Un crimen atroz

Lo acontecido en los últimos meses contra la humanidad de soldados y policías es realmente atroz. Sus vidas penden de un hilo tras la orden impartida por el Clan del Golfo que de esa manera pretenden vengar la decisión del gobierno colombiano de extraditar a uno de sus jefes, Otoniel, y a su hermana, a los Estados Unidos.
Macabro, por decir lo menos. Un crimen que rompe definitivamente toda intención de diálogo que pueda conducir a una paz en Colombia. Nuestros soldados y policías no merecen ese ultraje por la sencilla razón que son hijos del pueblo que poco o nada tienen que ver con las altas decisiones de Estado.
Como también censurable y reprochable que algunos ex altos mandos militares expresen que esa es una estrategia que permitirá al gobierno entrante concitar la aprobación de los colombianos al cesar estos brutales ataques una vez estén en el poder. Así se desprende de sus declaraciones, que co sudera os, salidas, de tono:
«El coronel (r) John Marulanda, presidente de la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares de Colombia (Acore), le aseguró a Infobae Colombia que desde la colectividad manejan tres hipótesis respecto al plan pistola.
“La que más nos llama la atención es que es un incremento adrede, para cuando Gustavo Petro tome posesión, inmediatamente cesen todas las acciones armadas de este tipo. Lo único que van a hacer es generar simpatía hacia el nuevo gobierno y que se diga que “por fin llegó la paz”.
Un comentario, reitero, mal intencionado y carente de toda veracidad o credibilidad.
Estos asesinatos deben conducirnos a buscar unas verdaderas políticas de paz, a la concreción de unos diálogos regionales que permitan el fortalecimiento de nuestra democracia. No es con actos tan viles como se hace patria.
Por supuesto que el presidente electo debe priorizar en su agenda esta atrocidad que nos convierte en una verdadera vergüenza mundial. No de otra manera se puede pensar que nos encaminamos hacia una verdadera democracia. Que cesen estos viles ataques y asesinatos, ese es el sentir y el clamor de cada uno de los colombianos.
Quienes actúan de manera tan vil deben dar alguna muestra de reconciliación, si bien es cierto que el perdón social es una bandera que nos convoca, también es cierto que la no repetición de actos crueles y bárbaros es una condición imprescindible para acoger en su seno a quienes extraviaron su camino. No debemos confundir paz con impunidad. La paz es ese bien que nace en los corazones y florece en las manos de buenos y pobres, de ricos y poderosos, de extraviados e iluminados.

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