si el respaldo de Trump impulsará a Abelardo hacia la Presidencia o si, por el contrario, le dará al petrismo una bandera para movilizar el voto en defensa de la autonomía nacional. En una elección cerrada, ambos efectos pueden ser decisivos.

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