Usos y abusos del “cambio”

 

Por: Juan Pablo Torres Henao

 

 Elección tras elección, cada cuatro años, las y los candidatos presidenciales se presentan ante la ciudadania como la opción del cambio. Unos invitan a ser parte del cambio, otros depositan en la ciudadania el ejercicio del cambio y no pocos sostienen que ellos son el cambio. Matices que sin embargo contienen mucho del carácter del candidato y su postura de cara a la democracia en sí y su ejercicio.

 

En las actuales elecciones presidenciales no era de esperar algo distinto. La apelación al cambio está presente en todo el espectro político, de la izquierda a la derecha, pasando por ese difuso centro -que terminará alineándose con la derecha o la izquierda, ya sea por acción u omisión- tan en boga hoy en día y tan disputado por quienes la ambivalencia resulta ser una virtud.

 

Desde hace ya muchos años en Colombia ha hecho carrera la paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896 – 1957) en su novela El Gatopardo, donde se plantea que “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” o dicho de una manera más parroquial: cambiemos todo para que todo siga igual. Elección tras elecciones este ha sido el mantra que ha acompañado a las clases dominantes. Desde que somos república muchas cosas han cambiado pero todo sigue igual y algunas tienen vocación a empeorar.

 

El gobierno de Iván Duque ha corroído las bases de la derecha en Colombia, lo cual no podía ser de otra manera, dado que su objetivo no era otro que en lo económico dar continuidad al modelo existente en Colombia y en lo político oponerse al Acuerdo de Paz y de paso proteger al mejor político que ha visto nuestro país en las últimas tres décadas. El fracaso en gestionar el modelo neoliberal, hacer trizas la paz y blindar al innombrable le dan hoy a la izquierda la mejor opción en toda su historia de llegar a ser gobierno y con ello sentar las bases para ser poder.

 

El candidato más opcionado a ganar la consulta de la coalición Equipo Colombia, Federico Gutiérrez, si bien a la fecha no presenta un programa de gobierno, plantea que lo que necesita el país es orden y oportunidades. Un breve vistazo a sus ideas y propuestas dejan en evidencia que hay más rupturas que continuidades con el gobierno de Iván Duque y sus predecesores.

 

Por su parte, Sergio Fajardo, el más opcionado para ganar la consulta de la coalición Centro Esperanza, presenta en su plan de gobierno una multiplicidad de propuestas enfocadas en la atención especial de grupos poblacionales especialmente afectados por el modelo económico, como las mujeres, los pueblos étnicos, las juventudes y las personas mayores de sesenta años. Sin embargo, falla en identificar el problema estructural del modelo aplicado a Colombia, ya que estima que su mal funcionamiento es en gran medida producto de la corrupción y no de la esencia misma del neoliberalismo.

 

Finalmente, Gustavo Petro, virtual ganador de la consulta en la coalición del Pacto Histórico, define que los ejes para que Colombia cambie se encuentran en la defensa de los derechos de las mujeres, el ordenamiento territorial en torno al agua, la transición energética, la construcción de infraestructura competitiva, el cumplimiento del Acuerdo de Paz, la garantía de la salud, la educación, la pensión y los servicios públicos como derechos y la reducción de la desigualdad a partir de la promoción de una justicia tributaria.

 

En Colombia no pasaron muchos años luego de que el neoliberalismo impuesto a sangre y fuego en Chile golpeara sus puertas. Desde mediados de la década de 1970 y especialmente en la Colombia post Constitución Política de 1991 nuestros abuelos y padres han visto como la calidad de vida se ha deteriorado a pasos agigantados. Las empresas estatales sucumbieron ante los intereses privados, los espacios públicos pasaron a ser de unos pocos y la flexibilización y precarización laboral se ha hecho el pan de cada día.

 

Hoy en día son los y las jóvenes que protagonizaron el último ciclo de protestas los que dan cuenta de un modelo económico agonizante que excluye a millones de colombianos del pacto constitucional. El cambio que unas fuerzas políticas proponen es la reciclaje del gatopardismo. El cambio que otras fuerzas políticas proponen es el de ir a la raíz de las conflictividades en Colombia e iniciar a transitar un horizonte posneoliberal donde se recupere el rol del Estado como garante de derechos. Ya está en nuestras manos optar por un nuevo desfalco de nuestras esperanzas o darle la oportunidad al cambio histórico que necesitamos como Estado y Nación.

Comentarios

Comentarios