VIENTO LIBRE

Fotografía: Julio Andrade

Por: Julio Andrade

 

Recuerdo nuestra infancia, cuando los Andrade y los Riofrio nos reuníamos en la casa de aluminio de la Bisabuela Lastenia y la Mamita Conchita, para organizar el paseo hacia la salida de Tumaco. Rumbo AL PINDO.

Arrancábamos en una caminata larga para nuestros cortos pasos, por la calle nueva creación y tomando el puente Herrera. Un ciempiés inmenso cubierto con negras escamas de costaneras y largas extensiones que parecían un millar de patas de mangles frescos escamados, que se posaban sobre montículos semejantes a grandes piacuiles que en realidad eran construcciones palafíticas, chozas de zinc y paja, donde moraban nuestros paisanos marginados por quienes en ese entonces gobernaban nuestro destino y eran conocidos como los de la High Ligh.

 

Cruzar por el Herrera era toda una odisea, el ciempiés se balanceaba al vaivén de nuestros pasos y era tan extenso que terminaba en una cabeza enorme con una lengua bifurcada de serpiente a la que se le conoce hoy como la YE del pindo.

 

El paseo terminaba en la casa de nuestra tía Justa Angélica y su esposo TAQUITO donde se conformaba el triángulo familiar con los primos Herman.
Suculento sancocho de gallina criolla en fogón de leña, hervía en el pequeño patio junto al chiquero del marrano negro trompudo y las tres matas de plátano artón.

 

La tarde transcurría en un paseo formidable de navegación en potrillos y balsillas, cosecha de naranjas y cocos tiernos que se daban silvestres cerca al bajamar.

 

Al bajar la marea el maravilloso recorrido por las inmensas playas recolectando pianguas, almejas, chorgas, pateburros, chiripianguas, bulgados y jaibillas. Estos manjares, entrada ya la tarde, terminaban en tremenda peroleta con chiros y un poco de sal sobre un fogón improvisado al filo de la playa.

 

Ese era el VIENTO LIBRE que conocí en mi niñez. Un caserío de gente humilde dedicados a pescar, a conchar, a arrancarle al manglar y a las playas el sustento para sus descendientes, a convivir en paz, armonía y tranquilidad.

 

Hoy viento libre es uno de los barrios más extensos y más poblados de nuestro municipio. Lo que antaño fuera una playa inmensa donde se respiraba un “viento libre”, libre de contaminación, libre de incertidumbres, libre de temores, hoy es un conglomerado de viviendas palafíticas en su mayoría sembradas en un barrial mal oliente producto de todo tipo de desechos y especialmente del aserrín que a diario sin ningún control arrojan los aserríos al mar afectando los manglares y la fauna marina y que al entrar la noche, sumidas en la soledad y en la oscuridad parecen gigantescos caricacos fantasmas, anclados, estáticos, inmóviles donde no se escucha ni el volar de los zancudos, porque hasta estos decidieron no entrar a viento libre después de las seis por temor a quedar atrapados en aplausos.

 

Con el mayor porcentaje de necesidades básicas insatisfechas, Viento Libre es caldo de cultivo para la concentración de todo tipo de complicaciones. En el convergen reductos de grupos armados como las BACRIM, milicias urbanas y delincuencia común, mismas que han dejado en su accionar un mar de lágrimas y un sinnúmero de huérfanos y viudas.

 

El desplazamiento interno y los homicidios hasta hace unos meses eran una constante, y aún quedan muchas viviendas abandonadas por sus propietarios por el miedo a ser víctimas de cualquier tipo de violencia.

 

Gracias al accionar de las autoridades y el tesón de sus habitantes, se han reducido los enfrentamientos que se daban a diario entre diferentes grupos de delincuencia y fuerza pública y se vislumbra una luz de esperanza al final del túnel.

 

Aun así, en VIENTO LIBRE cabe el estribillo del consuelo cotidiano de que “LOS BUENOS SOMOS MÁS”. Más del 90 % de sus habitantes, son gentes honestas y trabajadoras dedicadas en su mayoría a la pesca y la extracción de moluscos (conchas), es decir a pianguar. El resto son trabajadores que se desempeñan al igual que la mayoría de la población en empleos de todo tipo como también en labores independientes y el rebusque.

 

Carmen Julia Valencia presidenta de ASCONAR, cooperativa líder en la captura y comercialización de “piangua”, Ever Ledezma, presidente de la Asociación ASOFUTURO y los líderes de la Junta de Acción Comunal, son ejemplos fehacientes de personas comprometidas con el progreso y las ganas de sacar adelante su comunidad.

 

Son ejemplos vivos para que el mundo entero conozca que este conglomerado de personas humildes, estigmatizados por los hechos violentos de unos pocos, no se merecen la mala fama que equivocadamente y por falta de oportunidades y de soluciones a sus más mínimas necesidades, a nivel nacional les han puesto en sus espaldas, para que ellos y sus generaciones carguen con la discriminación de pertenecer al BARRIO VIENTO LIBRE.

 

El abandono estatal, especialmente local durante toda su existencia, es la causa principal para que este sector como muchos de nuestra población haya sido tomado por unos pocos individuos que han deteriorado al extremo la imagen de la gente buena que reside en ellos.

 

Sólo esperan que los mandatarios de turno, respondan a sus necesidades y cumplan con lo que en tiempos de elecciones les prometen a cambio de sus votos.

 

Ellos no pierden las esperanzas, porque si quienes tienen la obligación de propender por su desarrollo y bienestar no lo hacen, ellos tienen la fuerza suficiente, el valor y el compromiso con sus congéneres de rescatar lo que otrora fuera su orgullo y su amor, el nombre de su barrio “VIENTO LIBRE”.

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