Escuchando nota
Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
Las batallas de Agustín Agualongo Cisneros no terminan. Han pasado más de 200 años desde su muerte y aquel que fuera Comandante del Ejército Real Español y caudillo de una región que no quería la independencia de España, sigue estando envuelto en la controversia y el enfrentamiento.
Al interior de Pasto y de Nariño su figura continúa marcada por el respeto a sus ideas, la admiración a su valentía y el constante descubrimiento de detalles de su vida. No todo se ha escrito sobre Agualongo, aunque se haya escrito mucho. Y es lógico. Detrás de sus tropas no había amanuenses, tras sus victorias o derrotas no había diarios y cartas, y una vez pasó el tiempo, sucedió lo que siempre ha sucedido: que la historia bélica la cuentan los vencedores.
Esa historia oficial comenzó a ser contada en Colombia por José Manuel Restrepo con su “Historia de la Revolución de la República de Colombia” en 1827 y continuó con el “Compendio de la Historia de Colombia” por Jesús María Henao y Gerardo Arrubla en 1911. Y aunque surgieron textos alternativos como los “Estudios sobre la vida de Bolívar”, de José Rafael Sañudo en 1925, aquella historia no puso a Agualongo en el lugar social que ameritaba. Era un rebelde, alejando de la mentalidad de nueva nación que defendieron los “Padres de la Patria” y su nombre fue relegado al plano que ocupa el villano en las series de televisión y en las películas.
Por eso razón también (y esto lo traté en una columna titulada “El lado B de la historia”), el propio Sañudo, quien desnudó el lado oscuro de Bolívar, no tiene en la ciudad de Pasto ninguna estatua, ninguna efigie y ningún nombre de calle. Y eso que hizo parte de la llamada “Generación de 1904”, una de las más brillantes que se tenga noticia. Esa generación fue la que tomó la decisión de llamar a esta región como Departamento de Nariño, en honor del Precursor de la Independencia, Antonio Nariño, otrora enemigo declarado y combatiente de los pastusos.
Ese fue el precio a pagar para congraciarse con el Gobierno central e integrarse al proyecto de reorganización territorial de Rafael Reyes tras la Guerra de los Mil Días. Fue bien visto el departamento con ese nombre, y la generación de Sañudo tuvo visión de futuro, al provocar un papel decisivo del departamento en ese territorio nacional que abría las puertas del siglo XX. Pero le ha pesado como una loza aquel apellido que, además, tiene una estatua en su honor en una plaza en su honor.
Alguien llegó a proponer hacer una estatua de Agualongo en 1910, con motivo del aniversario de la independencia, pero había que ser consecuente con el nombre del departamento y eso fue decisivo para que pusiera en la plaza la figura de Antonio Nariño, con una obra idéntica a la que había hecho para Bogotá el escultor francés Henri-Léon Gréber. Esa es la actual.
Así que la figura de Agualongo no ha podido ser mostrada. El nombre, en cambio, si: para un hotel en los años 70, para un barrio en los años 80 o para la concha acústica y un puente ya en el siglo XXI.
Han sido muchas las campañas para hacer un busto y/o una estatua, pero no han acabado con éxito porque la ubicación pública requiere una aprobación gubernamental de plano, diseño y viabilidad. Pero además, de cumplir con la Ley 163 de 1959, que habla sobre el interés social, histórico y artístico del proyecto; y esas instancias nunca se alcanzaron. En cambio, pinturas hay muchas, ilustraciones también, y libros, por supuesto, hay bastantes.
Fuera del país hubo un intento de hacer un busto por el escultor argentino José Rodolfo Marsch, pero no pasó de ser un pequeño trabajo destinado a ilustrar el libro “La fe en los caudillos”, de Ángelo Guiñez Jarpa en Chile. Esta obra, por cierto, habla de todos aquellos líderes que se opusieron al proceso independentista en distintas regiones del continente, como el general indígena Antonio Navala Huachaca. Agualongo no era el único, ni mucho menos.
Y eso nos lleva a Arenas del Rey, pueblo español de la comarca de Alhama, en la provincia de Granada, Andalucía. Está junto al Pantano de los Bermejales y al Parque Natural de las Sierras de Tejeda. Un emplazamiento rodeado de naturaleza, famoso por los turistas que buscan hacer senderismo y que tiene apenas 600 habitantes. Pues allí, en ese lugar ubicado a 8.500 kilómetros de Pasto, se presentó en 2024 el proyecto para levantar una estatua de Agustín Agualongo.
La iniciativa fue de la Asociación Cultural Héroes de Cavite, una entidad que se creó en 2020 en Cartagena, puerto ancestral de la región de Murcia, para fomentar el hispanismo y la historia compartida. En otras palabras, para luchar contra la famosa Leyenda Negra española. Esto es, según la Real Academia de la Lengua, el relato desfavorable y generalmente infundado, en este caso sobre las acciones de los españoles en América entre la Conquista y la Independencia.
Esa Leyenda Negra hace parte del lado B de la historia, la que no fue escrita por los vencedores, y que se limitó a decir que los buenos eran los patriotas y los malos eran los realistas, y que con Simón Bolívar triunfó el bien sobre el mal. Un tema complejo, desde luego, y de nunca acabar, pero un tema también, de habitual polémica.
La Asociación (cuyo nombre proviene de los combatientes en una famosa batalla en las Filipinas), busca, entre otras cosas, rescatar figuras de la Hispanidad que han sido olvidadas por la defensa monárquica que hicieron en su momento. Es el caso de los combatientes de Coro, en la actual Venezuela; o los defensores de Huamanga, en el actual Perú.
Esto sirve para darnos cuenta que Agustín Agualongo no es sólo un personaje que nos importe a los pastusos, sino que su lucha ha trascendido con el tiempo. Hoy en día, cuando tenemos más recursos informativos, cuando nos hemos globalizado, la memoria del líder indígena llega a personas que quieren rescatarlo para las nuevas generaciones.
La Asociación, claro, tiene como fin “incrementar los lazos de amistad, cooperación e integración con los países de la esfera de la Hispanidad, siendo conscientes que ésta es el resultado de un mestizaje”. En el proyecto, la acompaña la Asociación Renacer Hispanoamericano, La Asociación Renacer Hispanoamericano, que promueve la migración legal y consensuada.
La estatua se la encargaron a Antonio Soler, escultor murciano con estudio en Madrid. Soler hizo una obra monumental en mármol (2 toneladas y media), que muestra a Agualongo de uniforme, con el rostro serio y una mano en el corazón.
Pero no sólo en Colombia hay dificultades para colocar la estatua. Cuatro concejales del PSOE, partido político actualmente en el poder, votaron en contra de la instalación en honor a Agualongo. Al hecho, por supuesto, le siguieron quejas, exigencias de dimisión y acusaciones de prejuicio racial.
Dice Néstor Saúl Caicedo, de Renacer Hispanoamericano, que “es injusto, desolador y vergonzoso que España esté llena de estatuas dedicadas a personas que lucharon en su contra, y que todas sean de raza blanca. En esta ocasión, cuando se intenta erigir por primera vez una estatua en honor a un mestizo, se rechaza, lo que nos lleva a pensar en posibles connotaciones de racismo implícito”.
Lo cierto es que a día de hoy la estatua sigue en Granada a la espera de su destino final, y que ya cumplidos todos los requerimientos burocráticos solamente tenga que superar el proceso de votaciones. Y es que como dice Ángel Bezal, de Héroes de Cavite, “las cosas de palacio van despacio”.
De todas formas, ha surgido una alternativa y es que la estatua de Agualongo vaya al Parque Oeste de Madrid, donde curiosamente hay una en bronce de Simón Bolívar, inaugurada en 1970. El Ayuntamiento de Madrid ha pedido como justificación que la idea tenga un respaldo político colombiano. La Alcaldía de Pasto, por supuesto, se ha sumado, pero no así el Gobierno Nacional que acaba este 7 de agosto. A ver que pasa luego.
No deja de ser llamativo que Agualongo libre una lucha tan lejos de su tierra y que su figura genere enfrentamientos tantísimos años después. Pero también es llamativo que exista más empeño fuera, que dentro de Pasto para resaltar su papel histórico, al menos de esta manera, con una estatua, como merece.




