Ataques que ennoblecen

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Pablo Emilio Obando Acosta
En una sociedad democrática, la crítica constituye un ejercicio legítimo de la libertad de expresión. Quien decide escribir, opinar y participar en los asuntos públicos sabe que tarde o temprano sus ideas despertarán aplausos y también contradictores. Esa es la esencia del debate democrático. Lo que jamás podrá aceptarse como parte de esa discusión es la mentira deliberada, la difamación cobarde y el anonimato utilizado como refugio para destruir la honra ajena.
En días recientes, una página que se autodenomina Caza Noticias, escondida tras el velo del anonimato, decidió convertir la falsedad en noticia. No responde con argumentos a mis columnas, ni confronta mis ideas con razones; opta por el camino más fácil: fabricar versiones destinadas a desprestigiar mi nombre y, de paso, el de importantes dirigentes del departamento de Nariño.
Se afirma, por ejemplo, que el doctor Nicolás Toro Muñoz, alcalde del municipio de Pasto, me habría sacado “a patadas” de su despacho. La afirmación no solamente es falsa; resulta ridícula para quienes conocen nuestra relación de amistad, construida desde hace muchos años.
Nuestra amistad no nació con su elección como alcalde. Viene de mucho tiempo atrás. Quiero recordar un hecho que me honra profundamente: mi primer libro pudo publicarse gracias al decidido respaldo del entonces concejal Nicolás Toro Muñoz, quien gestionó los recursos que hicieron posible aquella obra, hacia el año 1999. Ese gesto jamás lo olvidaré y hoy lo reconozco públicamente con gratitud.
Con el alcalde Nicolás Toro existe una amistad sincera, respetuosa y fraterna. Conversamos con frecuencia. Tengo la fortuna de ser recibido con afecto en su despacho y, como ocurre entre verdaderos amigos, coincidimos en muchas cosas y discrepamos en otras. Porque la amistad auténtica no exige silencio cómplice.
He respaldado las decisiones administrativas que considero beneficiosas para Pasto y también he expresado públicamente mis observaciones cuando pienso que determinadas actuaciones requieren ajustes. Esa independencia ha caracterizado toda mi vida periodística. La amistad jamás ha condicionado mi libertad para opinar.
Otra de las afirmaciones difundidas sostiene que soy enemigo del doctor Guillermo García Realpe. Nada más distante de la realidad.
Nos unen profundos afectos personales y políticos. Guillermo García Realpe fue un gran amigo de mi padre, Nelson Ovidio Obando H., y fue precisamente él quien impulsó un sentido homenaje en su memoria hace ya varias décadas. Ese gesto permanece imborrable en nuestra familia.
Reconozco en Guillermo García Realpe a un dirigente que ha ocupado importantes responsabilidades regionales y nacionales y que ha contribuido significativamente al desarrollo de Nariño. Como ocurre con cualquier servidor público, algunas de sus aspiraciones quedaron pendientes, pero ello jamás disminuye el respeto, la admiración y la amistad que nos profesamos.
También se pretende hacer creer que soy enemigo personal del señor gobernador de Nariño.
Quienes han seguido mis columnas saben perfectamente que he formulado críticas severas a algunas políticas públicas, particularmente alrededor del proceso de paz territorial. Pero una cosa es controvertir decisiones administrativas y otra muy distinta convertir la diferencia en enemistad personal.
Jamás he recurrido al insulto, la descalificación o la ofensa. Mis observaciones siempre han sido públicas, argumentadas y sustentadas. Y debo reconocer que el propio gobernador ha dado ejemplo de respeto por la diferencia. Hemos dialogado, nos hemos encontrado con cordialidad, nos hemos estrechado la mano y hemos intercambiado opiniones sin fanatismos ni agresiones. Así debería funcionar siempre la democracia.
También se afirma que soy un personaje anónimo dentro de la ciudad de Pasto. Esa apreciación no merece mayor discusión. Será la ciudadanía quien juzgue una trayectoria construida durante décadas de trabajo periodístico, literario, docente y cívico.
He tenido el honor de recibir reconocimientos que agradezco profundamente: he sido distinguido en diferentes oportunidades como uno de los columnistas de opinión más destacados del suroccidente colombiano; la firma Cifras y Conceptos me otorgó un importante reconocimiento como periodista “Líder de opinión” en el departamento de Nariño; la Asamblea Departamental ha exaltado mi labor; el Concejo Municipal de Pasto me concedió su máxima condecoración por mis aportes cívicos, sociales, culturales y literarios; y, sobre todo, he recibido el afecto de miles de lectores que durante años han acompañado mis escritos.
No escribo para agradar a todos. Escribo para expresar, con responsabilidad, aquello que considero útil para la sociedad.
Por fortuna, en esta región conservo la amistad y el respeto de dirigentes políticos de diversas corrientes, congresistas, empresarios, líderes sociales, académicos y ciudadanos. A muchos los he respaldado cuando considero acertadas sus actuaciones; a otros los he criticado cuando así lo exige mi conciencia. Esa independencia constituye el patrimonio más valioso de un columnista.
Lo verdaderamente preocupante no son los ataques dirigidos contra mi nombre. Lo alarmante es que estas plataformas anónimas vienen utilizando la mentira como mecanismo para desacreditar a numerosos dirigentes del departamento de Nariño, sembrando sospechas, agravios y desinformación que pueden terminar generando consecuencias imprevisibles para la convivencia y la seguridad de las personas. La libertad de expresión jamás puede convertirse en licencia para difamar.
Corresponde ahora a las autoridades competentes investigar el origen de estas publicaciones, establecer quiénes se esconden detrás del anonimato y determinar las responsabilidades a que haya lugar. El buen nombre es un derecho constitucional que merece protección.
A mis lectores, a quienes durante tantos años han acompañado este ejercicio periodístico, solo puedo expresarles mi gratitud. Ellos conocen mi trayectoria, mis aciertos y también mis errores. Saben que nunca he ocultado mi identidad detrás de un seudónimo ni de una página sin responsables visibles. Siempre he firmado con mi nombre cada palabra escrita, asumiendo plenamente las consecuencias de mis opiniones.
La historia enseña que cuando los argumentos escasean aparecen los agravios; cuando no existen razones, se inventan calumnias; y cuando falta el valor para dar la cara, se acude al anonimato.
Por eso no guardo resentimiento. Al contrario, recibo estos ataques con serenidad. Porque existen ataques que no disminuyen a quien los recibe. Lo ennoblecen.

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